Banksy vs Banksy. Anonimato, instituciones y arte social: la complejidad del sistema artístico actual.

Fallen Angel, obra de BANKSY en The Street is a Canvas.

Texto de Lola Rodríguez Bernal.

El pasado 3 de diciembre de 2020 el Círculo de Bellas Artes daba comienzo a una de las exposiciones más esperadas de la temporada: BANKSY. The Street is a Canvas. Con ella, algunas de las obras de Banksy llegaban por primera vez a España; otras ya habían sido presentadas al público nacional dentro del formato institucional.  Aunque no hizo falta abrir las puertas del Círculo para sembrar la polémica en el público. Se había activado ya un dispositivo de debate, reflexión y diálogo en torno al carácter de la exposición y, por supuesto, en torno a la figura de Banksy. Y es que el artista británico parece despertar fuertes opiniones y debates a su alrededor. Ya sea por las contradicciones externas que retrata o las contradicciones internas que encierra en sí mismo, tratar con un artista como Banksy significa ser el punto de mira de la actualidad cultural.

En las fechas próximas a su inauguración en los medios de comunicación salían a colación las cuestiones más ardientes. Algunos expresaban su descontento. Acusaban a la institución de aprovecharse del anonimato del artista, de contribuir en la mercantilización del arte urbano. Otros medios, por otro lado, no glorifican al artista, sino que lo condenaban. Después de su intervención en la destrucción de la Niña con el globo, al autor ya no le quedaba nada de ese arte incómodo —que supongo que antes ofrecía—: se había convertido en un personaje totalmente fagocitado por el sistema. Parece que, a grandes rasgos, estas son las dos únicas formas de interpretar a Banksy: o genio o gamberro. Banksy 1, el genio de las grandes injusticias, el feroz artista urbano crítico con las espantosas cumbres del deshumanizante sistema capitalista. Un poquito de tergiversación, medio kilo de contraposición de imágenes pop, y rellenar a ojo con irreverencia y humor británico. Y la opción Banksy 2, el artista que había llevado las intervenciones cuasisituacionistas a la vanguardia de la publicidad. La mayor marca artística jamás creada hasta hoy en día, referente del marketing contemporáneo. ¿Pero es este todo el debate que Banksy ofrece? De toda la polémica, arena, viento y tierra que remueve, ¿esto es todo lo que podemos sacar en clave? Y, si en cierta manera esto es así, ¿qué nos dice todo esto sobre la situación actual del arte?

Dos visitantes en la exposición de BANKSY The Street is a Canvas.
Dos chicos contemplan a Niña con el globo en la exposición que presenta el CBA.

Esa es la intención del Círculo, la razón por la que la dinámica iniciada en los medios de comunicación cumplían ya en cierto sentido con la misma finalidad de la exposición: reflexionar, discutir y debatir sobre la figura de Banksy y la situación actual del arte. Y esa es la función de la conferencia Banksy contra Banksy, celebrada el pasado lunes 21 de diciembre, dentro de Los Lunes, al Círculo, uno de los espacios que ofrece la casa para debatir, como actividad complementaria —que no secundaria— a las exposiciones y a otras actividades del Círculo. Pues la cuestión que rodea al artista no es precisamente un asunto de coser y cantar. El mismo presidente de la casa confesó al comienzo de la conferencia haber experimentado cierto extrañamiento y distanciamiento en su primera visita a la exposición. Así, grandes, amplias, recurrentes y complejas fueran las preguntas que Peio H. Riaño, Eduardo Maura, Fernando Castro y Paz Olivares lanzaron al público durante la conferencia.

Peio H. Riaño abrió la conferencia destacando los dos fracasos que —a su parecer— Banksy había llegado a cometer llegados a este punto. El fracaso de no haber salvaguardado y velado por las instituciones culturales, que en su progresivo declive financiero y, después de la crisis del 2008, se encuentran en un estado deplorable; por otro lado, su fracaso y derrota frente al sistema capitalista, que había acabado absorbiendo su figura al margen del artista. Pues no deja de ser irónico que todo el dinero que en un momento se utilizaba en borrar las huellas callejeras del artista ahora se multiplique exponencialmente en la financiación de exposiciones —aquí, en España y en todo el mundo—, que, por cierto, no cuentan con el respaldo del artista. Riaño señalaba que las intervenciones apreciables de Banksy eran las relacionadas con su actuación e implicación social. Se refería por ejemplo al The Walled Off Hotel, obra ubicada en el muro de Apartheid, que separa Israel de los territorios palestinos. O al famoso barco Louise Michel —en honor a la anarquista y feminista—, que rescató este verano a centenas de migrantes de las garras del mediterráneo —digámoslo, aunque sea en tono suave— y de negligencia europea.

