El CBA publica la 2ª edición de «Cuando las imágenes tocan lo real»

El Círculo de Bellas Artes, a través de su departamento de ediciones, acaba de publicar la segunda edición de Cuando las imágenes tocan lo real, libro prologado por Alberto Santamaría que incluye textos de Georges Didi- Huberman, Clément Chéroux y Javier Arnaldo. Los tres ensayos nos aproximan desde distintos ángulos al diálogo y la reflexión que se producen en el mismo momento en el que posamos nuestros ojos sobre una imagen, de la misma manera que nos explican cómo la fotografía ha modificado esa relación con el mundo real.

En Cuando las imágenes tocan lo real se recogen tres de las ocho ponencias que completaron el curso homónimo, dirigido por Didi-Huberman en 2007. Su intención era −como apunta Alberto Santamaría en el prólogo decargable El lugar donde la ceniza no se ha enfriado. La imagen en conflicto− «descifrar el modo a través del cual las imágenes son presente sin estar «en presente», hallar el punto de conexión entre palabra e imagen, el lugar en el que ambas entran en conflicto y comienzan a producir pensamiento».

Se trata de reflexionar , desde una perspectiva dialéctica, para buscar los nexos entre la imagen y lo real. Escribía entonces Huberman en el ensayo que da título al libro, que la crítica de imágenes oscilaba «entre una confianza excesiva en esta relación (por ejemplo cuando Barthes considera la fotografía bajo el ángulo fenomenológico del «esto-ha-sido») y un recelo excesivo hacia las consecuencias de su manipulación (por ejemplo, cuando en una fotografía no vemos sino una ilusión, una mentira producida por la sociedad del espectáculo)». Años después, con la proliferación actual de imágenes y vídeos manipulados es un libro que no ha perdido ninguna actualidad.

Alberto Santamaría recoge en el prólogo cómo Clément Chérou se refiere al momento en el que el archivo fotográfico se dispone como herramienta de poder, «canalizando así formas predeterminadas de construir un relato.» Algo que trasluce su ensayo ¿Qué hemos visto del 11S? en el que no solo la mayoría de imágenes que circularon eran del mismo archivo sino que además, se estableció una lectura secundaria en la que se ponían a dialogar las imágenes de este atentado con el ataque a Pearl Harbor. «Se trata de espacios visuales y narrativos de legitimación del conflicto, así como tutoriales de heroicidad. Pearl Harbor y el 11-S, puestas sus imágenes a funcionar en común, se ofrecen como lugares desde los cuales generar un discurso del poder capaz de legitimar una forma de ver y de sentir».

También hace mención Santamaría al ensayo Himno e hipnosis. Imágenes de Kandinsky de Javier Arnaldo, «que parte de una fotografía de Wassily Kandisnky tomada en 1897 para analizar el momento de surgimiento de una pintura, aún en proyecto, que mira hacia otro espacio, que concibe lo real desde otros parámetros, que se compromete con una realidad más allá de lo meramente dado y establecido».

Sin duda un interesante libro que te recomendamos.

Descárgate gratuitamente el prólogo de Alberto Santamaría: El lugar donde la ceniza no se ha enfriado. La imagen en conflicto.

 

Federico Fellini: 100 años

Un 20 de enero de 1920, hace hoy mismo 100 años, nacía en Rímini Federico Fellini, uno de los pocos cineastas que puede presumir, como apuntaba recientemente El País, de que en el diccionario de la Academia della Crusca (la RAE italiana), aparezca el concepto felliniano para referirse a todo lo relacionado con él y su obra, a sus imitadores y a una atmósfera grotesca, surrealista y onírica. Es un reconocimiento que se ha ganado a pulso porque como su compañero Ettore Scola aseguró hace ya unos años en una entrevista:  «Fellini es un caso aparte. Sus películas, con su imaginación y su dimensión onírica, no encajan ni en la definición del realismo ni en la de lo mágico. Son una categoría en sí mismas, son lo felliniano.»

Carlos Prieto el artículo La realidad como engorro ratificaba con estas palabras la originalidad que Scola atribuía a Fellini.

Dado su gusto por vapulear la realidad en sus películas, sorprende recordar que Federico Fellini aprendió el oficio con los padres del neorrealismo: suyos fueron los guiones de dos monumentos rossellinianos al cine realista: Roma, ciudad abierta (1945) y Paisà (1946). La realidad pura y dura le traía un poco sin cuidado a Fellini, uno de esos raros casos de italiano al que le aburre mortalmente discutir de política. Lo suyo era, en definitiva, otra cosa: el neorrealismo no acababa de morir, la posmodernidad no acababa de nacer… y entre medias llegó Fellini, rodó Ocho y medio (1963) y abrazó el esoterismo, la terapia y el LSD. Literalmente.

 

La muerte es el final, pero en ocasiones puede ser el principio, y por eso celebramos el centenario de su nacimiento con este post que también intenta animar al neófito en el conocimiento de la cinematografía felliniana. Dejamos constancia de la importancia de este cineasta, no solo en la historia del cine, sino en el de las artes y la cultura en general. Solo con el dato del diccionario, nos podemos hacer a la idea de la impronta que ha dejado en Italia. ¿Para cuándo el término berlanguiano o buñuelesco en la RAE?

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Agentes forestales, la policía del medioambiente

La Asociación Española de Agentes Forestales y Medioambientales (AEAFMA) se reunió recientemente con motivo de la presentación en el Cine Estudio del Círculo de Bellas Artes de una serie de vídeos en el que se muestra el trabajo que realizan los más de 6.000 agentes que cuidan y protegen nuestro entorno natural. Alberto Esteban, presidente de esta asociación, que lucha porque se equipare su estatus con las demás Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y que pretende que se les reconozca como «policías medioambientales», nos atendió para contarnos en qué consiste su trabajo, que siempre va ligado a la defensa del medioambiente y que muchas veces pasa desapercibido frente a otros cuerpos como el SEPRONA, la UME o los bomberos. Esta entrevista se engloba dentro de #CírculoPorElClima, iniciativa que lanzamos coincidiendo con la celebración de la Cumbre por el Clima en Madrid, por la que haremos de altavoz de todas las actividades y citas ecologistas que albergamos cada año.

