Agentes forestales, la policía del medioambiente

La Asociación Española de Agentes Forestales y Medioambientales (AEAFMA) se reunió recientemente con motivo de la presentación en el Cine Estudio del Círculo de Bellas Artes de una serie de vídeos en el que se muestra el trabajo que realizan los más de 6.000 agentes que cuidan y protegen nuestro entorno natural. Alberto Esteban, presidente de esta asociación, que lucha porque se equipare su estatus con las demás Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y que pretende que se les reconozca como «policías medioambientales», nos atendió para contarnos en qué consiste su trabajo, que siempre va ligado a la defensa del medioambiente y que muchas veces pasa desapercibido frente a otros cuerpos como el SEPRONA, la UME o los bomberos. Esta entrevista se engloba dentro de #CírculoPorElClima, iniciativa que lanzamos coincidiendo con la celebración de la Cumbre por el Clima en Madrid, por la que haremos de altavoz de todas las actividades y citas ecologistas que albergamos cada año.

¿Por qué estos vídeos?
Intentamos visibilizar una profesión que, como otras muchas, están invisibilizadas y más en un momento en el que deberíamos estar “en la cresta de la ola” ante todos los problemas medioambientales por el clima y los recursos naturales, que se reflejan en los programas políticos o que también hemos visto en la Cumbre por el Medioambiente.

¿Qué es un agente medioambiental?
Los agentes medioambientales somos los antiguos guardas forestales, que la gente conoce en sus pueblos y territorios. Somos los ojos de la flora, la fauna, los que vemos si las aguas, las tierras o el aire están contaminados, etc. No solo nos movilizamos cuando existe un problema, como la reciente contaminación del río Besòs; también somos una herramienta educativa y preventiva que supervisa licencias, tratamientos de residuos, construcciones ilegales, persigue a furtivos…

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Palabras que anticipen hechos

Por Sofía García.

Se acaba de inaugurar en Madrid (bajo la presidencia de Chile) la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático de 2019, nombre resumido en la poco atractiva abreviatura de COP25, que nada dice. En ella participan 50 jefes de Estado o de gobierno y representantes de los principales organismos internacionales.
Esta cumbre tiene un lema que la cobija: «Tiempo de actuar». Y es que, efectivamente, el tiempo de las palabras y los discursos debería dar paso cuanto antes al tiempo de los hechos y la acción. Análisis y debates nos han proporcionado la información necesaria para calibrar bien el problema. A golpe de estudios, el diagnóstico es rotundo y ofrece poco margen a la duda; un margen tan estrecho en el que ni siquiera caben ya los negacionistas.
En el Círculo de Bellas Artes hemos escuchado en los últimos años algunas de las voces más importantes y comprometidas a nivel mundial en materia ecologista. Recogemos en este artículo cuatro de esas voces: Naomi Klein, Vandana Shiva, McKenzie Wark y David Watson. Para poner fin al «tiempo de las palabras», nada mejor que escucharlos a ellos.

La periodista, escritora y activista Naomi Klein, pronunció la conferencia, El capitalismo contra el clima. Klein sostiene que el cambio climático es una alerta que nos obliga a replantearnos nuestro actual modelo económico, ya fracasado en muchos aspectos, y defiende que la reducción masiva de emisiones de gases de efecto invernadero es la única oportunidad de acortar las enormes desigualdades económicas, replantear nuestras democracias fracturadas y reconstruir las economías locales.

Una agricultura a pequeña escala con especial protagonismo para las mujeres, puede convertirse en un agente de especial importancia para la renovación ecológica. Ésta es la interesante teoría que expuso Vandana Shiva en el Círculo de Bellas Artes. Frente a la agricultura industrial, responsable del 75% de la destrucción ecológica, Shiva, una de las más prestigiosas ecologistas, feministas y filósofas de la ciencia, apuesta por los pequeños agricultores, especialmente mujeres, que promuevan el rejuvenecimiento de las áreas rurales, la justicia social y la dignidad del trabajo, al tiempo contribuyan de forma importante a frenar el cambio climático.

Civilización, tecnología y barbarie fue el título de la conferencia de David Watson, enmarcada en las clases abierta de la Escuela SUR. En esta charla, el escritor norteamericano expuso la ideas principales de su libro En el camino a ninguna parte. Civilización, tecnología y barbarie, recientemente publicado, en el que advierte sobre los impactos del desarrollo tecnológico en las sociedades humanas, el medioambiente y las culturas de los pueblos primitivos.

Recogemos, por último, la conferencia del escritor australiano McKenzie Wark, Catedrático de estudios culturales y medios de comunicación, que reflexionó sobre el rol de la amenaza climática en la etapa actual. En su planteamiento sobre el cambio climático, Wark compara las grandes empresas de tecnologías que dominan el mundo con conductores ebrios. A su juicio, este conductor avanza temeraria y rápidamente hacia el abismo, incapaz de leer las señales de alerta del cambio climático ni tampoco otras luces de emergencia. En esta metáfora que elabora, todos nosotros somos pasajeros de este vehículo desbocado.

Periódicos, emisoras de radio, canales de televisión y artículos en internet, nos siguen reflejando datos, estadísticas, estudios y reportajes que ofrecen un panorama desolador a corto plazo. Los acuerdos que lleguen tras las diferentes cumbres, no pueden ser considerados a estas alturas buenas noticias. La buena noticia vendrá cuando se anuncie la entrada en vigor de medidas valientes e inminentes.

Foto principal: Catálogo Mar de afuera de Manuel Vilariño.