En este sentido, las raíces históricas del net.art se remontan a unas décadas antes de la popularización de las redes telemáticas. Las primeras intuiciones de una producción cultural distribuida, en red, las podemos encontrar en las nociones de «red eterna» y «creación permanente» de Robert Filliou
2, en la década de los sesenta. Por supuesto, Filliou no pensaba en una red «telemática»; simplemente, planteaba una idea de un ámbito de producción cultural en el que las narrativas lineales de la Historia del Arte ya no servían: cada artista en este ámbito se vería como el nodo central de una red de nodos representados por otros artistas. Ninguno puede llegar a conocer a todos los demás, pero tampoco puede pretender estar más «avanzado» que otro: no son los artistas, sino la «red eterna» la que avanza y se desarrolla.
Un tipo de práctica artística contemporánea de Filliou que materializaba esta noción era el arte postal. Iniciado por la, en un principio, informal correspondencia del artista norteamericano Ray Johnson con una serie de artistas cercanos, el
mail art se basaba en el intercambio y aportación sucesiva de piezas artísticas a través de una comunicación epistolar. En este sentido, se podría considerar uno de los primeros casos de lo que hoy en día llamamos
media art, una forma de arte que se basa conceptual y estructuralmente en su medio de transmisión. En efecto, la resolución formal del arte postal no reside en las cualidades de las piezas individuales sino, precisamente, en la estética del proceso de comunicación establecido entre los artistas. Por eso mismo, estamos hablando de una práctica que se ha resistido (y sigue haciéndolo) a la inclusión en los circuitos expositivos tradicionales: no es posible «ver» un proceso de comunicación sin participar en él
3.
Ahora bien, es importante apuntar que esta búsqueda de raíces en ciertas prácticas de la década de los sesenta no significa remontarse a una era remota desde el punto de vista de las redes telemáticas: ARPANET, un complejo sistema militar de comunicación digital en red, precursor de la actual Internet, se había puesto en marcha en 1968
4.
2 Robert Filliou, L’art est ce qui rend la vie plus intéressante que l’art / El arte es lo que hace la vida más interesante que el arte, Québéc, Inter, 2003, p. 32.
3 Es cierto que existen «exposiciones» de arte postal, pero no constituyen sino una solución a medias al problema de la recepción «desde fuera» de este tipo de arte. Generalmente, se trata de exposiciones que siguen al pie de la letra, y con resultados habitualmente poco satisfactorios, el modelo del ambicioso proyecto «Omaha Flow Systems» que comisarió el artista Ken Friedman en 1972. Friedman optó por lanzar una convocatoria y «concentrar» el flujo de comunicación de la red de arte postal en un punto concreto, una sala de exposición, en la que el público podía ver una suerte de «instantánea» de algo que, en rigor, estaba fuera del alcance del tipo de recepción que se da en las salas de un museo. Lo notable de este problema es que es idéntico al que genera la difícil relación entre el net.art actual, las instituciones culturales y los circuitos expositivos.
4 La gran aportación de esta red al complejo militar es precisamente su estructura descentralizada, lo que garantizaba que, fuera cual fuera el impacto de un potencial ataque nuclear, y aunque sólo quedaran dos bases militares en funcionamiento, seguirían en comunicación. La red que Filliou, los artistas postales y Ken Friedman estaban intuyendo y llevando al ámbito de la producción cultural ya existía de forma tangible, si bien nadie fuera de las Fuerzas Armadas tuvo acceso directo a ella hasta bien entrada la década de los setenta.