Carlos Saura: «Hacer fotografía es un acto peligrosísimo porque guardas el pasado»

Carlos Saura Fotógrafo es el título breve y conciso de la exposición sobre la retrospectiva del director aragonés comisariada por su amigo Chema Conesa, que se puede ver en la Sala Picasso del Círculo del 1 de octubre al 12 de enero de 2020.

«La intención principal es mostrar de principio a fin la mirada de reportero que tiene Carlos Saura», afirma Chema Conesa. Con esa finalidad, la muestra se compone de 118 fotografías seleccionadas por el comisario ya que, como confiesa Saura, «yo no habría tenido el valor de bucear en mi pasado porque no me interesa, ni me reconozco».

Fotosaurio: «Mi hija Ana y su madre»

Además, encontramos material de su archivo personal como polaroids, piezas audiovisuales, fotografías pintadas a las que él mismo bautizó como fotosaurios, publicaciones fotográficas, diarios de rodajes ilustrados y algunas cámaras de fotos de las que ha ido haciendo acopio desde aquella primera cámara Leica M3, que usó en sus inicios a principios de los años cincuenta, hasta las cientos de ellas que comenzó a coleccionar en Argentina tras el rodaje de El Sur.

Aunque su vocación frustrada fue la de músico, algo a lo que se negó en rotundo su madre pianista, Carlos Saura descubrió la fotografía muy pronto, de niño, de manera inocente.

«Mi primera fotografía fue por amor a una niña con 7 u 8 años. Le robé la cámara a mi padre, le hice la fotografía y se la envié con un dibujo de un corazón atravesado por una flecha y la frase «Te amo»»

Ese no había sido su primer contacto con las imágenes. Su padre guardaba álbumes de papel en los que pegaba distintas fotos y recortes por todas partes. «Las mirábamos constantemente y quizás de ahí venga mi obsesión y la de mi hermano Antonio por estar rodeados de imágenes». Carlos Saura llega a la fotografía por estos álbumes y posteriormente, la fotografía le llevó al cine, donde ha desarrollado después su carrera profesional.

La fotografía es para Saura «un instrumento mágico, uno de los mayores descubrimientos de la humanidad», y la compara a un espejo en el que puedes dejar la imagen quieta y captarla, «un milagro que nos da contexto» y que de alguna forma nos enfrenta al pasado. Algo que no siempre es fácil. «Cada uno de nosotros pasa más o menos rápido por distintas etapas de su vida y vamos dejando un poso. La fotografía es la que muestra ese poso del que de otra manera yo no me acordaría y me doy cuenta de que era otra persona, que era diferente, que pertenecía a otro momento, que mi familia era esta…». Para explicarlo se remitió a los heterónimos de Pessoa y escarbando un poco en el Libro del desasosiego que el escritor luso firmó con su heterónimo Bernardo Soares, encontramos lo que creo que puede refrendar las palabras de Saura, pero con el lenguaje poético de aquel: «Me acuerdo de repente de cuando era niño y veía, como hoy no puedo ver, rayar la mañana sobre la ciudad. Entonces la mañana no rayaba para mí, sino para la vida, porque entonces yo, sin ser consciente de ello, era la vida. Veía la mañana y sentía alegría; hoy veo la mañana, y siento alegría, y me quedo triste. El niño sigue aquí, pero enmudeció. Veo como veía, pero por detrás de los ojos me veo viendo; y ya sólo con esto se me oscurece el sol y el verde de los árboles me resulta viejo y las flores se marchitan antes de aparecer.»

El tiempo nos cambia física y emocionalmente, nos hace mudar de ideas, nos hace ver de otro modo y Saura a sus 87 años en el momento de presentar esta exposición lo sabe muy bien; y más cuando se enfrenta a sus propias fotografías. «Apretar el obturador de una cámara supone un acto peligrosísimo porque lo que se guarda tanto en los móviles, como en las tabletas, es el pasado y eso es tremendo».