¿Por qué estos vídeos?
Intentamos visibilizar una profesión que, como otras muchas, están invisibilizadas y más en un momento en el que deberíamos estar “en la cresta de la ola” ante todos los problemas medioambientales por el clima y los recursos naturales, que se reflejan en los programas políticos o que también hemos visto en la Cumbre por el Medioambiente.

¿Qué es un agente medioambiental?
Los agentes medioambientales somos los antiguos guardas forestales, que la gente conoce en sus pueblos y territorios. Somos los ojos de la flora, la fauna, los que vemos si las aguas, las tierras o el aire están contaminados, etc. No solo nos movilizamos cuando existe un problema, como la reciente contaminación del río Besòs; también somos una herramienta educativa y preventiva que supervisa licencias, tratamientos de residuos, construcciones ilegales, persigue a furtivos…

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Bajo un árbol de enebro

Un alma cosida al corazón de un pájaro. La cineasta, escritora y profesora estadounidense Nietzchka Keene (1952–2004), especialista en lengua escandinava medieval, debutó en la dirección con esta adaptación del cuento de los hermanos Grimm The juniper tree. Se trata de una historia delimitada en el medievo, filmada en blanco y negro, y palpitante de mitos, tradiciones, mujeres y magia.

El Cine Estudio acogió recientemente la proyección de esta cinta, restaurada en 4K y protagonizada por una joven Björk. Además, en la sesión del 7 de diciembre, tuvo lugar un cinefórum bajo el título Los rituales y la magia en Cuando fuimos brujas. En él, participaron dos mujeres brillantes: Sére Skuld, cantante, música, bruja caota y artesana, y Claudia Rodríguez Ponga, escritora y comisaria de exposiciones.

En el siguiente formulario, hemos propuesto a ambas continuar la senda emprendida y ahondar en las capas de significados de esta profunda película, poniendo el foco en la brujería y los rituales mágicos, así como seguir sus huellas a lo largo de su representación histórica y artística. Y aquí está el resultado.

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La batalla perdida contra las fake news

Madrid Piensa es una nueva propuesta que, desde el ámbito universitario, trata de profundizar filosófica y reflexivamente en torno a algunos de los temas más actuales en nuestra sociedad. Fake news. ¿Por qué creemos en las mentiras? fue la primera de estas interesantes citas –escúchalo íntegro en el podcast al pie de página–. Y quizás ahí mismo comienza el debate, en el mismo enunciado de la conferencia. Por una parte hablar de noticias falsas –fake news–, ¿no es en sí una contradicción? ¿no es contraproducente para el periodismo?

Las noticias en el lenguaje periodístico al que nos referimos, son informaciones en las que hay un tratamiento de un hecho, interpretado, contrastado, redactado y difundido. Creo que la mayoría de las personas identifican las noticias como periodísticas y, si se le añade el «falsas», puede dar a entender que los periodistas son los que generan esas noticias falsas. El debate es profundo porque sí que ha habido informaciones publicadas en grandes medios oficiales que resultaron falsas, algo que después los ha obligado a retractarse. El problema reside hoy en que la difusión de esa falsedad se viraliza a la velocidad de la luz y retractarse después no revierte el daño. Además, y aquí está el principal problema para los medios de comunicación, ellos ya no tienen la exclusividad de la información y han contribuido a extender la idea de que mienten a través de la difusión de bulos sin contrastar, así como difuminando la barrera entre opinión e información, y dando pie a que cualquiera pueda «informar», una vez que ya no se es fiel a lo que implicaba hacerlo. Preguntado por las fake news Noam Chomsky decía que «la desilusión con las estructuras institucionales ha conducido a un punto donde la gente ya no cree en los hechos». Y esto nos lleva a una reflexión sobre las fake news de Slavoj Žižek en la revista Minerva:

Chomsky tiene razón, pero no es que antes las noticias no fueran falsas, sino que estaban institucionalizadas. Tenías un espacio oficial, que por supuesto estaba lleno de mentiras en las que podías confiar. Es importante observar el tránsito del pasado al lugar donde estamos ahora, porque no se trata simplemente de que antes hubiera noticias verdaderas y hoy falsas, lo que ha cambiado es que ahora todo el mundo puede hacer fake news y el Estado ha perdido el control.

Juan Antonio Valor, decano de la Facultad de Filosofía de la Universidad Complutense y moderador de este debate, se preguntaba si no había dejado de tener sentido seguir hablando de verdad. Sinceramente, creo que es una pregunta que se puede ubicar en cualquier momento de la Historia. ¿Ha existido realmente la verdad en algún momento, al menos representada en nuestra mente? Los hechos para un posmoderno nunca serían verdaderos sino que forman parte de proyectos. «A Trump no se le puede rebatir con hechos sino con proyectos», apunta el decano. Es interesante observar que algunos filósofos posmodernos afirmen que la verdad no existe. «He leído varios libros sobre fake news y resulta paradójico –recoge el guante Lucía Méndez, periodista de El Mundo– que muchos destaquen esa afirmación de estos filósofos posmodernos que, siendo de izquierdas, han sido precisamente los causantes de la irrupción de políticos como Trump & Co.»

Llegados a este momento, desde mi punto de vista, es interesante destacar que aunque la verdad no exista como afirman estos, sí que puedes ofrecer distintas aproximaciones a ella que al menos tengan un tratamiento profesional de la cosa. Me refiero con esto a que lo interpretado en una información, mencionado anteriormente, puede diferir entre periodistas ante un mismo hecho. Ninguna información es objetiva, siempre hay una subjetividad, incluso desde un intento de imparcialidad. Pero no es lo mismo ofrecer esa subjetividad con un contraste, una comprobación, una revisión… que lanzar una mentira o una falsedad porque sí. Por eso el periodismo debería reforzar ese muro destruído hace tiempo entre la noticia interpretada, pero tratada con rigor y profesionalidad,  y la mentira difundida deliberadamente con una intencionalidad. Lucía Méndez sí hace bien en destacar la importancia de una noticia que rezumen hechos con cierta verdad. «Se dice que la verdad no vale para nada, pero en España el PP perdió unas elecciones por mentir con respecto a una guerra o a un atentado terrorista».