También Riaño coincidió con Eduardo Maura en su pregunta por el modelo de exposición para —y a propósito de otras propuestas como como Van Gogh Alive— acabar planteando la pregunta sobre el tipo de pedagogía que deben seguir o las instituciones culturales. ¿Cómo se tienen que plantear las exposiciones para producir el ejercicio de la cultura, la reflexión, la activación cultural? ¿Cómo se activa la reflexión no sólo in situ, sino antes, durante y después de la visita a la institución? ¿Cómo se producen estos debates, como el que estamos teniendo ahora mismo? (Debate que por cierto, ya planteó Carolina del Olmo con algunos de los participantes de esta misma exposición en un artículo de la Revista Minerva).

El anonimato de BANKSY y su documental

Fernando Castro, por su parte, introdujo al debate otras cuestiones que Banksy suscita: su anonimato y su relación con la muerte del autor; el desplazamiento de la calle a la institución —gesto sobre el cual Castro declaró creer ser intención genuina del artista, enfrentándose directamente al supuesto fracaso propuesto por Riaño—; y la posición consciente del artista de la herencia duchampiana en su posicionamiento artístico. Así, tanto Paz Olivares como Castro, trayendo a colación el documental Exit Through the Gift Shop, ascendieron el debate y la obra de Banksy a una propuesta artística autoconsciente. O como Olivares sintetizó a través de la famosa proposición de MacLuhan: que los medios a través de los que Banksy muestra su obra al público son parte misma en realidad del mensaje de su propuesta.

Y es que la visualización de Exit Through the Gift Shop (ETGS) no puede dejar indiferente a nadie. Nominada a los Oscars en 2010, comúnmente clasificada como falso documental y con múltiples guiños a Fraude de Orson Welles y Oja Kodar, ETGS no es una película sobre Banksy, al menos a la manera convencional del biopic. ETGS es un documental en el que Banksy funciona como catalizador, como medio, una excusa para cuestionar la situación contemporánea del arte. Al comienzo del documental, Banksy dice ‘’la película trata sobre lo que pasó mientras que este tío intentaba montar un documental sobre mí. Pero como al final el tío resultó ser más interesante que yo, ahora la película va sobre él’’.

El susodicho es Thierry Guetta, un francés residente en Los Ángeles, distinguido por su obsesión por grabarlo todo —primer guiño a Warhol— y por una gran capacidad para hacer negocios con cualquier cosa que se proponga. A partir de un primer contacto con el graffiti, Guetta comienza a relacionarse con el street art y a querer involucrarse con su cámara en toda su actividad: quiere filmarlo todo. Así es como poco a poco comienza a conocer a artistas de la talla de Invader y Shepard Fairey. Aunque pronto a Guetta estos artistas le comienzan a parecer insuficientes: ¿de qué le sirve todo esto si no puede conocer y filmar al gran artista del momento? Así es como nuestro artista conoce, colabora y se obsesiona con Banksy. El artista británico no tarda mucho en darse cuenta del tipo de persona que es Guetta y para, literalmente, quitárselo de encima, Banksy invita a Guetta a que se centre en crear su propio arte. Y aquí es donde comienza realmente la acción: ahora Guetta es Mr Brainwash, el protagonista real del documental. Al mando de decenas de personas, en una gran nave abandonada —a lo rollo Factory— y en un periodo de tiempo muy corto, Mr. Brainwash consigue presentar sus obras con un éxito comercial colosal. En definitiva, Mr. Brainwash consigue crear una marca en un tiempo récord, gracias a la producción en masa de sus obras, con un moderno enfoque de diseño, y bajo las pautas propias del narcisismo de la espectacularización de su aura.

