Hablamos de fracaso

La Sala de Juntas del Círculo de Bellas Artes sirvió como escenario para el primer encuentro «Hablamos de fracaso», integrado en el proyecto europeo REVFAIL, que reflexiona desde un punto de vista filosófico, social, cultural, antropológico e histórico sobre el concepto de fracaso. En esta primera cita, en la que el Círculo quiere ser un foro transmisor de las investigaciones universitarias hacia la sociedad, contamos con nuestro director Valerio Rocco Lozano, Saúl Martínez Bermejo (proyecto REVFAIL), Magally Allegre Henderson (Ex subdirectora de la Cátedra UNESCO de Igualdad de Género en IES, EMULIES), Carlos Giménez (proyecto La Caixa de Intervención Comunitaria Intercultural) y Solène de Pablos (Museo Arqueológico Nacional). Una mesa para agentes sociales, mediadores culturales, historiadoras, filósofas y antropólogas.

«El discurso de quien gana y quien pierde está ahí, pero el fracaso se analiza poco», dijo Saúl Martínez en la introducción. A lo largo de la cita se habló de él desde diversas perspectivas interesantes que fueron desde la mediación cultural a la conciliación de la vida académica y familiar en universidades, pasando por el diálogo intercultural e intergeneracional o la lucha por la resignificación de las palabras.

El fracaso de la conciliación

Magally Allegre Henderson destacó la necesidad de revertir la narrativa de fracaso existente en torno a las mujeres que trabajan en la universidad, por un lado a la hora de no ser reconocidas laboralmente con puestos de responsabilidad o jerárquicos y, por otro, por la dificultad a la hora de conciliar su vida laboral y familiar en la Universidad, que es algo que incide directamente en lo primero. En base a diversos estudios con el fin de sensibilizar que realizó su equipo en la Universidad Católica de Perú, descubrieron que un porcentaje muy amplio de mujeres se sentía culpable por atender, según ellas de manera insuficiente, tanto a la familia como al trabajo y se culpaban y atribuían sobre ellas mismas toda la responsabilidad. «De las entrevistas que hicimos a una muestra amplia de mujeres de ciencia y tecnología, todas acabaron en llanto». Y esto habla mucho de cómo la noción de fracaso está tan presente en la vida de las mujeres y de la necesidad de abrir un marco de diálogo en el que ellas sean escuchadas. Las causas por las que la noción de fracaso en la conciliación están tan presentes en las mujeres hoy en día serán mil, pero está claro que primero hay que escuchar a las protagonistas, aprender y después habrá que trabajar en esa nueva narrativa en torno a los roles de género, a los cuidados, a las bajas por paternidad y maternidad, etc.

Nadie interroga a un hombre sobre su deseo de ser padre. Sin embargo, si Sibilia se quedara embarazada, muchas personas justificarían su dedicación a la criatura, animándola a que progresivamente se distanciara del trabajo, a que lo hiciera parcial, y que ella fuera económicamente más dependiente de una posible pareja, o de cuidadoras de la familia, hasta que quizá abandonara de una vez por todas.

Remedios Zafra «El entusiasmo» [Anagrama] pág.66.

Precisamente en esa presión añadida que tiene la mujer reside esa duda permanente ante la pregunta de la maternidad, que es la que provoca que ella siempre tenga presión tanto si decide apostar por el trabajo como si lo hace por la crianza. Parecen sus dos únicas alternativas; cara o cruz. Y esto es algo que puede ser aún más dramático en el caso de una mujer que decida ser madre por su cuenta. Judith Butler aporta una clave interesante acerca del fracaso social derivado de la responsabilidad, cuando esta se considera solo desde la individualidad.

[…] cuanto más acata el individuo esa exigencia de «responsabilidad» respecto a su autonomía personal, más aislado se encuentra desde el punto de vista social y más conciencia tiene de su precariedad; y cuantas más estructuras de apoyo social desaparecen por razones «económicas», más aislado se siente frente a la angustia y el «fracaso moral» que esta situación le provoca. Todo esto se traduce en un notable incremento de la angustia sobre el futuro, tanto el de la propia persona como el de quienes están bajo su cuidado; impone un marco de responsabilidad individual sobre el que sufre dicha angustia; y redefine la responsabilidad en términos de la exigencia impuesta al individuo en tanto emprendedor de sí mismo, justamente cuando las condiciones sociales hacen imposible tan dudosa inclinación.

