Bajo un árbol de enebro

Un alma cosida al corazón de un pájaro. La cineasta, escritora y profesora estadounidense Nietzchka Keene (1952–2004), especialista en lengua escandinava medieval, debutó en la dirección con esta adaptación del cuento de los hermanos Grimm The juniper tree. Se trata de una historia delimitada en el medievo, filmada en blanco y negro, y palpitante de mitos, tradiciones, mujeres y magia.

El Cine Estudio acogió recientemente la proyección de esta cinta, restaurada en 4K y protagonizada por una joven Björk. Además, en la sesión del 7 de diciembre, tuvo lugar un cinefórum bajo el título Los rituales y la magia en Cuando fuimos brujas. En él, participaron dos mujeres brillantes: Sére Skuld, cantante, música, bruja caota y artesana, y Claudia Rodríguez Ponga, escritora y comisaria de exposiciones.

En el siguiente formulario, hemos propuesto a ambas continuar la senda emprendida y ahondar en las capas de significados de esta profunda película, poniendo el foco en la brujería y los rituales mágicos, así como seguir sus huellas a lo largo de su representación histórica y artística. Y aquí está el resultado.

«¿Dónde ha ido?
— Se convirtió en cenizas y marchó con el viento.
— ¿Y su alma?
— Su alma se ató al corazón de un pájaro.
— ¿Y la cuerda aguantará para siempre?
— Hasta que el corazón del pájaro se rompa.»

Con este diálogo da comienzo Cuando fuimos brujas, la bellísima e inquietante película de Nietzchka Keene, que recientemente se proyectó en el Cine Estudio.
Ríos en los que fluye la muerte, pájaros que portan almas… ¿Qué función creéis que desempeña la naturaleza en esta historia?

Claudia Rodríguez Ponga: Creo que para la bruja no hay una diferencia entre “lo natural” y “lo artificial” o “cultural”. Ella trabaja por encima o debajo de esas nomenclaturas, con el tejido de lo real, que está compuesto de muchas capas. Lo que llamamos naturaleza es un conocimiento profundo del funcionamiento de las cosas. En ese sentido, el pájaro o las cenizas o el viento o la cuerda funcionan y actúan a muchos niveles, no solo como “naturaleza”.

Sére Skuld: En esta historia podemos afirmar que la naturaleza es otro personaje principal. Los cuervos actúan como psicopompos que portan el alma de los fallecidos, como enlace entre este plano y la alteridad. Estos seres mitológicos se encuentran descritos en multitud de culturas ancestrales, desde los aztecas, egipcios y mayas, pasando por griegos, celtas y nórdicos. Cabe destacar la figura del enebro, que da título a la película original (The Juniper tree). Las partes de este árbol se han empleado durante siglos como protección frente a las fuerzas del mal y las enfermedades en distintas tradiciones. De esta manera, en la Europa medieval se quemaban sus bayas en los entierros para que los malos espíritus no pudieran actuar. Los egipcios usaban inciensos hechos de enebro para la purificación corporal y espiritual. En zonas rurales de Italia se quemaban ramas en Nochebuena, Nochevieja y la noche de Reyes, y se guardaban las cenizas para emplearlas en hechizos el resto del año. Hasta casi el inicio del siglo XX, en Francia quemaban las bayas de enebro para mantener a raya las epidemias, tal y como ya hacían los griegos miles de años antes. Por otra parte, en una de las escenas iniciales, el río que mencionas aparece como un pequeño embalse sucio en el que flota otra supuesta bruja asesinada por su condición, al igual que la madre de Katla y Margit. El agua estancada representa la muerte. Podemos encontrar esta simbología en un ejemplo cercano, La Casa de Bernarda Alba, de Federico García Lorca. En esta obra, Bernarda afirma que en los pozos del pueblo el agua está envenenada. La naturaleza en Cuando fuimos brujas está cargada de significado y protagonismo al igual que los paisajes: las inmensas llanuras donde las ánimas campan a sus anchas, la cueva como alegoría de lo femenino y el seno materno donde Margit pasa la noche con el espíritu de su madre… Si la película se hubiera rodado en interiores habría perdido la mitad de su significado y poder.