Me surgen varias preguntas sobre las mentiras y las verdades: ¿tienen siempre una intencionalidad? ¿cuál es más “lícita”? Pero la periodista de El Mundo me responde sin saberlo cuando trae a colación una frase de la miniserie La voz más alta: «La gente no quiere estar informada, quiere sentirse informada». Y resuenan en mí de nuevo unas palabras de Slavoj Žižek:

Creo que este es el gran problema político: conocer los datos. Muchos izquierdistas tienen esta idea de que los datos te llevarán a la verdad y de ahí a la acción, piensan que dar a conocer los datos funciona. ¡No! Una cosa es lo que sabemos y otra cosa en lo que creemos. Es como lo que me comentó un amigo israelí; resulta que Israel es uno de los Estados más ateos del mundo, más de la mitad de la población es no creyente. Mi amigo me dijo irónicamente «no creemos en Dios pero, sin embargo, creemos que Dios nos dio esta tierra». Así es como funciona la ideología.

Marc Amorós, periodista y autor del libro Fake News. La verdad de las mentiras falsas, destaca el funcionamiento de estas: «Tras estas noticias falsas hay varios puntos interesantes que debemos saber: hay un intento por cambiar marcos mentales, que pensemos en que hay soluciones simples para temas complejos y también una intencionalidad ideológica; por otra parte, se aprovechan de nuestro sesgo para confirmar noticias porque vivimos en una burbuja en la que las personas a las que seguimos y que nos siguen piensan como nosotros, una burbuja en la que creemos estar muy informados cuando realmente no lo estamos; y, por último, se aprovechan de nuestra fe, de nuestras convicciones firmes».

Esos marcos mentales que nos quieren moldear tienen mucho que ver con algo que decía en muchas ocasiones Juan Barja, el anterior director del Círculo de Bellas Artes, cuando hablaba de la «perversidad de las palabras» para referirse por ejemplo, a cómo se percibía negativamente en la sociedad la palabra «subvención» y cómo esta se asociaba a actividades culturales, mientras que para otros sectores productivos se utilizan otras expresiones como «incentivos», «apoyos», «ayudas», «protecciones» o «fondos en la defensa de…». Las palabras utilizadas y generalizadas en los medios, en los hashtags, etc, deforman el imaginario colectivo y con ello esos marcos mentales en los que llegan los llamados blanqueamientos y en los que las palabras pierden su sentido originario para tener otro acorde con ese marco. Ocurre con la inmigración, que algunos tratan de asociar directamente con la delincuencia, o al feminismo, que se trata de asociar a radicalidad o lo opuesto al machismo, cuando simplemente reivindica la igualdad real entre hombres y mujeres. Iñaki Gabilondo decía recientemente en una conferencia sobre lo poético en María Zambrano, que la historia de las palabras es la historia de las cosas dichas y de las que sigamos diciendo:

«La perversión del lenguaje es la perversión de la vida de las palabras y por eso hay que cuidar desde todos los ámbitos y desde las universidades palabras como: igualdad, justicia, libertad, fraternidad… en el corazón de esas palabras laten historias de vida que debemos luchar por preservar. Al pervertir esas palabras, pervertimos los conceptos y la vida. Que cuando hablemos de fraternidad, no suene solo a campanas de iglesia; que si hablamos de igualdad entre hombres y mujeres, no hablemos de homogeneidad, ni uniformidad, ni eliminación de diferencias o singularidades, solo hablamos de la diferencia sin diferencia de derechos… Otra palabra pervertida es la «libertad» apropiada por quienes consideran que la libertad es solamente resquicio de una decisión individual para que uno haga lo que quiere, lo que le viene bien, lo que le gusta… La libertad implica igualdad de oportunidades y de condiciones, no es la individualidad que anula lo común y los espacios e intereses de la comunidad».

Volviendo a las afirmaciones de Amorós, llama la atención la dificultad para, primero, aceptar las opiniones de otros que confrontan lo que decimos, y, segundo, debatir con educación. Queremos tener razón por encima de todas las cosas sin llegar a razonar. ¿Cuántas veces se zanja algo con un «zasca» o con la necesidad de tirar de muletilla en plan: esa es la superioridad moral de la izquierda o eso es cosa de los fachas de derechas? No nos damos cuenta de que es muy complicado luchar contra lo que uno cree, por eso se refuerzan esas convicciones para polarizarnos. ¿Puede hoy uno de derechas declararse ecologista sin que lo linchen? ¿O alguien de izquierdas, por ejemplo, puede ser partidario de opinar que duda de la eliminación de la energía nuclear sin que lo tachen de vendido?

Fernando Broncano, catedrático de Lógica y Filosofía de la Ciencia en la Universidad Carlos III de Madrid, suscribe las palabras de Amorós y añade que «Trump hace clickbait continuamente; la atención es hoy la principal fuente de riqueza, no la información», además de que hay una auténtica industria que produce y amplia esos mensajes que tratan de llamar la atención y plagar un determinado tema de de material accesorio y ambiguo alrededor. Algo que refuerza lo que decía Zizek anteriormente, una cosa es lo que sabemos y otra lo que creemos.

Finalmente Ignacio Pajón, profesor de Filosofía Antigua de la Facultad de Filosofía y cofundador de Ediciones Agapea rebatió a todos los que hoy se declaran escépticos de algo, que suelen ser esos que se dicen librepensadores. «Todos los negacionistas del medioambiente dicen que son “escépticos del mismo” y eso no es ser escépticos». Por otra parte, planteó una interesante pregunta: «¿Se puede hacer dudar a quien no quiere dudar?»