A Carlos Saura no le interesa el pasado, «no me interesa porque estoy demasiado preocupado por el presente y el futuro». No en vano, este «hombre del Renacimiento» –como lo describe Chema Conesa por su curiosidad y labor polifacética incesante–, está actualmente inmerso en el montaje de su película El rey de todo el mundo, de la que se han incluido en esta muestra algunas páginas del guion ilustrado por el director aragonés. Y es que el dibujo, es otra de sus grandes pasiones. «El dibujo es maravilloso. Creo que en la vida no solo hay que usar la cabeza para pensar, también es necesario usar las manos».

En la parte superior, el guion ilustrado de Carlos Saura de la película que está montando actualmente: «El rey de todo el mundo».

Para terminar, mencionar que el Círculo de Bellas Artes prepara un ciclo de cine dedicado al director y fotógrafo en el que se podrán ver: Los golfos (1960), Ana y los lobos (1973), Cría cuervos (1976), Bodas de sangre (1981), ¡Ay, Carmela! (1990) y Tango (1998). Y también, incluímos varias citas relacionadas con la muestra en forma de visitas guiadas y coloquios, en la nueva programación de Los Lunes, Al Círculo, en el que podremos ver en persona tanto a Carlos Saura como a Chema Conesa, entre otros.

Exposición Carlos Saura Fotógrafo. Sala Picasso del CBA.
Martes a domingos de 11h a 14h y de 17h a 21h hasta el 12 de enero.

Antoine D’Agata

Antoine d’Agata (Marsella, 1961) es fotógrafo y director de cine. Miembro de la agencia Magnum Photos, en su obra puede intuirse una huella ?ya lejana? de su aprendizaje junto a Larry Clark y Nan Goldin en Nueva York. Sus fotografías exudan una sensibilidad extrema y una manera de estar en el mundo inmersa en la intensidad y alejada de la sencillez. Y es que para d’Agata, que se ha perdido con su cámara en mil ciudades y mil noches para volverse a encontrar, la fotografía, más que un arte, es puro activismo político.

Dentro de la última edición de PHotoESPAÑA, el fotógrafo galo expuso en el Círculo de Bellas Artes Corpus, un conjunto de textos, imágenes y varios audiovisuales que reconsideraba la trayectoria de un hombre de vida excesiva, protagonista de sus propias imágenes. Corpus fue una de las muestras seleccionadas por Alberto García-Alix (Premio Nacional de Fotografía) en la carta blanca que le otorgó el festival, a la que tituló Exaltación del ser.

En la siguiente entrevista, que será publicada íntegramente en el próximo número de la revista Minerva, d’Agata expone su particular filosofía de la imagen: nos habla, entre otros temas, de la importancia de la acción, de la responsabilidad y de la entrega, en detrimento de la estética; de su excepcional y polémico papel dentro de la agencia Magnum; de la fascinante omnipresencia de lo visual en la sociedad; y de su profunda necesidad de acompañar sus fotografías de palabras y explicaciones.

Alberto García-Alix y su «carta blanca», entre lo sublime y heterodoxo de PHotoEspaña 2017

La «carta blanca» existe. Como paradoja, esta libertad de acción se la ha concedido PHE17 a Alberto García-Alix, Premio Nacional de Fotografía, uno de los fotógrafos más libres de nuestro país. Se podría decir que ha sido como echar gasolina al fuego, una invitación ya no a ser aún más libre, sino aún más transgresor. Así pues, ha dispuesto del privilegio de seleccionar a su antojo seis exposiciones y una actividad dentro del epígrafe La exaltación del ser. Una mirada heterodoxa de la programación de PHotoEspaña 2017, que en su vigésima edición se presentó en el Círculo de Bellas Artes el pasado jueves 17 de mayo.

García-Alix, que siempre ha jugado a pisotear como nadie los límites socialmente preestablecidos con su ilimitada mirada, sí ha aprovechado esta licencia para satisfacer esos instintos provocadores, voyeristas, marginales, lisérgicos, sexuales, violentos… con una selección que no deja indiferente de ninguna manera y que, como apunta él mismo, está «entre lo sublime y lo heterodoxo».