¿Podríamos definir Cuando fuimos brujas como un relato de brujería y emancipación femenina?

CRP: Sí, por qué no… Las hermanas están emancipadas a la fuerza, des-enraizadas de patria y madre, pero dentro de la situación límite que viven son sujetos emancipados gracias al ejercicio de la magia como ejercicio de su voluntad. A la hermana mayor incluso parece gustarle su marido; no solo lo elige como medio de supervivencia. Supongo que sarna con gusto no pica. Aunque la emancipación definitiva es la de la hermana pequeña, que al final queda como pequeña señora mágica de su pequeño reino…

SS: La brujería y la emancipación femenina van de la mano, pero en este caso, debido al contexto histórico, la emancipación para las dos hermanas implica reconstruir su vida después del asesinato de su madre y del abandono de su padre. Para estar a salvo de la sociedad, Katla debe unirse a Jóhann, un granjero viudo. Sin embargo, no parece haberse conformado con cualquier hombre, ya que, según deja ver en la película, a ella le gusta él y acaba amándolo. Al principio de la cinta, Katla explica a su hermana pequeña cómo realizará el amarre a Jóhann. En lugar de emplear sangre de su menstruación para hechizarlo, hará el siguiente ritual: «Oirá mi voz y jamás podrá marcharse, coseré mis huellas en su abrigo y me seguirá para siempre. Daré tres vueltas a su alrededor y ligaré su corazón al mío… Pero nadie debe saberlo». En esta escena se ve claramente cómo la emancipación pasa por la supervivencia, y ésta va ligada a su capacidad para unirse con el granjero. Al final, la única que realmente consigue independizarse es Margit, que acaba siendo la dueña de la granja por la huida de su hermana y el abandono de Jóhann.

Durante el coloquio en el Cine Estudio (en el que ambas participasteis), que tuvo lugar tras la proyección del film, afirmabais que la brujería y los hechizos son las armas de los desposeídos. ¿Podríais desarrollar esta idea?

CRP: Norman Cohn, Jean Delumeau, Keith Thomas o Silvia Federicci son autores de referencia para examinar el trasfondo social en el que más y mejor se reproducían los fenómenos mágicos. Donde más y mejor fermentaba la magia era en la masa madre de las mujeres desposeídas. Por motivos obvios, creo yo: por un lado las mujeres siempre han entendido mejor que nadie el poder de las redes vinculares. Por otro hay un corpus de conocimientos tradicionales asociados a los cuidados que se traspasa de madres a hijas. Y además resulta que el ejercicio de la magia ayuda a constituir la voluntad, por lo que puede ser especialmente eficaz cuando hablamos de personas para las que ejercer su voluntad es una cuestión de vida o muerte. Ya para rematar está el elemento rural: cuanto más alejada o aislada estuviera la región, mejor se conservaban las prácticas paganas y sincréticas frente a la homogeneización religiosa-lingüística-económica y nacionalista. Esto se ve muy claro en las investigaciones de Ginzburg sobre el Valle de Friuli.

SS: Los ricos tienen dinero, los pobres voluntad. El ejercicio de la verdadera voluntad es la clave de la brujería y de los hechizos. La diferencia entre clases sociales reside en la posesión de bienes materiales y riqueza. Los desposeídos solo cuentan con su ingenio, su esfuerzo y la capacidad de influir en el entorno para que la realidad se acerque a sus objetivos.

«Bajo un árbol de enebro, cantaban esparcidos

los huesos relucientes»

T. S. EliotMiércoles de ceniza

¿Cuál creéis que es la función de la música en Cuando fuimos brujas? ¿Y la de los relatos orales?

