El cine underground y psicodélico de aquí: “Arrebato” de Iván Zulueta

Cine Estudio del Círculo de Bellas Artes programa Arrebato de Iván Zulueta, una película que con el paso del tiempo ha adquirido un halo casi místico que la convierte, tirando de adjetivos manidos pero reconocibles, en uno de los más importantes exponentes del cine underground, maldito y de culto, producidos en España.

Fotograma de “Arrebato” de Iván Zulueta con Eusebio Poncela y Cecilia Roth.

Cine dentro del cine, vampiros, infancia, introspección, autodestrucción, terror psicológico y drogas son los ingredientes que encontramos en esta cinta inclasificable y experimental a la que rodean unas cuantas preguntas. Tan desconcertante es, que muchos pensaron que Iván Zulueta, que entonces no sabía que afrontaba el rodaje de su última película, no tenía un guion predefinido y que todo se hacía al azar. Lo cierto es que Zulueta sí tenía un guion. Sus problemas fueron más de tiempo como de presupuesto que, por inexperiencia, habían calculado con la siguiente cuenta de la vieja: Si Leo es pardo —corto previo que tuvo una buena acogida en el Festival de Berlín y que también se proyecta en Cine Estudio en sesión doble— costó X y su rodaje fue de X días, calculamos el dinero/día de rodaje y multiplicamos por los días que durará el rodaje de Arrebato. Vamos que les financiaron 4 millones de pesetas cuando la media para estas películas era de diez veces más. Tal cual… Y claro, la cosa se disparó con imprevistos y de 15 días de rodaje pasaron a varias semanas con lo que muchos técnicos, sobre todo los de sonido, abandonaron el barco por diversos compromisos.

Iván Zulueta incluyó muchos cortos e imágenes que guardaba grabadas en Super-8 y no tuvo más remedio que conformarse con muchas primeras tomas. En el rodaje aguantaron, como bien ha confirmado en ocasiones el productor Augusto Martínez Torres, «los amigos, entre los que estábamos nosotros y los actores, y algún profesional por el que se salvó la película, sobre todo, por el iluminador Ángel Luis Fernández y su equipo».

Entre esos amigos estaban los protagonistas Eusebio Poncela, Cecilia Roth y Will More —tristemente fallecido en agosto de 2017, del que Zulueta decía que era «pura anarquía, pero un diamante en bruto»—, el mismo productor, así como Alaska, que aparece en uno de los cortos de la misma película, o un jovencísimo Pedro Almodóvar, que además de visitar frecuentemente el rodaje, ayudó a doblar una secuencia de Helena Fernán Gómez con un falsete.

«Un desastre total, tuvo muy malas críticas y nadie fue a verla a los cines Azul donde se estrenó. La rechazaban en los festivales. La razón era su forma de tratar la droga. Tiempo después la pusieron en las sesiones nocturnas del también desaparecido Alphaville y estuvo casi un año, pero al parecer iban a verla los mismos y aprovechaban para fumar cuanto querían», dijo Augusto Martínez Torres.

Iván Zulueta (izda) y Will More (dcha) en el rodaje de Arrebato.

Lo cierto es que 38 años después, esta película de culto recibe halagos allá donde se proyecta, e incluso el dvd que incluye los cortos previos del director, se ha convertido en pieza muy preciada entre freaks del cine. Uno de los que ha valorado con el tiempo esta película es nuestro programador de Cine Estudio, Manuel Asín, quien habla así de la cinta: «Arrebato es la ‘summa’ de la imaginación mixtificadora de Iván Zulueta, uno de los cineastas fundamentales de la historia del cine español. En éste que acabó por ser su último largometraje metió vampiros, Super 8, cine dentro del cine, psicodelia, la Gran Vía, dibujos animados… Y el resultado es una película tan redonda como escurridiza, tan prometedora como definitiva».

Eusebio Poncela, protagonista de la película, hablaba así en 2010 en el Festival de Cine Mar del Plata donde se hacía una retrospectiva de Iván Zulueta: «Ha sido un visionario que se ha adelantado a su tiempo. Era un provocador. En el año 1979, en España, ni siquiera había empezado la movida madrileña. La visión de Iván era tan auténtica que es indestructible, el tiempo juega a su favor. Es una película que perdurará, todos pereceremos y Arrebato quedará».