Judith Butler, Cuerpos aliados y lucha política.

El fracaso en las entidades culturales

Solène de Pablos, del Museo Arqueológico, centró su exposición acerca del fracaso a la hora de llegar a ciertos públicos, en este caso jóvenes, por parte de una entidad como el Museo Arqueológico Nacional. «El hecho de reconocer errores es un buen punto de partida para humanizar a las entidades culturales ante los fracasos». Solène destacó la necesidad de reconocer los errores e indagar sobre ellos a la hora de afrontar un análisis reflexivo y sincero sobre esta cuestión. Sin embargo, lo difícil es medir ese tipo de errores De memoria estamos llenos, pero de fracaso poco y eso que en nuestro trabajo esto está repleto de artistas fracasados, catedrales fallidas, batallas perdidas…pero esto no tiene cabida en los museos, que son como las casas del éxito: los yacimientos más completos, los mejores artistas… Hay una asignatura pendiente porque esta memoria del fracaso sí se podría recuperar de los almacenes. El fracaso no tiene entidad propia. También hay figuras silentes fracasadas, que no están.

«Hay alguien que define qué es el éxito evolutivo y todos los demás somos unos fracasados»

Carlos Giménez comenzó su exposición acordándose de Machado: «Para conversar, primero preguntar, y después, escuchar. En el país faltan muchas preguntas y mucha escucha.» Posteriormente puso sobre la mesa, como antropólogo, los fracasos de los proyectos de desarrollo. Para Carlos hay que redefinir las palabras progreso y desarrollo. «El fracaso no es solo un tema de estudio, es un sufrimiento humano y a mí me interesa analizarlo para mejorar la vida de las personas», apuntó. Posteriormente pasó a analizar el fracaso desde la perspectiva de su propio proyecto sociocultural, que ha desarrollado con Demospaz en más de 36 barrios de toda España. «Hemos aprendido del error y hemos conseguido una mayor participación en todos ellos.». Carlos explica cómo a través de una concatenación de errores y fracasos puestos a estudio, han conseguido mejorar la metodología para que los proyectos que preparan en los barrios sean participativos. Algo que explicó muy bien en una charla anterior en PÚBLICA20.

Un elemento importante del que habló Carlos Giménez es de la necesidad de escuchar al que no tiene voz habitualmente, al fracasado, para poder encontrar esos espacios imposibles en los que cambiar las narrativas. Ocurre mucho en las ciudades donde se aglutinan emigrados, refugiados o personas del propio país, como los que vienen de la España vaciada, que encuentran en Madrid o Barcelona ese sueño aspiracional y que luego se transforma en un contenedor de fracasos.

Hay deseos que movilizan, pero también logros que frustran

Remedios Zafra, pag.147, El entusiasmo (Anagrama)

Los otros fracasos

La conversación abarcó otros conceptos interesantes para poder llegar a comprender el fracaso desde distintos ángulos. Se habló del fracaso como invento de la modernidad y muy vinculado al capitalismo; también de cuando «Truman introdujo el término de países «subdesarrollados» -explicó Giménez-, que metió en el saco a millones de personas en lo que fue un un truco de dominación. YO defino TU fracaso»; de las ausencias que hay en los relatos culturales ya de por sí patriarcales y capitalistas; de la necesidad de encontrar nuevos diálogos interculturales e intergeneracionales; del Gran Fracaso al que nos encamina el cambio climático; de la llamada «ideología de la productividad» que llega a escuelas, cultura, universidades; o de los «espacios improbables» para imaginar nuevas categorías sobre las que plantear problemáticas sociales.

Una reflexión muy interesante que te recomendamos ver:

I+D+c

Valerio Rocco Lozano, director del Círculo, destacó que este debate será el primero de muchos más, en los que el Círculo, quiere ser un espacio de difusión de este proyecto. Estas mesas del siglo XXII se marcan dentro de una estrategia que trata de impulsar espacios de encuentro que permita una transferencia del conocimiento de las investigaciones humanísticas a la sociedad. «La innovación está en el centro de todos los discursos públicos y oficiales. Se entiende como transferencia del conocimiento a la sociedad, pero esto se ha definido muy bien desde todos los ámbitos, menos desde las artes y las humanidades. El CBA tiene la vocación de ofrecerse como espacio para esa transferencia, una iniciativa que llamamos I+D+c porque pensamos que la «i» en los ámbitos humanísticos se traduce en cultura, compromiso social, conocimiento, crítica, conceptos…y por qué no, de Círculo de Bellas Artes».