CRP: La música y los hechizos van muy unidos… como decía José Bergamín en La importancia del demonio, lo demoníaco es de “naturaleza aérea”. Los demonios son esencialmente comunicadores, “criaturas destinadas a intervenir y a interllevar mensajes entre los hombres y los dioses: por eso eran indiferentemente buenos o malos”. Letanías y cánticos sirven para mediar en esta dimensión aérea-demoníaca, porque “la palabra y la música son por el aire”. Hermés, dios del aire, “es como una personificación de todos los demonios” y, como tal, se le atribuye “la invención de la música y de la palabra. Porque Hermés quiere decir, como nos recuerda Bergamín, “palabra celeste”. Y más cosas que dice Bergamín: “Un gran conocedor del Demonio, San Ignacio, nos advierte en sus Reglas para en alguna manera sentir y conocer las mociones que en el ánima se causan y con mayor discreción de espíritus, de cómo pueden conocerse estos espíritus, buenos o malos, al oído o por el oído, finamente, aguzándolo: por el sonido, por una especie de sonoro tacto (…). Que eso pudiera ser, en definitiva, la poesía y la música, lo mismo infernal que celeste: una especie de sonoro tacto”. En resumen, no podía haber sido más adecuada la elección de Björk para el papel de brujilla canturreadora. En relación al tema de los relatos orales: misma relación, y además cabe añadir que el relato poético puede ser una poderosa herramienta transportadora: dice María Zambrano del poema de Parménides que era en sí mismo un viaje al más allá, un viaje de ida y vuelta. También se ha escrito sobre la famosa prohibición platónica de la mímesis en este sentido: porque mímesis se puede referir a la capacidad del actor / poeta / performer / mago para convertirse en otra cosa por medio de su interpretación. Ese es el poder que temía Platón: la capacidad de teletransportarse y transformarse miméticamente, que es algo que sucede en el cuerpo pero con ayuda de medios aéreos y demónicos como los que mencionas.

SS: La música en Cuando fuimos brujas es de una sutileza abrumadora. Alcanza su punto álgido en el cántico sin letra interpretado por Björk, que hechiza a la audiencia e invita a unirse a ella armonizando. Es una melodía que evoca distintas emociones entre los espectadores. Pregunté a varias personas por las sensaciones que les producía y todas me respondieron más o menos en la misma línea: tristeza, soledad, nostalgia… son sentimientos propios de la pérdida y el destierro. Por otro lado, encontramos breves piezas de cuerda y viento, como en la primera conversación sobre magia que mantienen las hermanas, en la que Katla le explica a Margit cómo hechizará al granjero. Además, a medida que avanza la película nos percatamos de que cuando se manifiestan las apariciones a la pequeña, resuena un coro de voces femeninas mezclado con sonidos de la naturaleza (viento, pájaros, etc.) cuya intensidad varía en función de la magnitud de las visiones. En ocasiones, Margit canta o recita versos que podrían considerarse rimas o canciones populares, que podrían también interpretarse como premoniciones:

«Raven with his sack | El cuervo con su saco

Up upon his back | Que lleva en su lomo

Who will hear his caw | Quién oirá su graznido

All the children small | Todos los niños pequeños

In the sack, in the sack, | En el saco, en el saco

Never to come back | Para jamás volver»

De nuevo, la figura del cuervo como psicopompo y símbolo de la pérdida y del mal agüero. En este caso,  la voz no viene acompañada por ningún instrumento ni sonido de la naturaleza, sino que está exenta de adornos. Cuando Margit narra las historias y leyendas con referentes a madres, hijos y pájaros, la música es sutil para no interferir con el contenido y tiende a repetir las notas ya escuchadas en otros fragmentos, a modo de mantra. El contexto de la película se encuentra en el medievo. Entre las clases más bajas, el analfabetismo era muy común y los relatos orales suponían su única forma de transmisión del conocimiento a través de generaciones. La música, la magia y el conocimiento van de la mano.