Pero quizás la mejor definición es la del propio Iván Zulueta quien, antes de morir a finales de 2009, decía de Arrebato: «Ni es redonda, ni falta que le hace… Es una película arriesgada, honesta y honrada». Y quizás ese sea otro de los motivos por los que en estos tiempos en que el cine en general adolece de casi todo ello, sea una película tan preciada.

Tras Arrebato, su vida como realizador estaba acabada, aunque posteriormente dirigió un par de capítulos para la televisión —Párpados para Delirios de amor (1989) y Ritesti (1992) para Crónicas del mal—. Sin embargo, su relación con el cine continuó con la realización de carteles, entre otros, para Pedro Almodóvar, Manuel Gutiérrez Aragón o Miguel Albaladejo.

Su muerte en 2009 provocó una ola de agradecimientos y reconocimientos entre sus compañeros. Cineastas de la talla de Julio Medem, por ejemplo, reconocen en Arrebato una «rareza seductora», una influencia definitiva.

Pero quizás podríamos destacar, por la trascendencia que tiene internacionalmente, este párrafo incluido en el elogio de Pedro Almodóvar a Iván Zulueta publicado en inglés en 2009 en la web del British Film Institute:

«Es muy difícil hablar de sus últimos años, inmediatamente después de Arrebato, cuando se retiró en San Sebastián, como Norma Desmond, pero con todos sus sentidos intactos y sin haber abandonado ni un ápice de su exquisita sensibilidad. El cine español acaba de perder uno de sus cineastas más originales, y junto con Erice, el que logró dar a sus imágenes el mayor significado estético. Nunca filmó una sola imagen banal. El elemento en el que se sentía más cómodo era la abstracción. La imagen pura, rebosante de significados pero liberada de la carga de la ficción, siempre amortiguada en una rica variedad de paisajes sonoros. David Lynch, pero menos sombrío y más pop. Psychedelia era su escuela, y él hizo verdaderas obras maestras en este estilo.»

Algunas frikadas:
  • En 1968 dirigió Último grito, un innovador programa musical para televisión.
  • Iván Zulueta protagoniza en 1969 junto a su amigo Antonio Gasset el corto de Jaime Chávarri, Ginebra en los infiernos.
  • En 1969 rodó Un, dos, tres, al escondite inglés, su primera película que, sin embargo, no pudo firmar la cinta tras el cierre de la Escuela Oficial de Cine de Madrid, ya que no estaba sindicado y no tenía título. El nombre que figuró en su estreno fue el de José Luis Borau, productor de la misma.
  • Tanto en Último grito como Un, dos, tres, al escondite inglés aparece José María Íñigo, mítico presentador de Eurovisión.
Más enlaces de interés:

Tráiler de la película:

 

 

La exposición “Fellini. Sueño y diseño”, un bello adiós al fotógrafo Mimmo Cattarinich

Domenico ‘Mimmo’ Cattarinich, fotógrafo y realizador italiano, falleció el 28 de agosto en Roma a los 80 años de edad. Destacamos la noticia porque el 10 de octubre el Círculo de Bellas Artes estrena Federico Fellini. Sueño y diseño, donde Cattarinich se erige en uno de los protagonistas, ya que puso la firma en 1993 a las fotografías del último rodaje de Fellini, que se expondrán en la misma.

Junto a dibujos de los sueños del director que sirvieron de inspiración para la grabación de estos spots publicitarios, así como otros documentos y proyecciones, veremos una selección de las casi mil imágenes (800 a color y 200 en B&N) del rodaje y backstage de este inusual encargo de la agencia publicitaria Saatchi & Saatchi para la Banca di Roma, con la producción de Filmmaster, de Sergio Castellani. En el reparto figuran Anna Falchi, Paolo Villaggio y Fernando Rey, sin olvidarnos de la aparición de Ellen Rossi Stuart.

Fellini con Paolo Villaggio en el rodaje de los anuncios para Banca di Roma. Imagen de Mimmo Cattarinich que se publicará en el catálogo de la exposición Fellini. Sueño y diseño.

«El material, entre documentación directa y secuencias del backstage, ofrecía un amplio abanico de imágenes: escenas sugerentes, intensas, de auténtica diversión. También de profunda verdad, de la autenticidad del director. Era posible construir un discurso visual de innegable interés», pensó el comisario Gianfranco Angelucci cuando en 1997 le presentaron por primera vez la posibilidad de realizar esta exposición.¹

Mimmo Cattarinich. Imagen de Mymovies.it

Cattarinich, además de trabajar para revistas (Time, Life, Bildzeitung, Interview, Panorama, etc.) en publicidad y reportajes, sobre todo del mundo del espectáculo, tendencias e incluso erótico —trabajó también para Playboy—, fue uno de los fotógrafos más importantes del cine en Italia documentando películas. Debutó de la mano de Mario Bava con Gli invasori, para trabajar después con Ferreri, Bolognini, Lizzani, Antonioni, Leone, Tornatore, Risi y, por supuesto, Fellini. Además, también para directores de otras nacionalidades como John Cassavetes o Paul Mazursky.