Tras mucho darle vueltas al tema, creo que la crisis del periodismo es real en cuanto que la profesión misma se ha labrado una mala reputación en los últimos tiempos, sin embargo, este debate sirve para plantearse si no daría lo mismo en estos nuevos tiempos en los que los ciudadanos caminamos con las ojeras de un caballo de carreras y solo tenemos foco en la pantalla de un móvil para leer los tuits, los whatsapp, etc con las informaciones que más se acomodan a nuestro escaso tiempo y, como seres acomodaticios, no buscamos el debatir, el contrastar, el encontrar la verdad mejor argumentada, sino fingir que estamos bien informados dando la razón sin más a los que consideramos que apoyan nuestras creencias. Quizás no dependa del compromiso de los medios, ni de las universidades, ni siquiera de los políticos, sino de una conciencia del propio ciudadano. Hoy la gente vota y habla a partir de los sentimientos y poco le importan las razones ni los hechos. ¿Cómo puede uno desde la razón transmitir un mensaje que llegue al sentimiento sin que se le tache de ser superior moralmente y por consiguiente rechazarlo? ¿Cómo conseguimos apartarnos de la mala imagen del empollón en la escuela? Realmente es complicado permanecer en silencio, callar, escuchar, otorgar la razón y pensar, en un mundo actual en el que nos han vendido que nuestra opinión cuenta mucho, incluso aunque no tengamos ni pajolera idea de lo que hablamos; un mundo en el que nos ofrecen redes sociales y nos dicen que siempre hay alguien que nos “escucha” y que comparte nuestras inquietudes; un mundo en el que los referentes pseudointelectuales se mueven en unos términos en los que no se dialoga sino que la cosa va de ser más o menos mordaz, de levantar más o menos la voz, de dar supuestos “zascas”, de ser muy retuiteado y viralizado… Creo que algunas soluciones podrían venir desde el reforzamiento de una educación más humanística y cultural en las escuelas, a que tratemos de ensalzar más desde todos los lugares posibles a los buenos científicos o filósofos antes que a los futbolistas, a no identificar los problemas del mundo con soluciones que pasen por supuestos héroes mediáticos que proponen soluciones simples a grandes complejidades, a semejanza de los superhéroes de los cómics… Es tiempo de luchar por recuperar el sentido de la razón, no por la razón en sí misma, sino por el hecho de darle a la materia gris para aproximarse a ella. Vamos, una batalla perdida con estos mimbres.

Sin duda, un interesante comienzo este de #MadridPiensa. Esperamos ansiosos al siguiente debate.

Aquí puedes escuchar el debate completo:

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Palabras que anticipen hechos

Por Sofía García.

Se acaba de inaugurar en Madrid (bajo la presidencia de Chile) la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático de 2019, nombre resumido en la poco atractiva abreviatura de COP25, que nada dice. En ella participan 50 jefes de Estado o de gobierno y representantes de los principales organismos internacionales.
Esta cumbre tiene un lema que la cobija: «Tiempo de actuar». Y es que, efectivamente, el tiempo de las palabras y los discursos debería dar paso cuanto antes al tiempo de los hechos y la acción. Análisis y debates nos han proporcionado la información necesaria para calibrar bien el problema. A golpe de estudios, el diagnóstico es rotundo y ofrece poco margen a la duda; un margen tan estrecho en el que ni siquiera caben ya los negacionistas.
En el Círculo de Bellas Artes hemos escuchado en los últimos años algunas de las voces más importantes y comprometidas a nivel mundial en materia ecologista. Recogemos en este artículo cuatro de esas voces: Naomi Klein, Vandana Shiva, McKenzie Wark y David Watson. Para poner fin al «tiempo de las palabras», nada mejor que escucharlos a ellos.

La periodista, escritora y activista Naomi Klein, pronunció la conferencia, El capitalismo contra el clima. Klein sostiene que el cambio climático es una alerta que nos obliga a replantearnos nuestro actual modelo económico, ya fracasado en muchos aspectos, y defiende que la reducción masiva de emisiones de gases de efecto invernadero es la única oportunidad de acortar las enormes desigualdades económicas, replantear nuestras democracias fracturadas y reconstruir las economías locales.

Una agricultura a pequeña escala con especial protagonismo para las mujeres, puede convertirse en un agente de especial importancia para la renovación ecológica. Ésta es la interesante teoría que expuso Vandana Shiva en el Círculo de Bellas Artes. Frente a la agricultura industrial, responsable del 75% de la destrucción ecológica, Shiva, una de las más prestigiosas ecologistas, feministas y filósofas de la ciencia, apuesta por los pequeños agricultores, especialmente mujeres, que promuevan el rejuvenecimiento de las áreas rurales, la justicia social y la dignidad del trabajo, al tiempo contribuyan de forma importante a frenar el cambio climático.

Civilización, tecnología y barbarie fue el título de la conferencia de David Watson, enmarcada en las clases abierta de la Escuela SUR. En esta charla, el escritor norteamericano expuso la ideas principales de su libro En el camino a ninguna parte. Civilización, tecnología y barbarie, recientemente publicado, en el que advierte sobre los impactos del desarrollo tecnológico en las sociedades humanas, el medioambiente y las culturas de los pueblos primitivos.

Recogemos, por último, la conferencia del escritor australiano McKenzie Wark, Catedrático de estudios culturales y medios de comunicación, que reflexionó sobre el rol de la amenaza climática en la etapa actual. En su planteamiento sobre el cambio climático, Wark compara las grandes empresas de tecnologías que dominan el mundo con conductores ebrios. A su juicio, este conductor avanza temeraria y rápidamente hacia el abismo, incapaz de leer las señales de alerta del cambio climático ni tampoco otras luces de emergencia. En esta metáfora que elabora, todos nosotros somos pasajeros de este vehículo desbocado.

Periódicos, emisoras de radio, canales de televisión y artículos en internet, nos siguen reflejando datos, estadísticas, estudios y reportajes que ofrecen un panorama desolador a corto plazo. Los acuerdos que lleguen tras las diferentes cumbres, no pueden ser considerados a estas alturas buenas noticias. La buena noticia vendrá cuando se anuncie la entrada en vigor de medidas valientes e inminentes.

Foto principal: Catálogo Mar de afuera de Manuel Vilariño.

Ángel Gabilondo, la palabra y el decir poético en María Zambrano

Si bien hace algunas semanas pudimos escuchar en los #LunesAlCírculo a Nuria Sánchez Madrid hablar sobre lo político en Zambrano, ahora nos tocaba conocer más sobre lo poético. Algo de lo que se encargó el maestro de filosofía y político Ángel Gabilondo, que pronunció Conciertos y desconciertos del decir poético en relación a la exposición María Zambrano y el método de los claros: Cuaderno de notas para un ensayo en imágenes. Ya son unas cuantas conferencias a las que asistimos dentro de Los lunes, al Círculo y, sin lugar a dudas, esta fue, para el que suscribe, una de las mejores que hemos vivido, no solo por la profundidad de la misma, por su contenido, sino por la intensidad formal, un monólogo que no perdió pasión en un solo momento, con múltiples citas de Ullán, Rilke, Margarit, Valéry o Valente, entre otros muchos, y que, de alguna manera, se convirtió en un bello y rítmico poema en sí mismo, en una reivindicación de la poesía y sus fuentes, del pensamiento y, sobre todo, de la palabra, que durante una hora y pico nos abrazó sentidamente a María Zambrano. Si Gabilondo señaló al Círculo como «templo de la palabra», bien podríamos decir que él es un gran maestre de la misma.