Así es como el documental recoge magistralmente los ecos baudrillardianos propuestos en el artículo publicado en 1996, El complot del arte, para hablar de lo superfluo del arte contemporáneo. Mr. Brainwash es la ausencia de originalidad; la banalidad y el puro fetichismo. La prueba de que ‘’el arte no muere porque haya más arte: muere porque hay demasiado’’[1]. La constancia de que en un mundo donde todo hombre merece ser artista al menos durante 15 minutos, el gusto y la vida quedan totalmente anestesiadas por esa estética disney de gran parque de atracciones.

Sin duda, también Banksy aprovecha la figura de Mr. Brainwash para apelar, en un ejercicio frankensteiniano, a la desmitificación de los artistas. ¿Cómo pretenden ir el público y los medios de comunicación de modernillos con estas modas tan dieciochescas? Otras obras del artista, como Morons —que con diez años de antelación se posicionaba ante la destrucción de Niña con el globo—; su colaboración en la cabecera de Los Simpsons en MoneyBART; y su rol como curador en Dismaland, son como  pruebas infalibles de la posición de consciencia de su arte en una sociedad postduchampiana. Sin querer entrar en dicotomías y simplificaciones, esta nueva lectura de su obra nos da lugar a unas —quizás no tan nuevas— preguntas.

Morons, de Banksy, 2007

¿Es Banksy un buen artista por hablar de la situación y ambigüedad del arte contemporáneo a través de las propias reglas de este? Más allá de que acabe siendo fagocitado por ciertos sectores de la sociedad, ¿no invita Banksy a la reflexión sobre el complot del arte contemporáneo? ¿No hace el intento Banksy, en una cultura capitalista que absorbe todo lo que puede, de concienciar sobre su situación? ¿Es un maestro Banksy, como comentaba Rafa Giménez a propósito de la exposición, en presentar las paradojas del arte contemporáneo?

O como sugería Riaño, ¿fracasa Banksy actuando finalmente como un cómplice de la farsa del sistema artístico? En 2017 Gary Shove publicaba un libro sobre Banksy que llevaba como subtítulo ‘’Usted representa una amenaza tolerable y si no fuera así ya lo sabría’’. ¿Tiene algún tipo de efectividad esa reflexión a la que invita Banksy, o acaba eventualmente siendo un engranaje más del sistema capitalista? ¿Es el documental en realidad un canal donde Banksy sólo quiere diferenciarse, desmarcarse y justificarse con respecto a otros artistas? Como el propio título nos invita a pensar, ¿es posible entrar en el mundo del arte sin salir, efectivamente, a través de la tienda de regalos?

Cartel de la película Exit Through the Gift Shop

Llegados a este punto, habrá, por supuesto, quienes se aventuren a tener una opinión lapidaria y firme al respecto; pero lo que no se puede negar es la complejidad y urgencia del asunto. ¿Preferimos, entonces, la ambigüedad? Al respecto de esto, también en El complot del arte, Baudrillard sostiene que la ausencia de imperativos críticos tan propia de la posmodernidad da lugar sólo potencialmente a una posibilidad, al ‘’complot distinto pero enigmático, indescifrable. Todos los discursos son ambiguos, incluyendo el mío. Todos participan en cierta forma de complicidad vergonzante con el sistema, el cual, por otra parte, necesita de ese discurso ambiguo para que le sirva de caución’’. Y es que cuando hablamos de Banksy no hablamos de su arte, sino, como nos dice este chiste —ya un poco desgastado, pero siempre tristemente certero en su punch line— de algo más grande que el propio arte: ¡Es la economía, estúpido!


[1] Baudrillard, Jean, El complot del arte: Ilusión y desilusiones estéticas, AMORRORTU, Buenos Días, 2006

Fallece John Berger, Medalla de Oro del CBA

El Círculo de Bellas Artes quiere expresar su pesar ante el fallecimiento de John Berger (Londres, 5 noviembre 1926 – París, 2 enero 2017), uno de los novelistas y ensayistas más originales y relevantes del mundo anglosajón, Medalla de Oro del Círculo de Bellas Artes en 2006.