Amy Slope, conservadora del Archivo de Cine de Harvard y alumna de Keene, ha sido una de las impulsoras del proyecto de restauración de esta película. Según ella, estamos ante un poderoso doble ejemplo “del aislamiento cultural que condena a las mujeres visionarias”. ¿Compartís su opinión?

CRP: Sí. Las mujeres visionarias nunca son bien vistas. Se las nota que «no son de aquí», que «son diferentes», como le espeta malamente el niño a su nueva madre postiza en la película. Son el elemento discordante, fuera de lugar, la suciedad sagrada, como dice Mary Douglas en su magnifico ensayo Pureza y peligro. A las mujeres de este tipo se las aísla y sacrifica por su proximidad con lo sagrado, porque lo sagrado da miedo y necesita ser anulado.

SS: Las mujeres han sido aisladas del contexto cultural hasta hace relativamente poco. Si además entraba en consideración el factor visionario, la condena era aún mayor. Solo se toleraban sus capacidades si sus visiones podían asociarse a entidades aprobadas por el hombre, como Dios, y dentro de una estructura jerárquica que les beneficiara. Siempre que la mujer visionaria se mostrara como apoyo del poder establecido estaría más o menos a salvo, dejando claro que las revelaciones se le manifestaban de forma descendente, desde la superioridad divina hasta su inferior condición humana. A las mujeres no se les permitía mirar cara a cara a la divinidad, a menos que los poderosos pudieran sacar rédito de sus visiones. En este sentido, una de las mujeres visionarias más relevantes de la historia fue Hildegard von Bingen, quien se granjeó el favor de la Iglesia, la nobleza y figuras relevantes del medievo gracias a su ingenio. Numerosos papas, reyes y emperadores contactaban con ella para solicitar su consejo, siempre acertado gracias a su inteligencia e intuición, sustentándose en sus visiones. Cuando consiguió dirigir como abadesa su propia orden de monjas en el monasterio de Disibodenberg, fue apoyada por el abad Kuno, convencido de que la fama de Hildegard atraería a numerosos peregrinos al monasterio, y por tanto generaría riqueza. Finalmente acabó fundando sus propios monasterios, para amargura del abad. Ella fue el mejor ejemplo de autoconocimiento y aceptación de sus capacidades orientadas a objetivos y voluntad. Supo conjugar su talento, su capacidad de observación y aprendizaje para lidiar con las dificultades que fueron surgiendo en su camino. En este caso, el acceso a la cultura que tuvo Hildegard fue gracias a su posición como abadesa, que le permitía contar con más recursos que cualquier otra persona de clase baja. Este es uno de los pocos ejemplos de mujeres visionarias que no fueron aisladas ni perseguidas. Históricamente, es un porcentaje muy bajo en comparación con las que sí sufrieron el hostigamiento de la sociedad. Esta persecución es la que presenciamos en Cuando fuimos brujas con la madre de Katla y Margit, que es quemada por sus visiones, lo que obliga a las hermanas a huir y a mantener ocultos sus dones y conocimientos.

Dice Silvia Federicci que la caza de brujas es un elemento fundacional del capitalismo y que supone el nacimiento de la mujer sumisa y domesticada. En esta historia, a las dos mujeres protagonistas no les queda más remedio que vincularse a un hombre viudo para sobrevivir…

CRP: Efectivamente. Johann, el hombre de Dios, el granjero sedentario, representa al status quo, que es la única posibilidad de supervivencia de estas dos mujeres.

