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eternidad

El tiempo contenido en el instante en que la luz de la estrella destella para un hombre viene a ser del mismo material que lo perfilado por Joubert: «El tiempo también se halla, ya de antemano, en la eternidad; mas no es el tiempo terrenal, mundano ... Porque ese otro tiempo no destruye, tan sólo consuma».

Sobre algunos motivos en Baudelaire

Joseph Joubert, Pensées, París, 1883, p. 162. Cit. en Obras I, 2, p. 240

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La vida inmortal no es la vida eterna de la naturaleza, aunque parezca hallarse cerca de ella; la infinitud se encuentra superada en el concepto de la eternidad, mientras que alcanza en la inmortalidad lo que es su brillo más intenso.

El idiota de Dostoiesvki

Obras II, 1, p. 243

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La tesis determinista, en cuanto teoría sobre lo que sucede en la naturaleza, no puede determinar una forma artística. No sucede lo mismo con la auténtica idea de destino, en la que el motivo decisivo es la suposición del sentido eterno de esa concreta determinación.

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Esa eternidad en que Proust nos inicia es aquella del tiempo entrecruzado, y no el ilimitado. Por cuanto Proust nos habla del transcurso del tiempo en su figura real, entrecruzada, esa que en ningún otro lugar viene a imperar más claramente que en lo interior, en el recuerdo, y en el envejecimiento, en lo exterior. El perseguir la combinación de envejecimiento y recuerdo significa entrar al interior del corazón del mundo proustiano, al universo del entrecruzamiento. Se trata, pues, del mundo en el estado de la semejanza, y en él imperan las ‘correspondencias’, que el romanticismo y Baudelaire fueron los primeros en captar, pero que Proust es el único en sacar a la luz en nuestra vida. Algo que es obra de la mémoire involontaire, de aquella fuerza rejuvenecedora que hace frente al envejecimiento inexorable.

Hacia la imagen de Proust

Obras II, 1, p. 326-327

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Es muy común hablar de la eternidad de las obras, y se intenta atribuir a las más grandes duración y autoridad durante siglos, sin darse cuenta de que, de ese modo, se da el peligro de petrificarlas como copias museísticas de sí mismas. Pues, para decirlo brevemente, la ‘eternidad’ propia de las obras no es lo mismo que su viva duración. Y, para saber en qué consiste precisamente esta duración, lo mejor será confrontarlas con creaciones que les sean afines pertenecientes a nuestra propia época.

E. T. A. Hoffmann y Oskar Panizza

Obras II, 2, p. 253

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Forma parte de la esencia de la imagen contener algo eterno.

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La idea [...] y la doctrina del eterno retorno pretende armonizar las dos tendencias contradictorias propias del placer: eternidad y repetición.

Obra de los pasajes

Obra de los pasajes, D 9, 2

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El eterno castigo del Infierno quizás haya quebrado el más terrible extremo de la idea del eterno retorno en el mundo antiguo. Ahí se pone lo eterno del suplicio frente al eterno curso circular.

Obra de los pasajes

Obra de los pasajes, D 10 a, 4

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Dado que el inconsciente colectivo [...] viene a ser el grabado sedimento –que se se deposita en el sistema central y simpático– del pasado del mundo, constituye [...] una especie de imagen plenamente intemporal, y así, en cierta medida, eterna, del mundo, la cual se contrapone en consecuencia a lo que es nuestra imagen momentánea del mundo en la conciencia.

Obra de los pasajes

C. G. Jung. Seelenprobleme der Gegenwart, Zürich/Leipzig/Stuttgart, 1932, p. 326. Cit. en Obra de los pasajes, K 6, 1

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Modernidad’ es el tiempo del infierno. Sus penas se revelan lo novísimo que a cada vez se da en ese ámbito. Claro que por ello no se trata de que ahí se dé ‘siempre-ya-lo mismo’, ni que pueda hablarse en este caso de un eterno retorno inevitable. Lo que sucede es que la faz del mundo nunca queda alterada en lo novísimo, pues lo novísimo siempre sigue siendo lo mismo en cada una de sus partes. Esto constituye justamente la eternidad propia del infierno. Determinar en su totalidad los rasgos en que surge lo ‘moderno’ es mostrar el infierno como tal.

Obra de los pasajes

Obra de los Pasajes, S 1, 5

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