Valerio Rocco Lozano, director del CBA, y Ángel Gabilondo.

«Os puedo asegurar –comentaba Valerio Rocco, director del Círculo, al final de la conferencia– que esta peana temblaba mientras hablaba Ángel porque la energía que imprime en su discurso le mueve desde la cabeza hasta los pies. Y esto era una vibración de auténtico pensamiento, pero en un sentido que habría que analizar musicalmente… movía las piernas como un bailarín». Es alucinante que un profesor con tantos años de experiencia, con mil y una conferencias a sus espaldas, con otras muchas intervenciones en la Asamblea de Madrid, en debates televisados, etc., asegure que mueve las piernas, como si de un batería dándole al bombo se tratara, «por los nervios de hablar en público». Creo que más allá de lo nervioso que pueda ser, es por el profundo respecto que este maestro tiene a las palabras que pronuncia, a la devoción hacia el sentido pleno con que quiere dotar a las mismas, algo de lo que versó la conferencia y que guarda cierta relación con una charla que el filósofo Emilio Lledó mantenía hace algunos meses con los alumnos de la Escuela SUR y en la que defendía con fervor el diálogo.

Tenemos lenguaje, lógos, porque necesitamos comunicarnos. Esa es la esencia, eso crea sociedad, crea pólis. El lógos tiene que ser siempre dia-lógos, o sea un lógos que circula, que transita, que vive, que late, que expresa sentimientos, no solo racionalidades, que no solo señala el mundo, sino también la interioridad de lo que somos. Por eso es tan importante la educación, porque nos enseña a pensar las palabras.

Gabilondo profundizaba en esta idea rescatando unas palabras de la propia Zambrano: «Si me dí a hablar es porque me encontré en ello, tenía que hacerlo… es como si ni siquiera lo hubiera decidido como si hablar ocurriera más allá de toda intención». El habla como algo intrínseco al ser humano.

En este sentido es curioso observar que con todas las tecnologías que tenemos al alcance, con todas las redes sociales, las webs y los foros de que disponemos, la inmensa mayoría de las personas compartimos compulsivamente ideas, noticias, pensamientos, artículos… de otros. Ponemos palabras de otros en nuestra boca, palabras que no hemos llegado a rumiar, a pensar, ¿nos están anquilosando el pensamiento? «En este mundo nuestro de palabras estereotipadas… Pensar el lenguaje es un deber de todos», decía Emilio Lledó.

La retórica en los discursos políticos, no exclusivamente de personas que ejercen la política, ha secuestrado la palabra; quizás sea el momento de reivindicar la poesía como refugio. Gabilondo rescató unas palabras de José Miguel Ullán, sobre María Zambrano, que de alguna manera nos animan a pensar en ese lenguaje:

«Zambrano hablaba para ver, para ver por qué hasta reconocerse mediadora al sacar a la luz y entregarnos ese sonido que solo en sueños se deja oír… Hablaba porque iba tras ello, porque lo necesitaba… No hablaba desde la comodidad sino de la necesidad.»

Se suele decir que hablar es una cualidad que nos diferencia de los animales, pero lo cierto es que la manera en que se habla en público, en el hemiciclo, en la calle, en las tertulias de televisión, en muchas ocasiones no nos distingue de otros animales precisamente.

Gabilondo afirmó que «vivimos y habitamos el mundo de un modo impoético… de espaldas al lenguaje, que utilizamos como si fuera un instrumento, una herramienta…». No es lo mismo hablar, decir, que proferir palabras. ¿Cuántas veces oímos parlotear sin el más mínimo latido del corazón?

«Considero extremadamente peligrosos los seres que coinciden consigo mismos». Poco a poco, Gabilondo nos introduce en el sentir poético de Zambrano que comparte raíces con su filosofía y que nos lleva a un ser incompleto que enamora. «Contra el vértigo, la claridad y la precisión. Para ser poeta no vale la vaguedad del ensueño… Bien lo dice Valéry, la poesía necesita luz… identificar la confusión con la profundidad es tanto como reducir la confusión a unidad. […] La luz solo brota en plenitud en la plena oscuridad, nunca huye de ella». Luz y oscuridad.

«Sin lenguaje no morimos ni vivimos, sin lenguaje, no somos. La muerte de verdad es la muerte de aquel a quien se ama; su muerte nos va matando; y también se fallece en la soledad por la imposibilidad de comunicación, entonces se muere juzgado por otros. La comunicación remite a algo común… solos en común.» La soledad y la comunidad.

Y así Gabilondo nos llevó en un precioso viaje a través de las claves de la poesía de Zambrano. Nos habló de que vivir es convivir y que la vida se compone de situaciones, no de hechos.

«Esperar, aprender a esperar, decir y hacer en este esperar. Quien no sabe esperar, no sabe decir. Esperar es salir al encuentro. Vivimos la ansiedad de no saber esperar, tenemos prisa, miedo…»

Y es que es cierto que las cosas que nos llenan en la vida, al menos al que suscribe, están fuera de ese corsé diario que nos ahoga; vivimos con unas necesidades creadas que se imponen, con un «tengo que…», que no nos deja volar en plena libertad. Sobre este esperar ahondó Gabilondo: «El ritmo del decir es el ritmo del esperar, que es apertura a las condiciones de oportunidad.» Y siguió introduciendo elementos esenciales en Zambrano, como el canto: «hace tiempo que no cantamos juntos… así se queda mudo el corazón.» Pienso en toda esa ficción que nos aleja de los problemas cotidianos de tu comunidad, de tu barrio. Andamos perdidos en mundos de series de televisión, parapetados tras el miedo, nos indignamos, pero no miramos a la calle, donde puedes encontrar otras personas con tus mismas motivaciones, con las mismas ganas de imaginar nuevos escenarios, donde sentirte arropado, donde cantar juntos. Sin tanta poesía lo explica muy bien Isaac Rosa en la revista Minerva: «La única manera de quitarnos esos miedos, o al menos de evitar que nos dominen, es construyendo otras formas de protección y seguridad: en comunidad».

Y así llegamos al sonido, al silencio y al sentido. «Solo cuando coinciden sonido y sentido hay poesía.» ¿Y por qué me acuerdo del Nobel de Literatura a Bob Dylan, aunque tampoco tengo claro que tenga que ver? (esto no lo dice Gabilondo, lo dice el que suscribe).