Todos somos contingentes, pero tú eras necesario

El Círculo de Bellas Artes llora el fallecimiento de José Luis Cuerda, vocal de su junta directiva y uno de sus ilustres socios desde el 20 de octubre de 1983. Cuerda ha sido seguramente uno de los referentes de la comedia costumbrista surreal y del humor absurdo, lindando en ocasiones con el esperpento, que ha dado el cine español. Pero para el Círculo significó mucho más. En momentos de dificultades siempre ha estado dispuesto a apoyarlo, dando la cara por él, participando en campañas o aportando su sabiduría en distintos encuentros para la Escuela SUR, en entrevistas para la revista Minerva o en reuniones improvisadas ante cualquiera que quisiera pasar un rato con él. Ha sido uno de nuestros grandes embajadores.

Solía decir que al Círculo de Bellas Artes le debía todo porque su padre ganó aquí jugando a los naipes la casa en el Paseo de la Habana a la que se mudaron desde Albacete. Pero nosotros le debemos mucho más por toda la simpatía, cariño y generosidad que siempre nos ha brindado.

Hacía un tiempo que no se le veía por esa Pecera del Círculo que solía frecuentar y en la que lo podías ver comiendo o tomando un café en compañía de amigos. Su aspecto tranquilo, de mirada plácida, no anticipaba lo gran orador que era, algo que acompañaba siempre con ímpetu y un lenguaje gestual jovial muy característico. La cabeza le funcionaba como un reloj suizo y la boca no descansaba un momento a la hora de contar mil y una anécdotas y conversaciones de su vida o de sus películas. Difícilmente se le gastaban las palabras para hablar al mismo tiempo de Luis García Berlanga, Rafael Azcona o Fernando Fernán Gómez, como de Alejandro Amenábar, Mateo Gil o David Trueba. Fue una especie de eslabón intergeneracional capaz de congregar a su alrededor una compañía de todas las edades. Si no, que les pregunten a Edu Galán, Andreu Buenafuente, Berto Romero y Arturo Valls, que produjeron su última película Tiempo después desde la admiración y la amistad absolutas.

Precisamente la novela homónima en la que se basó esta película fue el punto de partida de la entrevista que le encargamos a Edu Galán con José Luis Cuerda para la revista Minerva. Por entonces Galán ya introducía esta novela dentro de la que denominó como «cuatrilogía albaceteña». Esta partía con Total, seguía con Amanece que no es poco y con Así en el cielo como en la tierra, y se cerraba con Tiempo después, cuya materialización en cine aún no era ni un proyecto concreto en el momento de hacer aquella entrevista.

Cuarenta años más tarde, al bendito José Luis Cuerda no se le puede colocar en una generación determinada. Cuerda tiene una extraña virtud, solo al alcance de unos pocos cineastas y de nuestro Señor Jesucristo: que su filmografía cómica sea él. Que, al abrir la boca, casi todo lo que dice José Luis pueda ser cine, su cine.

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La jornada-homenaje #MdeMoliner puso el lenguaje a debate

Con #MdeMoliner es el título de la jornada-homenaje que el Círculo de Bellas Artes dedicó el 3 de febrero de 2020 a la filóloga, lexicógrafa, bibliotecaria y profesora, María Moliner, en la que una de las salas del edificio fue bautizada oficialmente con su nombre, sumándose así a otros nombres ilustres de otros tantos espacios del CBA como Ramón Gómez de la Serna, María Zambrano, Antonio Palacios, Goya, Juana Mordó o Valle-Inclán. A lo largo de la jornada celebramos una rueda de prensa, una sesión de cine y un coloquio, los tres con entrada libre hasta completar aforo. Curiosamente, sin premeditación, este mes de marzo se cumple el 120 aniversario de su nacimiento.

De izquierda a derecha: Valerio Rocco Lozano, dtor. del CBA, Amalia Iglesias, poeta y filóloga, Juan Miguel Hernández León, presidente del Círculo, y Pedro Álvarez de Miranda, catedrático y miembro de la RAE.

