XXI Lectura Continuada del Quijote. Sobran los motivos

Eduardo Mendoza, Premio Cervantes 2016, da comienzo a la XXI Lectura Continuada del Quijote el viernes 21 de abril a las 18h. El tradicional acto del CBA, en el que participan personalidades madrileñas de la cultura o la política, así como lectores anónimos, los principales protagonistas, se prolonga ininterrumpidamente hasta el domingo 23 de abril alrededor de las 14h., momento en el que se diga: «Vale».

La lectura del Quijote es una cita de lo más curiosa. Muchos ilustres se ve a la legua que vienen a regañadientes. No les culpo, cae en fin de semana, te hacen preguntas… pero al menos apoyan el acto. Después, conoces gente y entiendes por qué se trata de una cita especial en el calendario del Círculo. Encuentras personas que han venido todas las ediciones; otros vienen por primera vez porque «al menos hay que venir una vez en la vida»; algunos te cuentan que su padre o su madre lo introdujeron en su lectura; ves familias enteras que tienen marcada la fecha en el calendario y que vienen religiosamente como si fueran a ver el partido de su equipo; también actores de teatro o cine, cantantes y escritores que cogen su ticket con el turno para leer como todos, como cualquier anónimo, por el simple hecho de rendir homenaje a Cervantes y su Don Quijote de la Mancha.

Es una pena leer noticias en las que corroboramos el ninguneo a la Literatura Universal o las Humanidades, por eso es importante hacer este homenaje año tras año. Hay cosas que no se pueden perder, hay que seguir luchando por la cultura, por estos referentes como el Quijote, traducido en 140 lenguas, que —para entendernos aunque se trate de una invención de lo más hortera— sí es «Marca España».

Ernesto Sábato dijo que Cervantes era el Quijote y que el resto de sus libros eran pequeñas obras. «Un escritor no gana nada escribiendo más si no es capaz en uno, dos o tres libros escribir todo lo que se refiere al bien y al mal, a la esperanza y a la desesperación, al destino de la humanidad, a los grandes problemas éticos y espirituales». Lo cierto es que en el caso del Quijote podríamos decir que la mayoría de novelas posteriores de miles de escritores son pequeñas obras a la sombra del Ingenioso Hidalgo.

Algo que podemos traducir de las palabras del mismo Eduardo Mendoza en el discurso de entrega del Premio Cervantes 2016, quien recalcó que había leído hasta cuatro veces la novela aprendiendo siempre algo de ella. La primera, que citamos, puede servir para animar a los más jóvenes a la lectura y a valorar la importancia de la literatura:

«De Cervantes aprendí que se podía cualquier cosa: relatar una acción, plantear una situación, describir un paisaje, transcribir un diálogo, intercalar un discurso o hacer un comentario, sin forzar la prosa, con claridad, sencillez, musicalidad y elegancia».

De la segunda, en su etapa de adolescencia tardía se impregnó de ese anhelo propio de la edad por «correr mundo, tener amores imposibles y deshacer entuertos.»

En su tercera lectura del Quijote, Mendoza, ya casado, descubrió el humor de la novela, no solo en la trama en sí, sino en la forma de ver el mundo del propio Cervantes. Finalmente, la última, le hizo reflexionar sobre el oficio de escritor, sobre la ficción y la realidad, sobre su propia existencia. ¿No da juego Don Quijote?

Por motivos como estos, el CBA lleva 21 años celebrando esta lectura, 21 años con un sinfín de actividades relacionadas, de exposiciones como la de las ilustraciones del Quijote de Saura, con un catálogo editado con tal motivo en 2005 —descargable gratuitamente—, o como esa magnífica obra/ensayo Quijote y los invencibles de Erri de Luca, representada una única vez en la edición de 2009 en el Teatro Fernando de Rojas del CBA, que sirvió también para editar un estupendo libro + dvd, o como el congreso internacional de 2005 con El yo fracturado. Don Quijote y las figuras del Barroco, que dio pie a un nuevo libro de ensayos, etc. También representaciones musicales, veladas poéticas, lecturas, ciclos de cine… han apoyado esta celebración coincidente con el Día del Libro.

Este año, los eventos que refuerzan esta lectura ya ha comenzado con el ciclo de cine y, como otros años, habrá un espacio illy para degustar un buen café, pero también algunas novedades con entrada libre: el espacio solidario de ACNUR, un bookcrossing con libros publicados por el departamento de Ediciones del Círculo; un homenaje al poeta Jaspe Marián de la UC3M; teatro con obras de Tang Xianzu, coetáneo de Cervantes, organizadas por el Instituto Confucio; y para los niños, cuentos chinos y el taller de Peppa Pig.

Paralelamente, la exposición M. Moleiro: El arte de la perfección. 25 años de ediciones únicas e irrepetibles expone estos tres días un ejemplar original de la primera edición completa del Quijote en francés (1692), un ejemplar de la primera edición póstuma de la Araucana de Alonso de Ercilla (1597) y uno de la Biblia del oso (1569), primera traducción de la biblia al castellano.