El profesor siguió con otro interrogante:

«¿Puede ser poético respirar, andar, dormir…? Sí, lo que suele ser es infrecuente porque lo poblamos de otros significados. Convertimos el andar en un sucedáneo del atletismo y olvidamos que en el dormir está el soñar.»

En este apartado, Gabilondo, reivindica el sentir originario de las palabras y, como mencionaba Gilles Deleuze, «espacios donde respirar, esperar, desear…».

Esto me lleva a la frase: «Mi cuerpo es un texto», que decía Marta Sanz en una charla reciente de la #CátedraACCIONA refiriéndose a que es el punto de partida, con todas sus experiencias vitales, sus satisfacciones e insatisfacciones, sus arrugas, sus achaques… a la hora de escribir; «mis textos son también cuerpos». En esos espacios, donde se mueven esos cuerpos que dicen veo relación en otro análisis de la misma Marta Sanz en una maravillosa charla del Festival Eñe, junto a Valerio Rocco, Luis Jorge Boone y Jacobo Armero, en la que decía: «…hay que fijarse en todos los pequeños episodios de poesía encontrada que surgen a lo largo del paseo por tu propio territorio y cómo esa manera activa, sensible y atenta de pasear son una forma de no caer en la alienación a la que estamos sometidos en nuestras vidas cotidianas… también es interesante en esos paseos por la ciudad, parar y mirar, algo que te coloca en una situación hiperestésica».

Todo esto me retrotrae en la conferencia a ese esperar del que hablaba Gabilondo, en el que también nace la palabra, sobre la que regresó de nuevo. «Decía Jacques Derrida “como alguien enamorado de las palabras las trato siempre como cuerpos que contienen su propia perversidad”. Yo amo las palabras cuando empiezan a enloquecer. Alguna vez dije que hago el amor con las palabras y me lo pusieron en un titular de periódico. A veces no se duerme o no se vive por una palabra que nos falta, a veces tenemos dolores de palabra… las palabras hacen, sangran…».

Y siguió con una reivindicación más política en torno a esto mismo:

«Precisamos otro modo de decir, un decir no obsesionado en decirlo todo, en comentarlo todo, en describirlo todo, en hacer declaraciones sobre todo… Estamos en una época en la que hemos perdido la palabra. En rigor, difícilmente podemos sentir y vivir. Precisamos reactivar nuestro decir, como tarea personal y política, no solo ya escribir sino que necesitamos la acción de leer, otro modo de escuchar, recrear lo dicho, dejar decir… así la lectura será poética… Escribir como leer, escribir escuchando. No es fácil sintonizar, encontrarse, ni siquiera con uno mismo… Me falta la palabra. Tanto que en ocasiones me consuela considerar que no sea yo quien le falte a ella, o mejor dicho, que sea yo quien le sobre; sin ella siento no tener ni cuerpo, ni boca, ni voz…».

Finalmente, nos sumergió en el decir poético «que hace que algo sea algo que no es todavía» y en la importancia que tiene en este el ritmo. Momento en el que aprovechó para dedicarnos un homenaje con una anécdota referida a José Ángel Valente tras una lectura poética de éste en el Círculo allá por 1999, poco antes de morir, que quedó recogida en el libro Palabra y materia de la colección La voz del poeta (CBA) [en el enlace encontrarás el audio al que se refiere Gabilondo en la conferencia en el que casi pierde la vida por mantener el ritmo]. José Ángel Valente le contó entonces a Gabilondo que María Zambrano devolvió una máquina de escribir eléctrica porque «en esta máquina no escucho el ritmo (tic, toc, tac) que necesito para escribir».

No te preocupes, estimado lector, podría parecer que he destripado la conferencia, pero no es así. Esta está repleta de mucha más PALABRA, más citas maravillosas, de esas que te dejan el corazón en un puño y el pensamiento en combustión. Sí acabo con ese abrazo poético eterno que Gabilondo hilvanó entre María Zambrano y Joan Margarit, Premio Cervantes 2019 –quien abrirá por cierto la XXIV Lectura Continuada del Quijote en 2020–. Es bonito, parece que los poetas se contestan o se van complementando entre sí en un diálogo imposible. Comenzó este (no)diálogo Margarit con su llamamiento a la poesía como última casa de misericordia.

Y (no) contestó María Zambrano en un texto de febrero del ’39: «Estoy demasiado rendida para escribir… solo podría hacer poesía, pues la poesía es todo y en ella no tiene una que escindirse, el pensar escinde a la persona, pero el poeta es solo uno…» Completando con un extracto de Delirio de un incrédulo (1950) donde señalaba: «…el decir poético no es una debilidad, es una fragilidad y hay que ser muy fuerte para soportar la propia fragilidad en la que anida el instante de concebir, entregarse a este decir poético transforma toda nuestra existencia y le da una luminosidad que solo en nuestra propia oscuridad deslumbrará.». Para sentenciar: «…soltar esa imagen de querer ser yo… ¡¿quién nos soporta a nosotros siendo como somos?!».

Y llegó, finalmente, la (no) respuesta de Margarit, que rescató Gabilondo para cerrar su discurso como «un canto que hacemos en común» y un estupendo final poético también para este post (aunque hubo mucho más después, algo que puedes ver en el vídeo abajo):

NO TIRES LAS CARTAS DE AMOR

Ellas no te abandonarán.
El tiempo pasará, se borrará el deseo
-esta flecha de sombra-
y los sensuales rostros, bellos e inteligentes,
se ocultarán en ti, al fondo de un espejo.
Caerán los años. Te cansarán los libros.
Descenderás aún más
e, incluso, perderás la poesía.
El ruido de ciudad en los cristales
acabará por ser tu única música,
y las cartas de amor que habrás guardado
serán tu última literatura.

 

Nuria Sánchez Madrid, una aeda de nuestro tiempo

Valerio Rocco Lozano, nuevo director del Círculo de Bellas Artes, presentó en Los Lunes, Al Círculo a la filósofa Nuria Sánchez Madrid, a la que definió «por su filosofía cuidada y poética», como una de las aedas –poeta y cantor épico de la antigua Grecia– de nuestro tiempo. Licenciada en Filosofía, Filología Clásica y doctora en Filosofía y Ciencias de la Religión, pronunció la conferencia Tragedia, historia sacrificial y democracia. Lo político en Zambrano en torno a la exposición María Zambrano y el método de los claros.

