espíritu

Sería posible representar la historia del arte como confrontación de dos polaridades en la obra de arte misma y contemplar la historia de su curso en los desplazamientos del centro de gravedad desde un polo a otro de la obra, unos polos que son valor de culto y valor de exposición. La producción artística comienza con imágenes que se hallan al servicio de la magia. De estas imágenes es sólo importante que existan, mas no que se las vea. El alce que el hombre de la Edad de Piedra reproduce en las paredes de su cueva es sin duda un instrumento mágico que sólo casualmente va a exponer ante sus semejantes; lo que importa es que lo vean los espíritus.

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La destinación de una revista es hacer patente el espíritu propio de su época. La actualidad de ese espíritu es más importante para ella que su unidad o claridad; por tanto una revista estaría condenada –como los periódicos– a la insustancialidad más completa si en ella no pudiera configurarse una vida con fuerza suficiente para salvar todo cuanto resulte problemático con base en su propia afirmación.

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La insuficiencia de nuestro espíritu viene a permitir precisamente el dominio de las fuerzas del azar, como de los dioses y el destino. Si tuviéramos respuestas para todo –es decir, si tuviéramos respuestas exactas– tales fuerzas no existirían. [...] Lo percibimos con tanta claridad que acabamos volviéndonos contra nuestras preguntas. Por aquí es preciso comenzar. Tenemos que elaborar una pregunta anterior a todas las preguntas que les pregunte cuál es su valor.

Paul Valéry

Paul Valéry, TelQuel, en Oeuvres, vol. 2, París, 1971, p.647 y ss. Cit. en Obras II, 1, p. 407

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Engels se opone a dos distintas cosas: de un lado, a la costumbre de presentar en la historia del espíritu lo que es un dogma nuevo como el verdadero ‘desarrollo’ de un dogma anterior, una escuela poética calificada como ‘reacción’ frente a otra escuela poética anterior, un estilo nuevo como ‘superación’ en cuanto tal de un estilo anterior, que le precede; pero, implícitamente, Engels se opone al tiempo a la costumbre de presentar esas figuras nuevas al margen del efecto que ellas causan sobre los seres humanos y del que es su proceso productivo.

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Las ciencias naturales aparecen en Korn como la ciencia por antonomasia, por ser el fundamento de la técnica. Pero es evidente que la técnica jamás es un hecho puramente científico, sino que, al mismo tiempo, es un hecho histórico. Y, en tanto que tal, la técnica nos obliga a revisar la separación positivista –por completo carente de dialéctica– que se ha intentado establecer entre ciencias de la naturaleza y del espíritu. Las preguntas que la humanidad le plantea a la naturaleza se ven condicionadas, entre otras muchas cosas, por el estado de su producción. Éste es el punto en que el positivismo fracasa por completo. Y eso porque éste no podía ver en el desarrollo de la técnica sino el progreso de las ciencias naturales, no el retroceso de la sociedad. Y, por lo demás, pasó por alto que el capitalismo, como tal, es una de las causas decisivas de dicho desarrollo.

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El populacho se halla poseído por un odio frenético a la vida espiritual, viendo la garantía de su aniquilación en el hacer recuento de los cuerpos. En cuanto se les deja, se sitúan en fila india y avanzan hacia el fuego graneado y el encarecimiento de las mercancías.

Calle de dirección única

Obras IV, 1, p. 45.

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Arte y naturaleza, como espíritu y cuerpo, marchan juntos: así, su separarse es la muerte.

Alemanes

Carta de K. F. Zelter a J. W. Goethe del 16 de octubre de 1827. Cit. en W. Benjamin, Obras IV, 1, p. 145.

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El más hondo motivo del desprecio sentido por el juego podría consistir probablemente en que un don natural propio del hombre, que dirigido a los más nobles objetos eleva sobre sí al ser humano, dirigido al contrario a uno de los más bajos, el dinero, rebaja al hombre mismo. Ese don se llama presencia de espíritu. Su más alta manifestación es el leer, que siempre es adivinatoria.

Obra de los pasajes

Obra de los Pasajes, O 13, 3

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