Lista a la que habría que añadir muchos más nombres de relumbrón, como nos indica Gianfranco Angelucci, director de cine, escritor y comisario de la exposición en Mimmo Cattarinich, el fotógrafo del gran cine, obituario publicado en Articolo21: «Innumerables e inolvidables son sus imágenes de El gatopardo, La dolce vita, las de Pasolini junto a Maria Callas en Medea, las de Bernardo Bertolucci o las de Vittorio de Sica dirigiendo a Alberto Sordi en las tomas de El diluvio universal. En las últimas décadas Cattarinich había colaborado con Pedro Almodóvar, Robert Altman y Roberto Benigni, entre otros».

Pedro Almodóvar entre Victoria Abril y Marisa Paredes en el rodaje de “Tacones Lejanos”. Foto de Mimmo Cattarinich incluida en “Los archivos de Pedro Almodóvar” (Taschen ed., 2011).

Considerado el “Mago de la Luz”, apelativo en el que incide la exposición que el Centro de Estudios de Pier Paolo Pasolini le dedicó bajo el título La magia de la luz, ha sido uno de los fotógrafos más requeridos para retratar a actores como: Faye Dunaway, Catherine Deneuve, Antonio Banderas, Vittorio Gassman, Rock Hudson, Sofia Loren, Marcello Mastroianni, Brian De Palma, Alain Delon, Anthony Quinn, Penelope Cruz, Javier Bardem, Mickey Rourke, Monica Bellucci…

Mimmo Cattarinich. Ritratto Pasolini, 1973. Stampa baritata vintage, cm 21×31. Imagen de Archivokultura70. http://archiviokultura70.blogspot.com.es/

Cabe añadir, que también hizo sus pinitos como director con Little Lips (1978), en España, Historia de Eva, en la que había representación española con los actores José Luis López Vázquez y Bárbara Rey.

La exposición Federico Fellini. Sueño y diseño, que está en la Sala Goya del Círculo de Bellas Artes del 10 de octubre al 21 de enero de 2018 servirá de alguna manera, no solo para recordar al genial director de Rimini, sino para rendir homenaje a al fotógrafo que, como añade Angelucci en el artículo antes citado, supondrá «un bello adiós para Mimmo, un saludo glorioso para él que amaba tanto España».

Notas:
  1. Texto incluido en el catálogo homónimo de la exposición.

El edificio del CBA, una historia escrita en piedra

Imagen del diario ABC correspondiente a la inauguración del edificio del CBA en 1926.

Tras su fundación en 1880, el Círculo de Bellas Artes creció de manera exponencial y tuvo que cambiar de sede en innumerables ocasiones hasta encontrar su sitio definitivo. Esto no ocurrió hasta el lunes 8 de noviembre de 1926 a las 11:30 de la mañana con la inauguración de la sede en la esquina de Alcalá con la actual calle Marqués de Casa Riera. El rey por entonces, Alfonso XIII, acompañado por el mayordomo mayor de Palacio, el Duque de Miranda, fue recibido por la junta directiva del CBA, presidida por Juan Fernández Rodríguez, así como por el arquitecto Antonio Palacios y todos comenzaron el acto con la visita a la exposición de Ignacio Zuloaga, la primera que albergó el edificio, continuó por los distintos salones, espacios y terrazas, tuvo parada en la azotea y sus vistas a vista de pájaro sobre Madrid y, como curiosidad, acabó —cito textualmente de la página 423 de la publicación El año político de 1926— con un lunch.

Días después de la inauguración comenzaron a sucederse las actividades culturales, tales como el teatro, del que hemos encontrado este extracto de la primera función en el Teatro Fernando de Rojas.

“La Época de Madrid” del 9 de noviembre de 1926 adelantaba el primer programa teatral del nuevo edificio del CBA.

El edificio del Círculo de Bellas Artes, con más de 90 años de existencia, es quizás uno de los mejores ejemplos de arquitectura al servicio de su actividad, sin desdeñar las características ornamentales y estilísticas de la época. El proyecto de Antonio Palacios pretendía aunar la grandiosidad arquitectónica y ornamental con la función artística, cultural y —por entonces— lúdica de la institución.