SS: En esta historia y en muchas otras, ficticias y reales, la forma de supervivencia de las perseguidas pasa por vincularse a un hombre para sobrevivir. En la película se trata de Jóhann, un granjero que representa la estabilidad y lo socialmente correcto. En contraposición a las figuras errantes, nómadas y desterradas de las dos hermanas, el granjero posee sus propias tierras, está asentado y genera su propia subsistencia. La persecución de las hermanas hace que deban unirse a Jóhann, lo cual implica cierta forma de sumisión, si bien es cierto que Katla parece amarle. Como guiño, al final quien acaba subyugado es Jóhann, que no puede evitar abandonar la granja para reunirse con Katla, a pesar de estar involucrada en la muerte de su propio hijo. Margit resulta ser la mejor parada al quedarse con las tierras, resguardada por el enebro y acompañada por los pájaros. En soledad, feliz y sin miedo a experimentar sus visiones ya que no hay nadie cerca para juzgarla ni perseguirla. Por fin es libre.

“La primera función de los mitos y de los rituales siempre ha sido la de alimentar los símbolos que hacen avanzar el espíritu humano en contraposición con aquellas otras fantasías que tienden a sujetarlo hacia atrás.” (Joseph Campbell). ¿En qué creéis que hace avanzar nuestro espíritu Cuando fuimos brujas?

CRP: ¿En qué aspecto? Pues quizás en ese mismo, en el aspecto simbólico, pero que también es muy real. Lo hace avanzar en la medida en que dejamos que los mitos y relatos nos posean; en la medida en que dejamos que nos transformen y los transformamos nosotros a ellos. Un poco como la directora de esta película se dejó poseer por los cuentos de los Hermanos Grimm y de la poesía tradicional y oral de Islandia, permitiendo así que el mito viviese y mutase en ella.

SS: Nuestro espíritu avanza cuando mantenemos las tradiciones vivas, al interiorizar los mitos y reproducir rituales para transformar la realidad y generar cambios. Nuestro espíritu avanza cuando enfocamos nuestra intención y asimilamos los símbolos. Si despojamos a los símbolos de significados, anulamos su poder. Cuando fuimos brujas conforma un maravilloso muestrario de rituales costumbristas, gracias al conocimiento adquirido por Nietzchka Keene, directora de la película. Keene estudió con profundidad las lenguas nórdicas antiguas, especializándose en los primeros testimonios escritos en lengua escandinava medieval. Era conocedora de las costumbres y rituales de la época, lo cual se refleja en el film con una delicadeza exquisita. Los amarres mediante cuerdas y velas, el ritual de fertilidad realizado con semillas, el hechizo de protección con cabello, la maldición escupiendo sobre el trabajo mágico, el último y atroz ritual con el cadáver del pequeño Jóhas. No hay grandes aspavientos, histrionismos ni espectáculos convulsos. En la película aparece el huso como elemento mágico y simbólico. Este objeto se ha considerado mágico desde tiempos inmemoriales. Su origen se remonta al Neolítico y las culturas paganas lo respetaban al equiparar la acción de hilar con la capacidad de crear. Se considera un elemento mágico profundamente ligado a lo femenino, eran las hilanderas quienes controlaban el tejido de la vida y de la muerte. Entre algunas representaciones culturales relacionadas con el huso podemos encontrar a la deidad Mari, originaria del País Vasco. También, la Diosa Madre de los indios Kogi de Colombia, las tres Moiras griegas, las Parcas romanas y las Nornas nórdicas que tejían los tapices del destino bajo el fresno Yggdrasil, entre las que se encuentra la norna Skuld ;-). El huso también facilita el estado de concentración, induce a estados meditativos gracias a su naturaleza circular y rítmica, como sucede en numerosas culturas con otros objetos que giran de forma continua, como las danzas de los derviches sufíes, el dreide judío, el rosario cristiano, las ruedas de plegarias budistas, la maza del cuenco tibetano, etc. Como podemos ver, algo cotidiano como el huso puede conectarnos con lo sobrenatural. Cuando fuimos brujas nos presenta una realidad cuajada de brujería, transmitida y preservada a través de símbolos, ritos y mitos ancestrales y transculturales sin estridencias. Nos enseña que no necesitamos grandes artificios para hacer la magia, pues ésta reside en nuestra herencia cultural y en nuestro interior. Y esta convicción es la que hace que nuestro espíritu avance.