Barrera generacional y nuevas tecnologías
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Jueves, 08 Noviembre, 200712:37pm
Barrera generacional y nuevas tecnologías
La industria de la cultura y la comunicación ha experimentado en los últimos años un gran proceso de concentración y expansión que algunas voces críticas han querido ver como una forma de empobrecimiento cultural. En este contexto, ¿pueden contribuir los medios de comunicación a apoyar las propuestas innovadoras y cargadas de sentido sirviendo de filtro de aquellas otras más hueras? Precisamente si hay un ámbito en el que en ningún sentido cabe hablar de “tapón generacional” es en el de las nuevas tecnologías de la comunicación, que no sólo están materialmente dominadas por personas de menos de treinta años sino que también están propiciando la aparición de prácticas discursivas muy novedosas. ¿Se trata sencillamente de un subproducto provisional del avance tecnológico? ¿Se pueden extender estas nuevas formas de cooperación y comunicación al mundo analógico, incorporando así un territorio geográfico y social más amplio? ¿Son prácticas complementarias de otras formas de democratización del acceso a la cultura? Guillermo Zapata, guionista y director de cine, trata de responder a estas cuestiones en el siguiente texto:
La barrera generacional y las nuevas tecnologías: apuntes sobre una reversión perversa
Guillermo Zapata
La barrera generacional se define por un bloqueo, un tapón, un agujero. Un sistema de inclusión y exclusión ligado a un modelo de sociedad que hoy parece totalmente superado. Eso no quiere decir que el “problema” generacional relativo al acceso a los puestos de trabajo en la acción y reproducción del sistema no siga operando en nuestra sociedad de forma activa, aunque profundamente transformada. Por utilizar un símil simplista, si la barrera generacional de los años setenta y ochenta era propia de una sociedad disciplinaria y se organizaba de forma lineal, la barrera generacional en la postmodernidad aparece como un mecanismo de control social y se estructura en forma de red. Opera, por ejemplo, como mecanismo de control inverso. Control de los jóvenes sobre los mayores, del ritmo del trabajo cognitivo, de las capacidades asociadas a la juventud, de la memoria y la experiencia. Ya no se trata sólo de la cuestión de acceder a un puesto de trabajo de responsabilidad de por vida. Ese ecosistema laboral esta muerto. Las nuevas tecnologías ofrecen un panorama mucho más poroso, muy dado a la rápida incorporación de las “nuevas generaciones” a los circuitos de inserción laboral. En lo que sigue, analizaré en primer lugar la dimensión técnica de las nuevas tecnologías para, a continuación, centrarme en la gestión de los contenidos y los imaginarios; por último, haré referencia a la dimensión perversa de la brecha generacional y su aplicación como mecanismo de control social.
La barrera generacional en lo que se refiere a la dimensión técnica de las nuevas tecnologías prácticamente no existe. Al contrario, casi hay una dictadura de “lo juvenil”. La revolución informática ha supuesto un salto cualitativo tan importante que la extensión de dispositivos informáticos en todos los espacios de nuestra sociedad ha generado una brecha que ha “dejado fuera” a las generaciones previas al boom, que ahora tienen que formarse con profesores más jóvenes que ellos.
Aún más, la democratización del uso y el consumo de materiales informáticos ha superado también, al menos en lo que se refiere a nuestro país, las barreras de clase. Los jóvenes acceden, generan y se reapropian de los dispositivos informáticos sin importar demasiado cuál es su grado formativo. No pretendo negar las condiciones de precariedad en la que los profesionales del mundo de la informática desarrollan su trabajo, ni obviar la evidente diferencia entre “usar” una tecnología y “desarrollarla”. Pero el trabajo “técnico” ligado al uso de dispositivos tecnológicos de todo tipo (especialmente ordenadores) no ha surgido de forma uniforme mediante mecanismos formativos al uso, sino que realmente se ha extendido de forma rizomática mientras las ramas del árbol de la experiencia laboral se quedaban sin hojas.