La sede del CBA, que ya tenía 5.000 socios en 1927, contaba no solo con importantes espacios destinados a las artes, las exposiciones, conferencias, cine o teatro, sino que también incluía piscina, billares, barbería, salón de estudio, sala de baile para esas fiestas de largo entre las que estaba el mítico baile de máscaras, de esgrima, retransmisiones radiofónicas, fiestas, etc. Destacamos este carácter lúdico de entonces porque, por ejemplo, uno de los principales motivos que propició la construcción del inmueble fueron los beneficios reportados por el juego, algo que solo se vio interrumpido con la dictadura de Primo de Rivera desde 1923, que obligó en los años en los años 30 a pedir ayudas a los poderes públicos ante la imposibilidad de hacer frente a las deudas contraídas por los costes de construcción. Junto a estas ayudas y la posterior revitalización del juego se alivió la maltrecha economía de la institución. Y es que el juego, guste o no, siempre ha estado vinculado al CBA en sus comienzos —y por ende a la sociedad de la época— y hay muchas anécdotas relacionadas al respecto, como la que cuenta el vocal de la Junta Directiva hoy, el director de cine, José Luis Cuerda, que da fe de lo que se llegaba a apostar.

El espacio donde se asienta el CBA corresponde al antiguo jardín del Marqués de Casa Riera, adquirido el 13 de julio de 1918 por dos millones de pesetas, que contaba con 27’40 metros de lateral de la calle Alcalá y 62,70 metros al interior con 1.718 metros cuadrados. Tras diversas vicisitudes, el proyecto de Antonio Palacios es el elegido en 1920 y en octubre de 1922 se pone la primera piedra a una edificación que no se terminó hasta noviembre de 1926 y cuyo coste total se disparó a casi los 12 millones de pesetas.

«Palacios era consciente de sus dotes de ágil constructor, conocedor del oficio de los artesanos que determinaba en parte un modo de proyectar». De todos los edificios que construyó Palacios, como el del actual Instituto Cervantes, el Hospital de Maudes o el Palacio de Comunicaciones, actual Ayuntamiento de Madrid, entre otros, el Círculo de Bellas Artes es quizás el más modernista de todos sus edificios sin desdeñar el eclecticismo madrileño y su vínculo neoclasicista con ese remate con la columnata cúbica en piedra de la fachada. 1.

Sin embargo, tras ese exterior arquitectónico pétreo, depurado y sobrio en general, con esos ventanales de corte racionalista, encontramos un interior artístico con una escalera central y unos salones que constituyen un «festín barroco». Como Antonio Fernández-Alba escribía, «Palacios entendía el interior de los edificios como lugares que sus habitantes debían contemplar con una emoción espacial». Así, cobra significancia el yeso, el mármol, los espejos y los estucados de frisos, capiteles o columnas.

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Los orígenes del CBA: de tertulia de café a Casa de las Artes

A principios de 1880, resonando aún los ecos del Estado liberal disuelto en 1874 y ya en plena Restauración borbónica con Alfonso XII reinando y el liberal conservador Cánovas ejerciendo de presidente de un Gobierno turnista, se reúnen un grupo de artistas en el hoy desaparecido Café Suizo en la calle Alcalá, 16, esquina Sevilla, en el lugar donde está el edificio del Banco Bilbao (hoy una de las sedes de la Comunidad Autónoma de Madrid). Figuran los pintores Plácido Francés, Luis Taberner y Montalvo, o Casto Plasencia, entre otros, y lo hacen con el objetivo de crear una institución independiente, a modo de Casa de las Artes, en la que los propios artistas pudieran no solo conversar libremente de arte y de su repercusión social y cultural, sino también exponer y vender sus obras, teniendo un mayor control sobre estas operaciones y liberándose, a su vez, de impuestos oficiales. Este círculo de amigos se amplió tanto que se hizo necesario crear una sociedad cuya sede se situó en el número 5 de la calle Barquillo. Su primer socio fue Federico de Madrazo, en aquellos momentos Director de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

En el edificio de la izquierda de la imagen se ubicaba con salida a Alcalá y Sevilla, el Café Suizo, de cuyas tertulias nace el Círculo de Bellas Artes. De 1913 a 1926 el Palacio de La Equitativa fue la última sede de alquiler del CBA. Imagen de www.viejo-madrid.es

Eran años en los que Madrid abrazaba la modernidad. Los nuevos proyectos urbanísticos, la expansión ferroviaria, la mejora de la industria, etc. vino secundada por la proliferación de ateneos, reales academias, la Institución de Libre Enseñanza… Madrid se convirtió en espacio urbano donde ejercer de verdad la vida urbanita y donde congregar las corrientes intelectuales y artísticas del país.

