Eclosión. El Círculo de Bellas Artes en los 80 y 90
• El Círculo analiza la euforia artística que inundó el edificio en los años 80 y 90, protagonizando en Madrid el ambiente de libertad y entusiasmo que se extendió en España durante los primeros años de la democracia.
• Organizada junto con Acción Cultural Española, la sala Picasso ofrece una muestra de las actividades que, desde 1983, hicieron del Círculo un referente de la vida cultural española con proyección internacional, gracias a la implicación de importantes figuras de todas las esferas del arte y el pensamiento.
24 de febrero de 2026. El Círculo de Bellas Artes ha presentado la exposición Eclosión, centrada en analizar los años 80 y 90 en la institución. De forma paralela al ambiente que se vivía en todo el país con la llegada de la democracia, al clima de euforia y entusiasmo que se respiraba y a los cambios sociales y políticos que se abrían paso con impaciencia, el Círculo vivió su propia revolución, protagonizada por importantes personalidades del mundo de la cultura y el pensamiento a nivel nacional e internacional.
Comisariada por Oliva María Rubio y organizada junto con Acción Cultural Española, la exposición ofrece una mirada articulada a este periodo de renovación, destacando la
capacidad del Círculo para reinventarse y afirmar su vocación como espacio abierto, plural y experimental. A través de obras, registros fotográficos y audiovisuales, y otros materiales de archivo, el recorrido invita a comprender cómo la institución se convirtió, en pocos años, en un motor cultural que acompañó el despertar creativo de la España democrática.
El punto de partida se sitúa en 1983, cuando una nueva Junta Directiva encabezada por el escultor Martín Chirino puso en marcha un ambicioso proyecto con vocación multidisciplinar, moderna y radical, que devolvió al Círculo su papel protagonista en el mundo de la cultura. A partir de ahí, y a lo largo de las dos décadas siguientes, la institución se convirtió en un hervidero de actividades en las que se dieron cita todas las disciplinas artísticas. Además de los talleres, las exposiciones y los festivales, se organizaron seminarios, encuentros, debates, ciclos y coloquios.
Poco después de constituirse, aquella Junta Directiva presidida por Chirino organizó la llamada “Fiesta del Resurgimiento”, un gran acontecimiento al que acudieron alrededor de cuatro mil personas y que puso de manifiesto la necesidad de contar en Madrid con “un centro en el que los artistas y quienes aman el arte tengan un espacio común de encuentro”, manifestó el entonces presidente del Círculo.
La implicación masiva de artistas de gran prestigio y, junto a ellos y ellas, un sinfín de propuestas atrevidas, radicales y plurales… hicieron el resto.
Talleres de Arte Actual
Aunque la enseñanza se mantuvo en el Círculo hasta en los tiempos más oscuros, una de las mayores apuestas de la nueva Junta fueron los Talleres de Arte Actual, contemplados como un espacio de convivencia entre maestro y discípulo. La idea era establecer espacios de creación en los que un maestro de reconocido prestigio ejerciera la docencia durante cuatro semanas con absoluta libertad. El éxito, gracias a la diversidad de la oferta, fue inmediato. Antonio Saura, Lucio Muñoz, Luis Gordillo, Antonio López, Eduardo Arroyo, Nacho Criado, Nancy Spero, Julian Schnabel o Soledad Sevilla, participaron en estos talleres de enseñanza colectiva. La actividad se completaba al final de cada temporada con una exposición de los alumnos, un concierto del Grupo Círculo y los Seminarios de Arte Actual, a los que fueron invitados los más prestigiosos teóricos y profesores del momento (como Eugenio Trías, Massimo Cacciari, Estrella de Diego, Victoria Combalía o José Jiménez).
Al de Arte Actual no tardaron en sumarse los talleres de Fotografía (en los que participaron Chema Conesa, Lucien Clergue o Javier Vallhonrat), Imagen y Sonido (con Pilar Miró, Luis García Berlanga o Manuel Gutiérrez Aragón), Arquitectura (que contaron con Sáenz de Oiza, Álvaro Siza y Juan Navarro Baldeweg), Literatura (al que asistieron Cristina Peri Rossi, Bernardo Atxaga o Clara Obligado) y Música, Teatro y Danza (con Luis de Pablo, Cristóbal Halffter o Alfredo Aracil).
Los espacios de debates se multiplicaron en aquellos años, y el arte y la cultura abrían también nuevas formas de afrontar y comprender asuntos sociales de primer orden en aquellos años. Fue especialmente relevante el ciclo El cuerpo. Escenarios para la libertad (1987), organizado por Antonio Bernabeu en pleno auge del sida. En él, Jean Baudrillard, Julian Barnes, Alain Finkielkraut, Guillermo Cabrera Infante, Susan Sontag, Gianni Vattimo y Pedro Laín Entralgo abordaron el tema del cuerpo desde diferentes puntos de vista.
Exposiciones y veladas poéticas
En el apartado de las Artes Plásticas se ejemplifica a la perfección la ambición del Círculo de convertirse en referente para los artistas, además de su sensibilidad ante las nuevas tendencias artísticas del momento. Se trataron disciplinas que apenas habían recibido atención en nuestro país, como el vídeo o la fotografía. En 1984 se celebró el I Festival Nacional de Vídeo y se pudieron ver instalaciones de Wolf Vostell, Dan Graham, Marie-Jo Lafontaine o Concha Jerez. Y en 1985 echó a andar el Festival de Fotografía Contemporánea FOCO, en el que expusieron autores como Cristina García Rodero, Tony Catany, Gary Winogrand o Bill Brandt.