John Berger

«Creo que la gente es más obstinada de lo que pensamos. Y creo que es muy importante que haya gente que hable, que exprese sus deseos, porque cuando alguien expresa un deseo o una esperanza, anima a la gente a buscar y extraer el deseo o la esperanza que llevan dentro y que han dejado de lado, pero que sigue allí. Y entonces todo sucede muy, muy rápido. Es contagioso».

Eso hizo John Berger a lo largo de sus 90 años de vida: expresar a través de la escritura deseos y esperanzas que siempre partieron de la vocación por ponerse en la piel de los demás y luchar por los desheredados, los débiles, los enfermos, los emigrantes, los campesinos… las mal llamadas hoy, minorías. Lo hizo en incontables ocasiones en las que aprovechó su exposición pública para denunciar la desigualdad y la injusticia social. Como ejemplo, en 1972, después de recibir el prestigioso Premio Booker por su novela G., donó la mitad de las 5.000 libras recibidas al Black Panther Party de Londres (Panteras Negras) después de denunciar la explotación ejercida por la firma que le otorgaba el premio y otras multinacionales en las colonias británicas del Caribe.

Antes de eso, había sido artista, pero como nos cuenta César Rendueles en Los surcos de John Berger, artículo publicado en la revista Minerva, lo dejó «porque pintar cuadros no era una manera lo suficientemente directa de luchar contra las armas nucleares».

No solo fue un hombre comprometido socialmente, también lo fue en el plano puramente artístico. Fue un constante observador, cuya mirada sirvió para invitar a la reflexión sobre el arte, incluso de manera didáctica, como en su artículo Modos de ver y en la serie subsiguiente que protagonizó en la BBC y que lo hizo célebre por mostrar una visión —valga la redundancia— distinta de la realidad, según nos la habían mostrado. En el arranque de estos programas, Berger rasgaba un cuadro decimonónico para llamar la atención en que hoy —segunda mitad del XX— «vemos la pintura tradicional europea como nunca antes; y si descubrimos por qué, descubriremos también algo sobre nosotros mismos y sobre el momento en que estamos viviendo». Una serie en la que de forma cercana, rompedora e inteligible introducía ideas ya expresadas por Walter Benjamin en su artículo La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica, de 1936.

El Círculo de Bellas Artes echará de menos a John Berger al que, coincidiendo con la acogida de su exposición Como crece una pluma —un trabajo conjunto con su amiga, la artista Marisa Camino—, entregó su Medalla de Oro en 2006, el mayor reconocimiento de esta institución. En aquella visita derrochó cercanía y familiaridad, algo palpable en esta entrevista, también publicada en Minerva. En 2014, el Círculo de Bellas Artes también publicó un volumen que recoge todos los poemas escritos por John Berger entre 1955 y 2008. El libro incluye un cd con la voz del propio Berger recitando algunos de estos poemas. Aunque él de insistía, como se cuenta en el prólogo, que no podía considerarse poeta porque es algo que solo corresponde al lector decidir; supongo que le alegraría saber que muchos sí creemos que se ha ganado el atributo. Descansa en paz artista, novelista, ensayista, crítico, guionista, articulista… y poeta.

HOMENAJE A JOHN BERGER EN EL CBA VIERNES 15.09.2017

VÍDEO ÍNTEGRO DEDICADO A BERGER EN EL HOMENAJE

ESTRENO DEL DOCUMENTAL The Seasons in Quincy. Four Portraits of John Berger 

¿Era el arte una broma?

Javier Arnaldo en 'Los Lunes, Al Círculo'
Javier Arnaldo durante su conferencia en ‘Los Lunes, Al Círculo’

Aparece un grupo de personas reunidas a lo largo de un salón, mostrando los síntomas de un aburrimiento elevado. Bajo sus figuras puede leerse el texto “Esa tarde, decidieron no discutir sobre arte contemporáneo” y la firma de Benoit Van Innis, en una viñeta de 1990. Desde su llegada, el arte contemporáneo siempre ha sido objeto potencial de la sátira y la burla. Tal y como mostró Javier Arnaldo en ‘Los Lunes, Al Círculo’, existe un recorrido histórico de largas discusiones y críticas -desde distintos sectores de la sociedad- hacia lo emergente en las prácticas artísticas.