En La exaltación del ser. Una mirada heterodoxa Alix ha recogido a diversos autores en los que también encontramos paralelismos en su propio recorrido fotográfico y vital en torno al autorretrato y la autobiografía, algo que explica muy bien en la conferencia que el autor dio hace unos años en el CBA con motivo de una exposición (vídeo a continuación desde el 6’22» al 9’00»). Precisamente, todos los fotógrafos que ha escogido muestran de alguna manera ese alma, esos trazos autoreferenciales en esa búsqueda constante del lado más oscuro de un ser que duda, zozobra y se angustia. Algunos tienen aún esa «mirada hacia afuera», visible en sus comienzos, y otros, se aproximan más hacia adentro, a las cloacas de uno mismo.

Entre las muestras fotográficas elegidas por García-Alix están las tres que acoge el Círculo de Bellas Artes desde el 31 de mayo al 24 de septiembre y que, a continuación, pasamos a enumerar con los comentarios del propio Alberto García-Alix.

«Autorretrato» Antoine D’Agata. Sala Goya

La exaltación toma la carne como catapulta de los sentidos. En la obra de Antoine d’Agata, nos convulsiona y agita. Imágenes y textos nos llegan como embates de hierro. Dan sobre nuestra carne y nos provocan. Sentimos vértigo. El desamparo es vital y el miedo constante. Frío o calor. El desencuentro como futuro y el presente lacerando el cuerpo. Antoine lo tortura o lo deconstruye, como si moldeara barro. Lo aprisiona a límites que aniquilan la intimidad más absoluta. Lo pone ante nuestros ojos en un universo de jaula. Como bajo la lona. Sin entorno ni referencias temporales. La obsesión es la atmósfera y lo febril, la luz. Un soplo religioso. La violencia del deseo. Su penitencia. La teatralidad de la revelación. Fantasmagorías. Apariciones. O quizás sean santos postrados ante el altar de los sentidos. El amor y su violencia. Los cuerpos como estigma y dogma. No hay regreso ni salida. Ni bellos sueños. Ni otro camino que la inercia de la caída. Obra sublime. Eleva lo existencial de la angustia. La náusea. El caos. La desazón. De ahí que vomite vacío, lo exhausto de la existencia.

«Load Shine» Paulo Nozolino. Sala Picasso del CBA.

En la obra de Paulo Nozolino, la idea pasional de la presencia y su espectro son vistos siempre desde el plano vertical. Un espacio donde la línea frustra el horizonte. Lo adensa y lo pone ante nuestros ojos oscureciendo el detalle. Hay en sus imágenes un todo destruido que nos habla, que nos interroga. Como a fuego lento. La abstracción gana sustancia. Miramos penumbra. La descomposición de un paisaje oprimido. Reverberación de ausencia. El pasado lo habita. Soledad de vacío. Angustia, tragedia y dolor. Quizás Nozolino comenzó mirando el cielo. Un cielo siempre pesado. Sus imágenes parecen salir de sueños. Hoy, con este trabajo, Load Shine, sujeta su mirada a lo intemporal de lo que yace en apariencia muerto. Vemos un mundo que se destruye continuamente. Como en esa imagen que muestra una bombilla aislada en silencio, donde la luz es herida; o esa otra que muestra los pies de un burro muerto. Con flash y a mediodía. Una vaporosa y visible idea de muerte nos embarga. El corazón en la mano. Vivimos en decadencia eterna.

«Fui un hombre sin moralidad» Pierre Molinier. Sala Minerva.

Ahora pongamos sonidos negros. Sordina. El espíritu oculto. Disfraz. Voyeurismo. A Pierre Molinier y a su obra los alimenta Eros. Seducido constantemente por el doble o por sí mismo, se trasviste. Se hace el amor. Se posee. Parece una muñeca con la piel de otros cuerpos. Es Pierre. Medias oscuras. Papel pintado. Zapatos. Fetichismo. La profanación y su placer excelso. Estamos ante la obra de un gran fabulador. Un independiente. Un individualista con lo femenino como obsesión y pertenencia. Una mirada heterodoxa y radical que busca en la figuración del deseo su territorio más íntimo de creación. Lo nutre un modernismo gótico. Un darse sin pudor y el narcisismo como espejo multiplicador. No se pone prohibiciones ni censura. Solo es juego. Sexo andrógino. Sin vellosidad. Hermafroditismo simbólico. En sus imágenes le vemos sonreír, con dientes afilados. Hierático y rabioso como si fuera un caníbal, se oculta tras una máscara ornamentada de recortes. Cuerpos entrelazados. Un hombre que escribió y fotografió sobre la cruz ficticia de su tumba el epitafio “Ce fut un homme sans moralite” (“fui un hombre sin moralidad”). Con esta lucidez acepta su causa. No busca gloria ni honores. Se muestra obsceno. Perverso. Como un exhibicionista abriendo su gabardina. “Mise en scène” y luz fría. Un gabinete de curiosidades mórbidas. Misterio, sexualidad, fantasía. De ahí que lo surrealista en su obra sea evidente y lejano al mismo tiempo. Hasta para su muerte, preparada y ejecutada por su propia mano. “Je me tue” (“me mato”), dejó en la nota. Feroz hedonismo e independencia.