Otra propuesta fue Poemas autógrafos (1987), una exposición comisariada por José María Parreño en la que participaron los poetas José Ángel Valente, Blanca Andreu, Gloria Fuertes, Caballero Bonald o Jaime Gil de Biedma. Por su contenido vanguardista y transgresor, destaca también el programa de Poesía y Acción (1990), coordinado por Juan Hidalgo y al que asistieron artistas como Esther Ferrer, Isidoro Valcárcel o Nacho Criado. Destaca también el proyecto “El sueño imperativo” (1991), en el que seis artistas españoles y seis extranjeros se unieron para plantear sus obras desde una ética de la resistencia. La muestra quería repensar las relaciones arte-política y expandir el diálogo entre arte y espacio social. Precisamente esta exposición, que transformó el Círculo en un campo de fricción política y poética, será el punto de partida de La Lechuza de Minerva, una propuesta que se inaugurará el próximo 3 de marzo y en la que artistas, activistas y colectivos están invitados a ocupar el edificio con propuestas que activen una energía disruptiva que permita analizar el papel y la potencia del arte en la ciudad, las instituciones y la vida colectiva.
Las Veladas Poéticas se celebraron entre 1990 y 1995, y participaron poetas de todas las generaciones, entre ellos algunas de las voces más relevantes de la poesía nacional e internacional. Estas veladas tuvieron un eco especialmente sonado en 1993, con el recital del poeta norteamericano Allen Ginsberg, figura clave de la generación beat. Su apasionada recitación de uno de sus poemas más conocidos, Howl, un canto desgarrado sobre el periplo cultural y espiritual de una generación, dejó una huella enorme entre el público que llenó el Teatro Fernando de Rojas.
Música, teatro y cine
La música fue un pilar fundamental desde el inicio de esta nueva etapa. La iniciativa más sobresaliente en esta disciplina fue la creación del Grupo Círculo, dirigido por José Luis Temes, que se convirtió en una de las agrupaciones más prestigiosas de la música contemporánea de nuestro país. Los conciertos, las colaboraciones con los Talleres de Arte Actual, la grabación de discos y la promoción de nuevos creadores, fueron sus principales líneas de acción. El Grupo participó en festivales nacionales en Alicante, Valencia o Barcelona; e internacionales, en ciudades como Roma, París, Viena o Nueva York.
La actividad que se desplegó en el apartado teatral fue extraordinaria. Sin hacer distinciones entre generaciones y planteamientos estéticos, se dio prioridad a los autores españoles contemporáneos, como Domingo Miras, Lourdes Ortiz, Ernesto Caballero, Fernando Savater, Albert Boadella o Fernando Arrabal. Destacan los estrenos de La taberna fantástica, de Alfonso Sastre, y Caballito del diablo, de Fermín Cabal, ambas en 1985, junto al ciclo dedicado a Samuel Beckett (1985), La orgía (1986), de Enrique Buenaventura o la Muestra Internacional de Teatro Feminista, en 1987.
El Cine Estudio comenzó a rodar en marzo de 1999 con el objetivo de hacer una programación de calidad dedicada a lo mejor del cine, sin olvidar el impulso al trabajo de nuevos valores. Su antecedente fue el área de Imagen y Sonido. Se inauguró con la película Casting, de Fernando Merinero, seguida de Sonatine, del japonés Takeshi Kitano. Llegó después la Muestra de Cortometrajes subvencionados por la Comunidad de Madrid, la Semana del Cine Europeo o la Semana del Cine para la Juventud, iniciativas que marcaron el carácter de una sala única en la ciudad. Hoy, el Cine Estudio forma parte del prestigioso listado Treasures of European Film Culture, que elabora la European Film Academy, como lugar de gran valor para el cine europeo.
Baile de Carnaval
Los bailes de máscaras son una de las actividades con más tradición en el Círculo y de las más exitosas. Iniciados en 1891, se interrumpieron por primera vez en 1936 ante la inestabilidad política. Tras retomarse en 1948 con el nombre de Gran Baile de Exaltación del Traje Regional, volvió a suspenderse en 1955 y no se volvió a recuperar hasta el 84. A partir del año siguiente, serán artistas los encargados de hacer el cartel y escritores quienes escriban el pregón. Entre los primeros, Antonio Saura, Julio Le Parc, Eduardo Arroyo o Juan Genovés. Y entre los escritores, Rafael Alberti, Francisco Nieva, Lourdes Ortiz o Terenci Moix contribuyeron con su pluma a ensalzar los carnavales.
También en este periodo se pone en práctica la Lectura Continuada del Quijote, con la idea de potenciar el Día del Libro. Desde su primera edición, en 1997, acuden a la cita las personalidades más relevantes del mundo de la cultura (dramaturgos, escritores, artistas, músicos), de la política y miles de ciudadanos. A partir de 1998, la lectura la inaugura el ganador del Premio Cervantes. A esta celebración, y con el objetivo de llevar la fiesta del libro a las calles de Madrid, se sumó, en 1998, La Noche de Max Estrella. Desde la media tarde hasta la medianoche, centenares de personas recorrían varios puntos de la geografía bohemia madrileña, donde se rememoraba algún aspecto de Luces de Bohemia, de Valle-Inclán.