Sebastián Álvaro. Hacerle compañía al viento

Sebastián Álvaro es periodista, escritor y, principalmente, aventurero. Durante más de veinte años dirigió Al filo de lo imposible, un novedoso formato de documental televisivo, que supuso todo un hito en el medio (con audiencias de hasta doce millones de espectadores) y derivó en una reflexión sobre los límites de las posibilidades del hombre y sobre su vínculo con la naturaleza. En palabras del propio Álvaro, se trataba de un proyecto sustentado sobre “una visión romántica del paisaje”, cuyo objetivo esencial no era únicamente conquistar montañas sino entender nuestro planeta.

Dentro del ciclo Los lunes, al Círculo —que reúne conferencias, debates y otras actividades que amplian los temas propuestos en nuestras exposiciones—, Sebastián Álvaro participó con una charla titulada En los confines de la Tierra. En ella, tomó en consideración lo que supuso la aparición del cinematógrafo en la narración de historias documentales desde los lugares más inaccesibles de la Tierra y cómo esas historias han pasado a formar parte de nuestro patrimonio sentimental y emocional.

La ponencia de Álvaro venía a enriquecer la propuesta temática de la exposición Albert Kahn. Los Archivos del Planeta, que alberga la sala Picasso del Círculo de Bellas Artes hasta el próximo 21 de enero. Se trata de una muestra que visibiliza el archivo fotográfico del banquero judío y destacado filántropo, cuya voluntad era que su archivo —integrado por más de 72.000 placas autocromas, 4.000 placas estereoscópicas y 200.000 metros de película cinematográfica en 35mm— se convirtiese en un auténtico atlas icónico de la humanidad.

Previamente a la participación de Sebastián Álvaro en Los lunes, tuvimos la oportunidad de charlar con él y realizarle algunas preguntas. Entre otros temas, nos habló del poder simbólico de la montaña, del papel de la mujer en el ámbito de la aventura, de la hazaña de haber liderado más de 200 expediciones, de la atracción del hombre hacia el hielo o de lo que entraña, en las alturas, hacerle compañía al viento.

La vida es ciencia

En el colegio a menudo le preguntan ¿Por qué te llamas Berenice? Y ella siempre responde “Porque me gusta”. La relación entre su nombre y la afición por la astronomía de su padre es algo que prefiere mantener en secreto, de momento. Algún día se animará a contarlo, porque el amor entre ellos dos es una ciencia sin muros.

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Las clases de gym-jazz son todo un reto para ella. No por el cansancio, sino por la sensación de estar todo el rato aprendiendo física con el cuerpo: saltos, contorsiones, bailes, ondeando su larga cabellera con cada movimiento. Una auténtica física de malabares la que realiza con su hermana en el centro cultural del barrio dos veces por semana. A la salida, agua y alimentación, porque la física ilumina pero las tripas rugen. De camino a casa, un océano de aire a su disposición para improvisar un taller de jabones con los botes de pompas que les ha traído su madre.

Por la noche, antes de dormir, a Berenice le gusta observar los planetas que cuelgan de su lámpara. De noche todo cambia, y sobre todo cómo percibimos la realidad. Al apagar la luz, las esferitas brillan el tiempo suficiente como para quedarse dormida mirándolas. Es como si le dijeran ven, atrapa la luz antes de que se desvanezca. Mientras, las pinturas del pasillo parecen cuadros enigmáticos envueltos en sombras.

A la mañana siguiente, las primeras luces del día se cuelan por las rendijas de su persiana. Los juguetes, aquí y allá, golpeados por los rayos toman un aspecto extraño, como de artes mágicas. Buenos días, desayunos, bañera, ropa puesta del revés, achuchones, lo normal cada mañana, un CSI en colores. De boca a boca y beso porque me toca. Del fondo de su vaso surgen burbujitas que se arraciman en la superficie de su colacao. Ella se imagina una civilización de diminutos seres de colores viviendo en esas burbujas, con sus casitas, sus coles, sus parques y sus niños haciendo burbujitas en sus vasos de desayuno soplando por diminutas pajitas, que a su vez generan otros mundos más pequeños aún. Todo un viaje al nanomundo.

Berenice se fija en la multitud de cosas necesarias para cuidar de ella y sus hermanos: radiadores, bombillas, agua caliente, secadores de pelo… ¿Cómo puede haber eficiencia energética con tanto dispendio? Ya hubo otros que inventaron esos aparatos, ahora os toca a vosotros hacer que consuman poco, les dice su madre con su libro de diseño e impresión 3D bajo el brazo. Mientras el más pequeño frunce el ceño para tratar de averiguar qué ha querido decir mamá, papá le guiña un ojo desde la puerta y le dice sonriendo ven a ingeniar el futuro.

Suena el timbre y salen a recreo. Berenice saca un par de mandarinas de la ricas de su mochila y decide compartirlas con su mejor amiga número uno y su mejor amiga número dos. Somos tres… hay catorce gajos… esto son matemáticas que se tocan. Somos dos hermanas, tu portal es el 37, once años cumples en mayo, números primos a tu alrededor durante todo el día.

De la cocina sale un delicioso aroma a algo dulce difícil de determinar. Un poco más de concentración y deberes terminados. Veamos esos reflejos, ponte a prueba… ¡Con un par de videojuegos! La tarta aparece en el salón. Por favor, no tocar, aún quema. Esta tarde va a ser genial.

Un cuento antes de dormir: “Érase una vez… Arduino en el planeta robótico Cubic_3”. Berenice se queda dormida, hoy con la luz encendida y el libro abierto sobre el pecho, soñando con su excursión al Círculo de Bellas Artes para asistir a la feria científica Con Ciencia en la Escuela. Porque la vida es ciencia y los sueños ciencia son.


 

(Las negritas de este texto hacen referencia a los nombres de los proyectos que se desarrollarán los días 9 y 10 de marzo en la VI Edición Con Ciencia en la Escuela. Más información en http://www.circulobellasartes.com/humanidades/vi-edicion-ciencia-escuela/)

ciencia desde la escuela

22 de diciembre. Hasta esa fecha los colegios pueden presentar sus proyectos para la sexta edición de “Con Ciencia en la Escuela”, que se celebrará en el Círculo de Bellas Artes en marzo de 2016.

Estas jornadas, que organizan el CBA y FUHEM, y que cuentan con la colaboración de la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT) y la Editorial SM, tienen el propósito principal de acercar la ciencia a los ciudadanos de la forma más atractiva y participativa posible. Para ello se necesita la complicidad de los centro educativos (de enseñanza pública, privada o concertada; de primaria, secundaria, bachillerato, formación profesional….). Los proyectos que los centros y sus alumnos presenten en esta edición, deberán abordar aspectos interdisciplinares entre diversas manifestaciones artísticas y científicas.

El éxito de las cinco ediciones precedentes, nos hacen seguir apostando por una iniciativa que protagonizan aquellos que se acercan a la ciencia con menos prejuicios y más capacidad inventiva: los niños.

“Con Ciencia en la Escuela” se celebrará los días 9 y 10 de marzo. Será el momento de dejar boquiabierto a todo aquel que venga al Círculo y se quiera dejar seducir por los proyectos seleccionados.

Las bases para la participación, se pueden consultar aquí.