Hay que advertir que, sobre todo la exposición de D’Agata no está recomendada para menores de 18 años, y que sus imágenes e instalaciones audiovisuales pueden herir sensibilidades. Lo cierto es que estas fotografías, más allá de lo técnico, que son geniales, pueden revolver estómagos y conciencias con su temática. Para eso está la «carta blanca» de la opinión, para que cada uno saque las conclusiones que quiera. Incluso a aquellos que pataleen les preguntaría, ¿os habéis planteado por qué pataleáis? Es curioso contemplar que determinadas noticias que nos pasan a diario las televisiones o las redes sociales no provocan ni la mitad de reacciones que algunas obras de arte y fotografías.

Datos de interés:

  • PHE17 del 30 de mayo al 24 de septiembre en el Círculo de Bellas Artes.
  • Alberto García-Alix estará en la Cátedra ACCIONA de la Escuela SUR, que tiene lugar en el Círculo de Bellas Artes el 24 de mayo de 2017 a las 19h., en una conversación ABIERTA AL PÚBLICO.
  • Antoine D’Agata será uno de los profesores en el Curso de Fotografía de la Escuela de las Artes 2017 #edla17 que dirige Nicolás Combarro. Impartirá el tema Fotografía y autobiografía del día 27 de junio. ¿Te apuntas?

Esther Cidoncha. Retratos de jazz

Nicholas Payton by Esther Cidoncha

En 1989, durante un concierto en Valencia de The Modern Jazz Quartet, Esther Cidoncha decide fotografiar al legendario combo norteamericano. Los negativos impresionados en esa sesión inaugural por Esther marcan el punto de partida de una excepcional carrera profesional que, desde esa fecha y hasta su desgraciada muerte en mayo de 2016, quedaría para siempre estrechamente vinculada al Jazz, un tipo de música que la propia fotógrafa definiría como “compleja, sugestiva y evocadora”.

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El CBA acoge la primera muestra de Louise Dahl-Wolfe en Europa

PHotoEspaña 2016, que bajo el título Europas se desarrolla desde el 1 de junio al 28 de agosto, se presentó en el Círculo de Bellas Artes con un ambicioso festival que incluye a 330 autores en 94 exposiciones y 16 programas y actividades en 52 sedes nacionales e internacionales.

El CBA, que acoge tres exposiciones, es —un año más— una de las sedes del festival, entre las que encontramos también al Museo Nacional del Prado, el Reina Sofía, Museo ICO, Tabacalera, Museo del Romanticismo, Museo del Traje, Casa de América, Biblioteca Nacional, FNAC, etc.

Louise Dahl-Wolfe , Sin título, 1940 © Louise Dahl-Wolfe, 1989 Center for Creative Photography, Arizona Board of Regents Cortesía de Staley-Wise Gallery, New York
©Louise Dahl-Wolfe , Sin título, 1940, Cortesía de Staley-Wise Gallery, New York

Entre las interesantes exposiciones que acoge el CBA dentro de #PHE16 destacamos Con estilo propio, Louise Dahl-Wolfe (Sala Goya del 01.06 al 31.08), que ahonda en la figura de esta fotógrafa estadounidense, especialmente conocida por su trabajo en la revista Harper’s Bazaar entre 1936 y 1958. Dahl-Wolfe abrió camino en un tipo de fotografía relacionado con la moda, que se definió como “medioambiental” y que influyó directamente en el trabajo de fotógrafos como Richard Avedon. Algunos de los personajes a los que retrató son: Orson Welles, Lauren Bacall, Mae West, Joséphine Baker, Vivien Leigh, Marlene Dietrich, André Malraux… Esta exposición es especial, ya que es la primera vez que una muestra de la artista se expone fuera de los Estados Unidos.