Valerio Rocco Lozano presenta a Nuria Sánchez Madrid en los #LunesAlCírculo

Pese a no ser una experta en Zambrano, según ella misma, Valerio destacó que Nuria Sánchez Madrid sabe de casi todo lo concerniente a la filosofía «desmintiendo el tópico sobre los especialistas que los alemanes denominan como «fachk idioten» o «idiotas expertos» de sus cosas, ya que ella es una gran especialista en muchas cosas», puntualizó Valerio.

A lo largo de una hora y media Sánchez Madrid desgranó el pensamiento político de Zambrano en el contexto republicano de su época, así como la forma en que hoy se percibe su propuesta política.

El propósito del título de la conferencia parte de Horizonte del liberalismo en los treinta y Persona y democracia de los años cincuenta. «Era importante presentar el pensamiento de Zambrano con perspectiva porque hay organicidad en sus propuestas acerca de la vida colectiva, de los motores que constituyen comunidad, de las dinámicas sociales que analiza…».

Las mujeres y los jóvenes.

«La filosofía no ha sabido hacer justicia a la contribución que las mujeres han realizado a su servicio exigiendo la filosofía, incluso como práctica intelectual, olvidar con frecuencia el género para sepultar el cuerpo y con él, el deseo» aseguró Sánchez Madrid quien incidió en la dificultad de que Zambrano fuera reconocida en su momento frente a figuras de la época, como Ortega y Gasset. Por entonces, a finales de los 20, Zambrano ya reclamaba para los jóvenes su «gesto y palabra» y destacó además la incomodidad que los cambios en las formas de vida de las mujeres provocaron en los varones de la época quienes anhelaban el orden antiguo.

Las divergencias con Ortega y Gasset

«Frente al topos de la heroicidad y del espíritu cinegético –arguye la filósofa– representativo de un espíritu recio y casi dórico de posicionamiento mundanal, catapultado por Ortega como motor morfológico de nuevas y saludables realidades históricas, Zambrano entiende la nueva política como un ejercicio vagamente inspirado por Nietschze de recomposición de uno mismo a partir de la presencia del otro en el que no descarta que comparezcan figuras fantasmáticas, que producen sociedad y realidad histórica.»

Continuó con la diferencia entre Ortega y Zambrano. En Ortega es perceptible, asegura la autora, la voluntad de forma «que expulsa lo inservible en pos de un noble progreso», mientras que en la pensadora nacida en Vélez-Málaga, todo se agrupa en torno a un lema que ella misma calificó como «el martirio del conocimiento» que lo enfoca en política como el arte de lo posible poético: «reintegración, reconciliación, abrazo, que encierra en unidad al ser humano con el ensueño de donde saliera, borrando las distancias.» (Filosofía y poesía, María Zambrano).

«No puede haber política movilizadora si esta se muestra incapaz de volver atrás, –cita Nuria a Zambrano– de despertar a los muertos, no para abrir trincheras insalvables, sino para invitarlos a participar con sus reclamaciones no atendidas del tejido de lo común.»

Pragmatismo en la convivencia social

Encuentra Nuria huellas de Unamuno en Zambrano y su apuesta por la vía más difícil y larga, «pero sabia en la economía de las pasiones» llevándola hacia el pragmatismo en la convivencia social. Ahí encuentra Sánchez Madrid las vetas de la Tercera España que culminó con la Guerra Civil. Nuria se refiere a «la anomalía española en la resistencia a comprender al otro, a pensar en el lugar del otro» y rescata la figura de Melchor Gutiérrez, el «Ángel Rojo», director de prisiones en la Madrid republicana de la guerra, quien se enfrentó al mando comunista frenando ejecuciones en Paracuellos, denunciando las checas o cárceles ilegales y salvando a miles de personas por el respeto a la ley y a la vida humana.

Esas historias no parecen importar a ninguna institución, aseguró Nuria Sánchez Madrid, quien añadió que no todo en la historia es tragedia.

La falta de comunicación entre pueblo y políticos y el fascismo

A partir de aquí, la filósofa madrileña entró en detalle en el pensamiento político de Zambrano a través de los textos antes mencionados, siempre poniendo el foco en ese carácter político humano centrado en la construcción antes que en la destrucción y en esa necesidad de interlocución rota según ella, entre las masas y los políticos. Zambrano, como Arendt, quieren llegar a la raíz de esa desafección política de las masas. Y cómo no, también habló del fascismo, algo que nos trae de nuevo a nuestro presente actual. Terminamos con la cita que al respecto recoge de Zambrano, la conferenciante:

«Así como el fascismo en el terreno económico se origina en gran parte en el flotar sin tener a qué agarrarse del «sin trabajo», en el terreno intelectual viene también de una falta de auténtico quehacer, de una cesantía de la vocación, la inteligencia flota en el vacío, pero el hombre no puede estar sin hacer nada, no puede permanecer sin esforzarse en algo, si quiera en hacer lo que hace. Ante la nihilidad que le rodea, ante la nada en que flota, la inteligencia sin vocación se retuerce sobre sí y se traiciona. La inteligencia está amarrada a residuos de creencias descompuestas del pasado, a limitaciones impuestas por la falta de valor para romper nudos sociales, y lo que es más decisivo, la falta de una intuición modelo, la falta de presencia de una realidad que presione. Pero esta ausencia de intuición, esta falta de sentir la realidad llega a transformarse en el fascismo en un evadir la intuición y la realidad, en una huida sistemática y encubierta de la realidad, pero como la realidad está ahí, sigue existiendo, hay que aplastarla y aniquilarla. Todo fascismo acaba en matar, en querer matar aquello que no quiere reconocer.»

Terminamos por el principio. Ya que Valerio, cuando definió a Nuria como una aeda de nuestro tiempo, leyó el siguiente párrafo de Zambrano extraído del texto La inminente vuelta de los aedas del libro «Algunos lugares de la poesía», que dice así:

«Tendrían que volver los aedas, quizá estén volviendo ya, de los lugares de esta Europa donde los abismos, las negruras, no han sido ocultadas sistemáticamente bajo puentes de confianza, de la ambigua confianza que puede ser falacia, que tapa la visión de suplicio, que espera del otro lado del puente. Tal vez los aedas, que están ya volviendo, están tejiendo un puente de verdad, es decir, que sostenga sobre el abismo dejándolo ver».