Sin embargo, esa aceleración no se ha detenido y no está tan claro que los jóvenes de hoy puedan mantener el paso tecnológico dentro de diez o quince años. Con las nuevas tecnologías ha surgido un nuevo tipo de brecha generacional: la obsolescencia permanente e ininterrumpida. Es cierto que los jóvenes acceden en este ámbito de forma mucho más directa al mercado de trabajo, pero no lo es menos que el tiempo de vida mercantil útil en materia tecnológica es cada vez menor. Los jóvenes de 28 años pueden encontrarse desfasados antes de cumplir los cuarenta. La formación permanente es uno de los campos de actuación en casi todas las disciplinas productivas postmodernas, pero especialmente en el trabajo cognitivo. De esta forma, la barrera generacional se va actualizando año tras año. No se trata de un problema de edad porque ya no hay un “punto de llegada”, una estabilidad laboral que permita definir un tapón o una barrera que sobrepasar. Al contrario, la barrera surge cada año. De lo que se trata es de producir una versión más joven, más dinámica, más rápida de uno mismo. Un software nuevo a medida que se va envejeciendo.
Ni que decir tiene que los valores asociados a la experiencia y la estabilidad característicos de la antigua economía material, antes que de un mundo dominado por paradigmas comunicativos, también están en profunda crisis. ¿Que experiencia puede resultar útil si la lógica de la modernización y aceleración se basa en un work in progress constante que destruye toda memoria? Cuando hablamos de nuevas tecnologías hablamos de dispositivos, aplicaciones, hardware, etc. Pero también de producción de contenidos, de gestión de los imaginarios, deseos y saberes que entran en juego en la dimensión comunicativa. En este sentido, la barrera generacional es mucho más fuerte, mucho más clara y mucho más directa. Más clásica, por decirlo de alguna manera. El motivo es sencillo: no son necesarios unos conocimientos adquiridos previamente para generar un imaginario. Cualquiera puede hacerlo, sin importar su edad.
A lo que asistimos es un conflicto de imaginarios que se suele resolver a través de mecanismo clásicos de disciplina y jerarquía. La televisión es uno de los espacios donde estas cuestiones aparecen de forma más clara. Puede que las plantillas estén llenas de guionistas, actores y realizadores en torno a la treintena, pero sus deseos, sueños, inquietudes y expresiones estéticas se ven sistemáticamente borradas del espectro cognitivo. Son ellos, pero no son ellos. Son la expresión atada de sí mismos… Aunque la cosa es algo más compleja. Es cierto que la esfera mediática constituye una enorme barrera generacional, pero no lo es menos que la necesidad de construcción de públicos e interacción con ellos lleva a la necesidad permanente de “interpretar lo joven” o “reapropiarse de lo joven”. Los efectos son mixtos, desde la aparición de nuevos formatos inspirados por las expresiones callejeras más singulares a intentos de “resignificación” y “reinterpretación” de esas expresiones en un feedback constante que suele tener como resultado la desnaturalización de las propuestas. El público joven recibe los contenidos no sólo como algo ajeno, sino como un intento por parte de los media de narrarles su propia vida en una clave que les es ajena. Lo más interesante de todo es que ese proceso de resignificación lo tienen que llevar a cabo profesionales que pertenecen a la misma generación que los públicos y que viven de manera mucho más intensa ese proceso de enajenación.
Por otro lado, las nuevas tecnologías también han supuesto un cambio radical en la producción y gestión de los contenidos. La ruptura de la mediación y de la necesidad de un intermediario entre creadores y público ha generado que esa misma generación enajenada dialogue directamente entre sí a través de la blogosfera, las plataformas de proliferación de contenidos, etc. De nuevo, frente a una lógica disciplinaria y de “arriba a abajo” se imponen la proliferación de distintas experiencias en red que llevan a la producción de un fenómeno perverso: la “lucha generacional” ha sido sustituida por un logo, una marca que opera a ambos lados de la brecha generacional, que incluye y excluye sin importar la edad: “lo joven”. Ser joven significa ser flexible, tener altas capacidades relacionales, buena presencia, un aspecto saludable, favorecer comportamientos políticamente correctos, etc. La marca convierte en dispositivo de control social lo que antes era un mecanismo de acceso o de exclusión en materia laboral. Proliferan gimnasios, libros de autoayuda, drogas de inclusión, talleres para mejorar las dotes de comunicación, etc. La puerilización se extiende por las empresas más novedosas que impiden a las mujeres jóvenes tener hijos pero las invitan a jugar al paint-ball o a apuntarse al equipo de baloncesto de la empresa.