Buen ejemplo de ello se toma de algunas tiras cómicas en las que se ha debatido de forma irónica sobre esta cuestión. En distinto formato pero mismo contenido, también aparece en la película Lo que piensan las mujeres (1941) de Ernst Lubitsch o en Manhattan (1979) de Woody Allen. Arnaldo explicó que con el paso del tiempo llega un momento en el que “se acabó la película” de bromear acerca del arte contemporáneo. La pieza “Black Video Machine” del artista conceptual Eric Doeringer, que ofrece la imagen de una pantalla ya apagada, es reflejo de este impulso de cambio.

Sin embargo, tras la aparición de algunos estudios recientes sobre el Cuadrado negro (1915) del pintor ruso Kazemir Malévich, parece que el peso de la broma vuelva a caer sobre el arte. ¿Podría haberse entendido verdaderamente bajo la noción de broma? Según contó Arnaldo en su sesión, esta pieza aparece últimamente acompañada de una pantalla que reproduce el mismo cuadro, pero que lo mira con ojos distintos: los rayos X muestran “las capas de distintos colores ocultas tras el negro y con mensajes que podrían relacionar la obra directamente con el concepto de la broma”.

Las palabras -en ruso- escondidas debajo del Cuadrado negro leen: “Dos negros peleando en una cueva“, aludiendo a las famosas estampas de Alphonse Allais y sugiriendo, a su vez, que Malevich estaba en conversación con el grupo de artistas de París llamados Les incohérents. Y el cuadrado negro no es el único caso, sino que estos mensajes ocultos se encontrarían debajo de algunas otras obras del autor suprematista.

Malevich Cuadrado Negro
Cuadrado negro (1915), Kazemir Malévich

Asimismo, Arnaldo señaló que la imagen del Cuadrado negro significaba más que una obra artística, ya que acompañó a Malevich en diferentes ámbitos relacionados con su vida: aparece en las portadas de sus libros, en los carteles del movimiento de artistas rusos UNOVIS e, incluso, hasta en su lecho de muerte -tanto en el interior de la sala de hospital como en la celebración de su funeral-. “Había un componente muy serio en toda esta cuestión”, afirmó el conferenciante.

“Y aquí viene la pregunta del millón: qué se está representando, y si se hace en un tono de seriedad o bajo la broma”. Arnaldo afirmó que es difícil de responder, y que se trata de un polémica contemporánea que debe servirse de tesis como la de Ad. Rheingardt en “Cómo mirar al arte moderno en América” (1946): el arte contemporáneo tiene sus “propias normas de juego, que producen un cambio de paradigma entre objeto y persona, como la transformación del propio sujeto que ahora debería aprender a plantearse: ¿Y yo qué represento?”.

Javier Arnaldo es Doctor en Historia del Arte y profesor en la Universidad Complutense de Madrid. Sus publicaciones ahondan en temas relacionados con las pedagogías artísticas y la cultura visual, el arte del Romanticismo y las vanguardias históricas. Como comisario, Arnaldo ha participado en numerosas exposiciones, la última de ellas en 2008, titulada ¡1914! La Vanguardia y la Gran Guerra. Asimismo, también se ha ocupado al estudios de los museos, un ámbito al que ha estado muy vinculado profesionalmente: entre 2001 y 2011 trabajó como conservador en el Museo Thyssen-Bornemisza.

Próximas conferencias abiertas al público en el Círculo de Bellas Artes:
#LunesAlCírculo 24 de abril: Juan Calatrava Jugar la ciudad / Jugar en la ciudad. De Jules Verne a Aldo van Eyck.
#MoisésyAarón 27 de abril: Juan Ángel Vela del Campo. El coro: pasión y paisaje.
#LunesAlCírculo 9 de mayo: Juan Miguel Hernández León Arte y juego.
#CátedraAcciona 17 de mayo: Félix de Azúa
#MoisésyAarón 25 de mayo: Jan Assmann Moisés y Aarón de Schönberg y la tragedia del monoteísmo.
#CátedraAcciona 15 de junio: Antonio Muñoz Molina

Por Alejandro Alcolea