Quizás el lugar de esos aedas que construyan y no destruyan deberían reivindicarlo los y las intelectuales de nuestro tiempo, como Nuria Sánchez Madrid, pero por qué no, también instituciones culturales como el Círculo de Bellas Artes. Sin duda, María Zambrano es una inspiración en estos tiempos convulsos en Europa.

¿Es o no actual el pensamiento político de Zambrano? Si quieres ver la conferencia entera, puedes hacerlo en el canal de youtube del CBA o aquí mismo. Por cierto, la conferencia completa, en texto y editada la podrás ver publicada en uno de los próximos números que estamos preparando de la revista Minerva.

La próxima conferencia de Los lunes, al Círculo en torno a la exposición de María Zambrano será el lunes 18N a las 19:30h y viene de la mano del político y filósofo Ángel Gabilondo, quien nos hablará desde una faceta más poética.

Carlos Saura: «Hacer fotografía es un acto peligrosísimo porque guardas el pasado»

Carlos Saura Fotógrafo es el título breve y conciso de la exposición sobre la retrospectiva del director aragonés comisariada por su amigo Chema Conesa, que se puede ver en la Sala Picasso del Círculo del 1 de octubre al 12 de enero de 2020.

«La intención principal es mostrar de principio a fin la mirada de reportero que tiene Carlos Saura», afirma Chema Conesa. Con esa finalidad, la muestra se compone de 118 fotografías seleccionadas por el comisario ya que, como confiesa Saura, «yo no habría tenido el valor de bucear en mi pasado porque no me interesa, ni me reconozco».

Fotosaurio: «Mi hija Ana y su madre»

Además, encontramos material de su archivo personal como polaroids, piezas audiovisuales, fotografías pintadas a las que él mismo bautizó como fotosaurios, publicaciones fotográficas, diarios de rodajes ilustrados y algunas cámaras de fotos de las que ha ido haciendo acopio desde aquella primera cámara Leica M3, que usó en sus inicios a principios de los años cincuenta, hasta las cientos de ellas que comenzó a coleccionar en Argentina tras el rodaje de El Sur.

Aunque su vocación frustrada fue la de músico, algo a lo que se negó en rotundo su madre pianista, Carlos Saura descubrió la fotografía muy pronto, de niño, de manera inocente.

«Mi primera fotografía fue por amor a una niña con 7 u 8 años. Le robé la cámara a mi padre, le hice la fotografía y se la envié con un dibujo de un corazón atravesado por una flecha y la frase «Te amo»»

Ese no había sido su primer contacto con las imágenes. Su padre guardaba álbumes de papel en los que pegaba distintas fotos y recortes por todas partes. «Las mirábamos constantemente y quizás de ahí venga mi obsesión y la de mi hermano Antonio por estar rodeados de imágenes». Carlos Saura llega a la fotografía por estos álbumes y posteriormente, la fotografía le llevó al cine, donde ha desarrollado después su carrera profesional.

La fotografía es para Saura «un instrumento mágico, uno de los mayores descubrimientos de la humanidad», y la compara a un espejo en el que puedes dejar la imagen quieta y captarla, «un milagro que nos da contexto» y que de alguna forma nos enfrenta al pasado. Algo que no siempre es fácil. «Cada uno de nosotros pasa más o menos rápido por distintas etapas de su vida y vamos dejando un poso. La fotografía es la que muestra ese poso del que de otra manera yo no me acordaría y me doy cuenta de que era otra persona, que era diferente, que pertenecía a otro momento, que mi familia era esta…». Para explicarlo se remitió a los heterónimos de Pessoa y escarbando un poco en el Libro del desasosiego que el escritor luso firmó con su heterónimo Bernardo Soares, encontramos lo que creo que puede refrendar las palabras de Saura, pero con el lenguaje poético de aquel: «Me acuerdo de repente de cuando era niño y veía, como hoy no puedo ver, rayar la mañana sobre la ciudad. Entonces la mañana no rayaba para mí, sino para la vida, porque entonces yo, sin ser consciente de ello, era la vida. Veía la mañana y sentía alegría; hoy veo la mañana, y siento alegría, y me quedo triste. El niño sigue aquí, pero enmudeció. Veo como veía, pero por detrás de los ojos me veo viendo; y ya sólo con esto se me oscurece el sol y el verde de los árboles me resulta viejo y las flores se marchitan antes de aparecer.»

El tiempo nos cambia física y emocionalmente, nos hace mudar de ideas, nos hace ver de otro modo y Saura a sus 87 años en el momento de presentar esta exposición lo sabe muy bien; y más cuando se enfrenta a sus propias fotografías. «Apretar el obturador de una cámara supone un acto peligrosísimo porque lo que se guarda tanto en los móviles, como en las tabletas, es el pasado y eso es tremendo».

A Carlos Saura no le interesa el pasado, «no me interesa porque estoy demasiado preocupado por el presente y el futuro». No en vano, este «hombre del Renacimiento» –como lo describe Chema Conesa por su curiosidad y labor polifacética incesante–, está actualmente inmerso en el montaje de su película El rey de todo el mundo, de la que se han incluido en esta muestra algunas páginas del guion ilustrado por el director aragonés. Y es que el dibujo, es otra de sus grandes pasiones. «El dibujo es maravilloso. Creo que en la vida no solo hay que usar la cabeza para pensar, también es necesario usar las manos».

En la parte superior, el guion ilustrado de Carlos Saura de la película que está montando actualmente: «El rey de todo el mundo».

Para terminar, mencionar que el Círculo de Bellas Artes prepara un ciclo de cine dedicado al director y fotógrafo en el que se podrán ver: Los golfos (1960), Ana y los lobos (1973), Cría cuervos (1976), Bodas de sangre (1981), ¡Ay, Carmela! (1990) y Tango (1998). Y también, incluímos varias citas relacionadas con la muestra en forma de visitas guiadas y coloquios, en la nueva programación de Los Lunes, Al Círculo, en el que podremos ver en persona tanto a Carlos Saura como a Chema Conesa, entre otros.

Exposición Carlos Saura Fotógrafo. Sala Picasso del CBA.
Martes a domingos de 11h a 14h y de 17h a 21h hasta el 12 de enero.