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máquina

En Baudelaire la maquinaria se convierte en cifra de las fuerzas destructivas. El esqueleto humano no es la menor de tales maquinarias.

Parque Central

Obras I, 2, p. 294

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El aparato periodístico requiere, al igual que una fábrica, trabajo y mercados. En determinados momentos del día –dos o tres veces en el caso de los grandes periódicos– es imprescindible proporcionar una determinada cantidad de trabajo a las máquinas. Y no con un material cualquiera: todo aquello que haya sucedido entre tanto en algún ámbito de la vida, de la política, de la economía, del arte..., tiene que haber sido periodísticamente elaborado.

Karl Kraus

Peter Suhrkamp, «Der Journalist» –frase puesta en boca de Karl Kraus–. Cit. en W. Benjamin, Obras II, 1, p. 343-344

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«Pretender fijar fugaces reflejos no es sólo imposible, como ha demostrado una investigación alemana rigurosa, sino que el simple deseo de así hacerlo ya es una blasfemia. Porque el ser humano fue creado a imagen y semejanza de Dios mismo, y la imagen de Dios no puede fijarla una máquina humana. Como mucho, el artista, cuando está inspirado por el cielo, puede atreverse a reproducir los rasgos divino-humanos en su instante de mayor intensidad, y ello por orden superior del genio, pero sin ayuda de máquina alguna». [En este texto del Leipziger Anzeiger, de mediados del siglo XIX] vemos manifestarse claramente, con todo el peso de su grosería, el concepto más banal de ‘arte’, al que cualquier consideración técnica es ajena, y que ha comprendido claramente que la provocadora aparición de la nueva técnica sin duda representa su final. No obstante lo cual, es con este concepto, fetichista y antitécnico, de arte con el que los teóricos de la fotografía han ido trabajando durante casi cien años, claro que sin llegar a ningún resultado. Pues lo que han hecho ha sido acreditar al fotógrafo ante el tribunal que él destruía.

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No hay experiencia más firmemente desmentida de lo que han sido las experiencias estratégicas mediante la guerra de trincheras, las experiencias económicas mediante la inflación, las experiencias corporales mediante la batalla de las máquinas, las experiencias morales mediante los que ejercen el poder.

El narrador

Obras II, 2, p. 42

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Uno se veía atrapado por la impresión la primera vez que visitaba el Campo de Marte. Con la sola excepción de la avenida central, que era el acceso, al principio tan sólo se alcanzaban a ver [...] hierros y humo [...]. La primera impresión que se tenía ejercía tal fuerza en el visitante que, prescindiendo de las distracciones que lo tentaban mientras que pasaba, se apresuraba a avanzar hacia el movimiento y el ruido, que lo iban atrayendo. Pues en todos los puntos [...] donde las máquinas estaban en reposo estallaba el acorde de los órganos movidos por la fuerza del vapor, junto a las sinfonías producidas por los instrumentos de cobre.

Obra de los pasajes

A. S. de Doncourt. Les expositions universelles, Lille/París, 1889, pp. 111-112. Cit. en Obra de los pasajes, G 7 a, 5

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Había cuatro locomotoras que guardaban la entrada en el anexo de las máquinas, semejantes a aquellos grandes toros de Nínive, o a aquellas enormes esfinges egipcias que se veían a la entrada de los templos. El anexo era el país del hierro, del fuego y del agua; los oídos quedaban ensordecidos, y los ojos quedaban deslumbrados.

Obra de los pasajes

A. S. de Doncourt. Les expositions universelles, Lille/París, 1889, p. 53. Cit. en Obra de los pasajes, G 8 a, 2

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Para la teoría de la huella. La aplicación y el entrenamiento han sido expulsados por la máquina del seno del proceso productivo. En el proceso administrativo, la hoy creciente organización produce efecto análogo. El conocimiento de los hombres, como lo adquiría un funcionario experimentado y aplicado, hace tiempo ha dejado de ser decisivo.

Obra de los pasajes

Obra de los pasajes, I 8, 1

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Aquel carácter de animalidad y voluntad que se desprende de modo misterioso de un aparato geométrico y mecánico de madera y de hierro, tela y cuerdas; ese animal monstruoso creado por el hombre al que el viento y las olas añaden la belleza de su rumbo.

Obra de los pasajes

Charles Baudelaire. Lart romantique («Victor Hugo»), ed. Hachette, vol. 3, París, p. 321. Cit. en Obra de los pasajes, J 4, 8

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En tanto objeto artístico, toda mecánica es sagrada.

Obra de los pasajes

Atribuido a Baudelaire. En Salut public, 1848. Cit, en Obra de los pasajes, J 29, 7

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La multitud, como aparece en Poe –con movimientos atropellados e intermitentes–, se describe con todo realismo. Su descripción contiene, a favor suyo, una verdad más alta. Estos particulares movimientos son menos movimientos de la gente que avanza así tras sus negocios, que los movimientos de las máquinas que de ellos se sirven. Con la mirada vuelta a lo lejano, Poe parece haber ido adaptando de ese modo su ritmo a sus gestos y a sus reacciones. Pero el flâneur no comparte esta actitud. Más bien parece que se desconecta; su ir sereno sería no otra cosa que protesta inconsciente contra el tempo del proceso productivo.

Obra de los pasajes

Obra de los pasajes, J 60 a, 6

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La fantasía sádica tiende a construcciones maquinales. Quizá en este sentido Baudelaire, cuando se pone a hablar de la «elegancia [...] de la humana armadura», ve en el esqueleto una especie de máquina.

Obra de los pasajes

Obra de los pasajes, J 71, 1

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Descubrir los aspectos mecánicos del organismo es una tendencia constante del sádico. Y es que el sádico aspira a subsumir el organismo humano en la imagen de la máquina. Sade era el hijo de una época que se deleitaba en los autómatas. El «hombre máquina» que sueña Lamettrie fue una llamada a la guillotina, rudimentaria mostración de sus verdades.

Obra de los pasajes

Obra de los pasajes, J 80, 1

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La máquina compleja, combinada, que constituye un sistema articulado de diferentes máquinas individuales y conjuntos de ellas, es tanto más perfecta cuanto más continuo pueda ser su proceso global, es decir, cuantas menos interrupciones experimente la materia prima para pasar de su primera fase hasta la última; cuanto más, por lo tanto, logre ser el propio mecanismo –y no la mano humana– el que realice el paso entre una y otra fase productiva.

Obra de los pasajes

Karl Marx. Das Kapital, Hamburgo, 1922, vol. I, p. 344. Cit. enObra de los pasajes, K 3, 2

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Cine como despliegue de las distintas formas perceptivas, los tempos y los ritmos preformados actualmente a través de nuestras máquinas, de manera que todos los problemas del arte actual hallan formulación definitiva sóla y únicamente en relación al cine.

Obra de los pasajes

Obra de los pasajes, K 3, 3

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Informa Schlabrendorf de que Saint-Simon tuvo la idea de convertir la física, y además sólamente ella, en la verdadera religión. «En las iglesias, los profesores de religión deberían dictar sus conferencias sobre los misterios y milagros naturales. Allí se dispondrían, según creo, máquinas eléctricas en el altar, aplicando corriente a los creyentes mediante el empleo de pilas galvánicas».

Obra de los pasajes

Carl Gustav Jochmann. «Graf Gustav von Schlabrendorf in Paris über Ereignisse und Personen seiner Zeit», incluido en Reliquien, vol. I, Hechingen 1836, p. 146. Cit. en Obra de los Pasajes, U 16 a

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