La XXI Lectura Continuada del Quijote se celebra del viernes 21 de abril al domingo 23. Puedes seguirlo en streaming en directo AQUÍ.

Desgarrando a Francis Bacon

Fernando Castro, profesor de Estética de la Universidad Autónoma de Madrid, pronunció el 3 de abril, dentro de Los Lunes, Al Círculo, la conferencia En el fin del tiempo [Francis Bacon y la “desesperación jubilosa”] que sirvió para «desgarrar», como bien afirmó, a este pintor británico, esencial en la Historia del Arte Moderno.

Francis Bacon no dejaba indiferente a nadie, ni como artista ni como persona. En el aspecto artístico, Castro, nos adentra en el porqué de las inquietudes que provocaba, partiendo de algunas citas célebres de la mismísima Margaret Thatcher, que llegó a decir aquello de «¿No será ese hombre horrible que pinta esos cuadros tan espantosos?»; o de críticos de arte de renombre, como John Berger, que le comparaba con Walt Disney y decía que, como aquel, era un pintor de status quo y un reaccionario. «Bacon —apunta Castro— no era valorado porque no se inscribía en la corriente principal del arte moderno que, orientado a la abstracción, convertía a la figuración en algo periférico o reaccionario».

Esta introducción vale al comisario de la exposición del CBA Francis Bacon. La cuestión del dibujo para establecer un pequeño debate acerca de la reinterpretación de conceptos en torno al realismo y la figuración. Alejado del encaje crítico de Walter Benjamin, Francis Bacon, se consideraba cercano al «realismo, siempre subjetivo». Lo cierto es que, como añade Fernando Castro, hay una gran diferencia entre «sus intenciones y lo que realmente hace como artista». Y continúa: «Bacon entiende que el realismo no es lo mismo que el naturalismo y que la pintura es un ejercicio interpretativo, de hecho, se vale de una cita de Nietzche inexistente que él adaptó a su manera: no existen hechos sino interpretaciones. Lo que quiere Bacon es representar una realidad insoportable en la que el instinto surge de un mar inconsciente de nuestro interior».

Ahondando en este sentido, el también profesor de la Escuela SUR, remite a un apartado de una entrevista de 1985 realizada por The South Bank Show, en la que el pintor irlandés dice: «No se trata de ilustrar la realidad sino de crear imágenes que sean una concentración de la realidad; una taquigrafía de las sensaciones». Algo que refuerza con una cita de Van Gogh que le gustaba mucho a Bacon: «construir una mentira que sea más cierta que la verdad literal». Para llegar a decir en otra ocasión, a raíz de su obsesión por el Papa Inocencio X de Velázquez: «Quiero pintar un Velázquez con piel de hipopótamo».

Francis Bacon era un tipo diferente, contracorriente de alguna manera. A pintores venerados en gran parte del mundo como Rothko y Pollock, recuerda Fernando Castro, les dedicó adjetivos como: sórdidos, torpes, anodinos… «Si me imagino una pesadilla insoportable esta sería estar en el MOMA en la sala de Rothko y, de cuando en cuando, me torturan en la de Pollock», dijo Bacon en alguna ocasión. Sin embargo, sí le interesaba Warhol, no desde su faceta artística, ya que lo consideraba bastante malo, pero sí en cuanto a dandi que había sido capaz de «engañar a todo el mundo».

Fotograma de El acorazado Potemkin de Eisenstein.

Fernando Castro también habla de algunos aspectos fundamentales para entender la obra de Bacon, como esa obsesión por la boca, que arranca de esa escena de Eisenstein de la niñera en El acorazado Potemkin o del cuadro de La matanza de los inocentes de Poussin. Por los mataderos, esos cuyo «olor a sangre humana alegran mi corazón», y para lo que se vale de las fotografías de John Deakin. También por la dimensión de la violencia con respecto a la historia, que le lleva a obsesionarse también con el cuadro Muerte de Acteón de Tiziano, en la que se identifica con él por la persecución a su arte. Y cómo no, por las crucifixiones, que parten de su fascinación por Picasso.

Por último, Fernando Castro termina el «desgarro» a Francis Bacon refiriéndose a aspectos más personales, algunos en relación a su estancia en Madrid los últimos años de su vida, entre los que destaca uno de sus famosos brindis, que viene a complementar de forma maravillosa esa parte del título de la conferencia referido a la “desesperación jubilosa”:

Una extraordinaria conferencia que te recomendamos ver al completo. Dos horas de aprendizaje, reflexión, anécdotas y algunas risas, que bien puedes acompañar con un buen whisky irlandés en honor a Francis Bacon.

Francis Bacon. La cuestión del dibujo Exposición comisariada por Fernando Castro, hasta el 21 de mayo de 2017 en la Sala Goya del CBA. Otros materiales disponibles:

Catálogo de la exposición descargable. 

Rueda de prensa de la exposición.