El 16 de abril de 1880, con 267 socios fundadores, nace finalmente el Círculo de Bellas Artes (Aprobación legal del primer reglamento social por el Gobierno de la Provincia de Madrid el 24 de noviembre). En sus orígenes se trataba de una sociedad bastante restringida, pero con difusión de ámbito cultural, lo que marca su futura condición privada, pero de utilidad pública, y referente artístico y cultural. Su primer presidente fue el pintor Juan Martínez de Espinosa.

El entusiasmo fue tal que la primera exposición con 129 obras se realizó en diciembre de ese mismo año de 1880 en la sede de Barquillo. La nota inaugural de la misma la hizo José Fernández Bremón, escritor, periodista, dramaturgo y vocal de la Sección de Exposiciones del CBA, que realizó un ensayo Protección á las artes (1), en la que encontramos un alegato por una mayor protección del gobierno hacia el arte y la cultura; entendiendo esto como un derecho del pueblo. En relación al recién fundado Círculo de Bellas Artes, Bremón se hacía esta pregunta:

¿Será el Círculo de Bellas Artes ya lleno de vida, aunque naciente, un centro que evite dispersiones y atraiga á Madrid los elementos que sin duda echan de menos al emigrar nuestros artistas?

A tenor del crecimiento posterior de la institución, el Círculo sí respondió a Bremón y cumplió con las expectativas creadas inicialmente. Entre 1880 y 1926, el Círculo cambió nueve veces de sede: Barquillo, 5; Madera, 8; Lobo, 10; Abada, 2; Libertad, 16; Barquillo, 11 (en esta sede, en 1898, Picasso a sus 17 años acudía a los talleres de dibujo del CBA); Alcalá, 7; Alcalá, 14 (salones del edificio de La Equitativa) y finalmente en la actual de la calle Alcalá, 42.

Aunque naciera como Casa de las Artes —en sus primeras secciones organizativas incluían únicamente: gobierno interno, contabilidad, exposiciones y clases de dibujo—, poco a poco fue desarrollando otras actividades relacionadas con el ocio: tertulias, conciertos, los míticos bailes de máscaras con sus concursos de carteles, se inauguró una biblioteca para lectura… A finales del XIX diversificó sus actividades artísticas añadiendo escultura, arquitectura, literatura, fotografía… Y en 1901 unió a estas la de local de juego, algo que potenció el político Alberto Aguilera, presidente del CBA en 1906. La bonanza económica que propició el juego la que permitió la edificación actual en la calle Alcalá, 42, así como la proyección más allá de sus paredes con un Pabellón en el Parque de El Retiro, las placas y esculturas dedicadas a distintas personalidades de la cultura en rincones de Madrid o los concursos en casi todas las disciplinas artísticas, algo que sirvió para que alcanzara los 2.300 socios en 1920. Sin embargo, durante la dictadura de Primo de Rivera, en 1923, el juego fue prohibido y con ello las actividades del Círculo se resintieron.

En el siguiente post, veremos cómo finalmente el Círculo de Bellas Artes levantó la sede que actualmente prevalece y contaremos algunos de sus secretos.

Otros enlaces de interés:

Visita guiada del Círculo de Bellas Artes

Packs gastroculturales del CBA y los restaurantes la Azotea del CBA y La Pecera.

 

Bibliografía:

(1) Protección á las artes. Incluído en los Apuntes de la Primera Exposición del Círculo de Bellas Artes. Archivo de la Biblioteca de Madrid.

El Círculo de Bellas Artes de Madrid. 125 años de historia (1880-2005). Publicado en 2005 por el CBA. Dirigido y coordinado por Delfín Rodríguez Ruíz y Blanca Sánchez.