María Moliner trabajó durante quince años, lápiz en mano, en la elaboración de su mayor hito, el Diccionario de uso del español, que con alrededor de 3.000 páginas agrupadas en dos tomos es uno de los referentes más importantes de nuestra lengua. «Hizo una proeza con muy pocos precedentes: escribió sola, en su casa, con su propia mano, el diccionario más completo, más útil, más acucioso y más divertido de la lengua de la lengua castellana» llegó a decir el Premio nobel de Literatura, Gabriel García Márquez en un artículo titulado La mujer que escribió un diccionario, quien además añadió que «es más de dos veces más largo que el de la Real Academia de la Lengua, y -a mi juicio- más de dos veces mejor.» Pero María Moliner no solo debe ser reconocida por su magnífico diccionario, repleto de definiciones, sinónimos, expresiones y frases hechas, etc. sino por su compromiso con la divulgación, la formación humanística y la educación. Premio Extraordinario en la licenciatura de Historia en la Universidad de Zaragoza, sus trabajos y reflexiones en torno al archivo y las redes de bibliotecas rurales también sirvieron de inspiración en la Segunda República y en trabajos posteriores.

El CBA ha sido intervenido con distintas frases de María Moliner en el día que la homenajeamos con actividades abiertas al público.

Sobre todo ello se habló en la rueda de prensa con la que comenzó la jornada, en la que participaron el presidente del Círculo de Bellas Artes, Juan Miguel Hernández León, la filóloga y poeta, Amalia Iglesias, y el académico de la RAE y profesor de la UAM, Pedro Álvarez de Miranda. Uno de los temas más recurrentes fue precisamente el texto citado de Gabriel García Márquez, en el que hace mención dos veces al hecho de que María Moliner considerara que remendar calcetines fuera su verdadero oficio. «Me irrita que se mencione este asunto, como el de que escribió el diccionario en una mesa camilla», dijo Álvarez de Miranda. A lo que Amalia comentó: «Moliner dijo eso de manera muy irónica, ya que pese a ser una mujer muy familiar no era precisamente muy dada a las labores domésticas».

En 1973 el también lingüista y filólogo Emilio Alarcos fue incorporado a la Real Academia de la Lengua en detrimento de María Moliner, algo cuya resonancia aún llega hasta nuestros días en forma de crítica a la institución, por machista, cosa que también reflejó García Márquez y que Pedro Álvarez de Miranda se anticipó a matizar. «Claro que lo merecía, pero no hay que olvidar que Emilio Alarcos era un lingüista de mérito. Solo apuntar que las cosas no son tan simples. Moliner no se postuló el año siguiente para ingresar en la RAE, algo que seguramente habría conseguido, pero después sobrevino su Alzheimer y ya no hubo opción. Años más tarde al menos la academia se adelantó a la francesa, por ejemplo, a la hora de incorporar a una mujer por primera vez; lo hizo en 1978, fecha en la que entró Carmen Conde, quien precisamente en su discurso de admisión precisó que María Moliner debería haber sido la primera en hacerlo».

Su labor de divulgación cultural también fue destacado por Amalia Iglesias, quien recordó una frase incluída por Inmaculada de la Fuente en la biografía El exilio interior: La vida de María Moliner: «Creyó que la precisión de las palabras era el primer paso decisivo en la transmisión de la cultura».

Por la tarde, después de la sesión doble en Cine Estudio, donde se proyectaron Bola de fuego y Semiotics of the Kitchen, la jornada se completó con un coloquio, Lenguaje a debate, que pudo seguirse en streaming y en el que se trataron temas tan actuales como el lenguaje inclusivo y el lenguaje en el humor y en las redes sociales.

De izda a dcha: Valeria Ros, Amalia Iglesias, Susana Guerrero y Manuel Alcántara.

En este debate, que puedes ver a continuación y que fue emitido en streaming, intervinieron la misma Amalia Iglesias de moderadora y participaron Manuel Alcántara Plá, Susana Guerrero y Valeria Ros. En él se trataron temas tan interesantes como el lenguaje inclusivo, el humorístico y el que se utiliza en redes sociales. A destacar, cómo las redes sociales han puesto sobre la palestra temas polémicos como el de las palabras desdobladas, el femenino inclusivo o el sexismo en la comunicación entre otras. De hecho, la misma RAE ha llegado a cambiaar algunos significados como, por jemplo, los de «sexo débil» o «fácil» o para generar un debate público en torno a la perversión del lenguaje, a los eufemismos… «Todo lo que atañe al lenguaje es polémico; el lenguaje es poder», decía Susana Guerrero en una intervención. Y vaya si lo es…

 

Escucha la entrevista a nuestro director Valerio Rocco Lozano en #EcosdelCírculo #EcosRC de Radio Círculo en relación a esta jornada.