El tiempo, sin embargo, es irreversible. La tensión entre el logo, el imaginario público y la dimensión estrictamente física de nuestros cuerpos entra en conflicto permanente. El cansancio, la soledad, las patologías depresivas asociadas a un mundo hiperconectado, vuelven a la generación joven prematuramente vieja: dolores de espalda, problemas de visión, artritis, aumento alarmante de las enfermedades de tipo cognitivo y neuronales… Tras la marca juvenil del salto generacional se esconde un mundo senil.
Tal vez deberíamos empezar a reapropiarnos de nuestro propio tiempo si no queremos quedar permanentemente obsoletos. Luchar contra la barrera generacional no es ahora tarea exclusiva de los jóvenes, sino de todos los afectados por sus mecanismos de control. Recuperar el propio tiempo, auto-organizar nuestras capacidades comunicativas y cooperativas de forma no alienada. Recuperar nuestras narraciones y, por tanto, nuestra memoria y nuestra capacidad de proyección futura, es decir, de proyecto, es posible en el campo de las nuevas tecnologías. El lado perverso lo es (y lo será más) mientras no podamos narrar nuestra propia historia. Reconstruir, rehacer. La red permite vehículos expresivos muy fuertes y formas de autoorganización del trabajo y de nuestra singularidad completamente inéditas. Reapropiarnos de las herramientas. Convertirnos en el medio. Quizás entonces la cuestión generacional sea un problema menor, si hemos trazado las líneas de conexión entre las distintas generaciones y hemos reconocido nuestros problemas comunes.





Noviembre 16th, 2007 11:13
Echo de menos en este artículo una mayor consideración de las muy diferentes formas de trabajo tecnológico y/o intelectual. No parece que se parezca en nada ser teleoperador que diseñador de webs, aunque en ambos casos se trabaje con ordenadores. Me da la impresión de que lo primero conserva casi todas las características del trabajo industrial tradicional, y de que se utilizan los argumentos “generacionales” (la asociación de las nuevas tecnologías con valores supuestamente “juveniles”) para ocultar este hecho.
Noviembre 16th, 2007 19:59
me ha gustado mucho este texto. Pero hay una cuestión que no termino de ver clara: cuando habla del trabajo en tv, en el que los jóvenes se ven obligados a dejar a un lado sus sueños, deseos e inquietudes, yo me pregunto si el autor no estará siendo optimista: me temo que los sueños, deseos e inquietudes que transmiten los programas diseñados para el público joven (y que, según el autor, resignifican y reinterpretan experiencias “auténticas” desnaturalizándolas) son expresión real (o quizá horma: esa sería otra discusión) de los deseos, sueños e inquietudes de la gran mayoría de jóvenes. Es triste reconocerse minoría, pero no podemos olvidar que los jóvenes (en sentido amplio) en este país son la primera generación realmente consumista, con toda la perversión radical que ello comporta y que tan bien supo ver Pasolini.
Noviembre 20th, 2007 11:48
Me ha parecido muy agudo el comentario de Ana. En efecto, la idea de la juventud como un exótico contenedor temporal de rupturas radicales y vendavales de frescura es absurda, en especial desde que “juventud” ha pasado a designar un segmento de edad disparatadamente amplio. En realidad, la mayoría de los jóvenes parecen sentirse bastante cómodos en un entorno intelectual de mesas camilla, tapetes de ganchillo y chistes de gangosos (eso sí, adornado aquí y allá con unos cuantos gadgets hi-tech).
Noviembre 27th, 2007 16:38
Hola amigos,
Lejos de una reflexión sobre el trabajo de nuestro amigo, una crítica a la sintaxis o al significado ideosincrático, o un recreamiento en la crítica de la crítica (otra tendencia muy habitual entre el “progresismo” actual) pienso que debemos aportar reflexiones que anticipen nuestras charlas.
En mi opinión debemos abrir una brecha en cuanto a lo social y lo individual:
- en la capacitación del público (educación)
- las tendencias estéticas
- la tecnología como medio de aproximación y no de distorsión. y en el caso de la distorsión, cómo evitarla o formar a la gente para reconocerla (aunque este seria otro debate más amplio).
En fin ahi les dejo unas ideas.