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#EcosRC en las exposiciones del Círculo de Bellas Artes

En Ecos del Círculo, magazine cultural de Radio Círculo que atiende a las actividades del Círculo de Bellas Artes, visitamos las exposiciones actuales del CBA.

 

Navegamos por el Danubio:

 

Edificamos con juguetes:

 

Nadamos en la abstracción del alfabeto:

Os invitamos a este acercamiento sonoro que adquiere forma de reportaje, y os esperamos en las salas del Círculo de Bellas Artes.

Danubio, el río negro

Uno de mis sueños de juventud era atravesar Europa y recorrer en piragua  los 4.000 kilómetros fluviales que hay desde la desembocadura del Rin en el Mar del Norte hasta el delta del Danubio en el Mar Negro, pasando convenientemente de uno a otro cauce por el canal Rin-Meno-Danubio. Si esta idea era sensata o tan siquiera realizable es lo de menos. Los sueños no están concebidos ni para ser juiciosos ni para ser fácilmente hechos realidad. Y mucho menos para alguien con la cabeza llena de historietas de El Corsario de Hierro, libros de Javier Reverte y revistas del National Geographic (cuando aún no se publicaban en castellano). Para soñar de forma políticamente correcta ya estaba el InterRail.

Algunos años más tarde tuve la ocasión de hacer parte de ese recorrido sobre una autocaravana con algunos amigos. Atravesábamos fronteras, los paisajes cambiaban pero el río era el mismo. El gran Danubio azul bien podría llamarse el río negro, no sólo por nacer en la Selva Negra y morir en el Mar Negro, sino también por la densa y oscura historia acontecida en las tierras que su curso atraviesa. Guerras, migraciones, comercio, cultura, luchas por el poder, destrucción y reconstrucción. Ciudades que cambian de nombre, países que se desmiembran.

Danubio, unas veces frontera y otras vía de comunicación. Tu nombre es un sueño de civilización y aventura para un chico español de barrio. Tu esencia refuta el dicho latino domi manere convenit felicibus, que asegura que el hombre debe permanecer en su propia tierra para ser feliz. O quizá no. Te veo en la exposición de Francisco González San Agustín en el Círculo de Bellas Artes y siento nostalgia de lo vivido y anhelo de lo que no he conocido, una tensión entre pasado y futuro sólo resoluble en el presente, porque la vida es lo que está pasando y no lo que estamos esperando.

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Convertir el cuerpo en un cuarto de juegos. En ciertas fotografías de Ana Casas Broda, pertenecientes a la serie Kinderwunsch, el cuerpo de la autora se muestra marcado con rastros de pintura infantil. Unos rastros que, en palabras de Ana, dibujan el modo en que la maternidad ha cambiado su vida. Y es que Kinderwunsch es un término alemán que hace referencia a la unión de las palabras niños y deseo, lo cual desemboca inevitablemente en la querencia de ser madre.

Esta serie, incluida dentro del certamen PHotoEspaña 2015, da muestra de un sinfín de temas más, entre los que destacan el poder de la fotografía como símbolo de afecto; el miedo social al contacto y al cuerpo como un tema eminentemente político, o la necesidad del artista de crear para aferrarse al presente. De estas y de algunas otras cosas más conversamos con Ana Casas Broda el mismo día de la inauguración. Gracias, Ana.

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nóstos

Nóstos

Coincidiendo con la publicación de Nóstos el libro de José Manuel Navia que catalizó esta exposición-, el suplemento cultural de La Vanguardia recogía un breve texto en el que se engarzaban La Odisea (como relato germinal de la literatura de viajes) y el concepto de nóstos (como vuelta a la patria, regreso, llegada, camino…) con Albert Camus (como escritor rehén de la memoria). Dentro de este cruce de relaciones, aparecía una frase muy esclarecedora y conclusiva: la de que “al fin y al cabo, todo viaje es en cierto modo alrededor de uno mismo”.

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