Flores negras para quienes aún viven. Niño de Elche

Francisco Contreras Molina, Niño de Elche, se aproximó casi por vez primera a la obra de Francis Bacon coincidiendo con la gran retrospectiva que el Museo del Prado dedicó al pintor británico con motivo de su centenario en 2009. Tras visitar la exposición, uno de los interrogantes que le acecharon fue el de preguntarse por el mundo sonoro que acompañaba a Bacon en sus momentos creativos. Niño de Elche se embarcó entonces en un proyecto artístico alimentado por lo experimentado tras visitar la muestra y aderezado con lecturas de Shakespeare y T.S. Eliot, y con la escucha de discos de John Cage. Así nació VaconBacon, a partir de La canción de amor de San Sebastián, un poema erótico que escribió Eliot en una carta a Howard Aiken, y que sirvió de inspiración, entre otros, al propio Bacon.

La canción de amor de San Sebastián fue también uno de los primeros temas de Exquirla, la banda que integran Niño de Elche y Toundra, dos identidades musicales de larga trayectoria y enorme contundencia. Exquirla presentaron su primer trabajo, Para quienes aún viven (2017), el pasado febrero en Frontera Círculo Ambar, con dos conciertos que agotaron sus localidades poco después de anunciarse. Por esas mismas fechas, la Sala Goya del Círculo de Bellas Artes acogía Francis Bacon. La cuestión del dibujo, más de medio centenar de dibujos a lápiz, pastel y collage, que venían a reflexionar sobre la polémica cuestión de la autenticidad de los dibujos de Bacon.

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Alberto García-Alix y su «carta blanca», entre lo sublime y heterodoxo de PHotoEspaña 2017

La «carta blanca» existe. Como paradoja, esta libertad de acción se la ha concedido PHE17 a Alberto García-Alix, Premio Nacional de Fotografía, uno de los fotógrafos más libres de nuestro país. Se podría decir que ha sido como echar gasolina al fuego, una invitación ya no a ser aún más libre, sino aún más transgresor. Así pues, ha dispuesto del privilegio de seleccionar a su antojo seis exposiciones y una actividad dentro del epígrafe La exaltación del ser. Una mirada heterodoxa de la programación de PHotoEspaña 2017, que en su vigésima edición se presentó en el Círculo de Bellas Artes el pasado jueves 17 de mayo.

García-Alix, que siempre ha jugado a pisotear como nadie los límites socialmente preestablecidos con su ilimitada mirada, sí ha aprovechado esta licencia para satisfacer esos instintos provocadores, voyeristas, marginales, lisérgicos, sexuales, violentos… con una selección que no deja indiferente de ninguna manera y que, como apunta él mismo, está «entre lo sublime y lo heterodoxo».

En La exaltación del ser. Una mirada heterodoxa Alix ha recogido a diversos autores en los que también encontramos paralelismos en su propio recorrido fotográfico y vital en torno al autorretrato y la autobiografía, algo que explica muy bien en la conferencia que el autor dio hace unos años en el CBA con motivo de una exposición (vídeo a continuación desde el 6’22” al 9’00”). Precisamente, todos los fotógrafos que ha escogido muestran de alguna manera ese alma, esos trazos autoreferenciales en esa búsqueda constante del lado más oscuro de un ser que duda, zozobra y se angustia. Algunos tienen aún esa «mirada hacia afuera», visible en sus comienzos, y otros, se aproximan más hacia adentro, a las cloacas de uno mismo.

Entre las muestras fotográficas elegidas por García-Alix están las tres que acoge el Círculo de Bellas Artes desde el 31 de mayo al 24 de septiembre y que, a continuación, pasamos a enumerar con los comentarios del propio Alberto García-Alix.

«Autorretrato» Antoine D’Agata. Sala Goya

La exaltación toma la carne como catapulta de los sentidos. En la obra de Antoine d’Agata, nos convulsiona y agita. Imágenes y textos nos llegan como embates de hierro. Dan sobre nuestra carne y nos provocan. Sentimos vértigo. El desamparo es vital y el miedo constante. Frío o calor. El desencuentro como futuro y el presente lacerando el cuerpo. Antoine lo tortura o lo deconstruye, como si moldeara barro. Lo aprisiona a límites que aniquilan la intimidad más absoluta. Lo pone ante nuestros ojos en un universo de jaula. Como bajo la lona. Sin entorno ni referencias temporales. La obsesión es la atmósfera y lo febril, la luz. Un soplo religioso. La violencia del deseo. Su penitencia. La teatralidad de la revelación. Fantasmagorías. Apariciones. O quizás sean santos postrados ante el altar de los sentidos. El amor y su violencia. Los cuerpos como estigma y dogma. No hay regreso ni salida. Ni bellos sueños. Ni otro camino que la inercia de la caída. Obra sublime. Eleva lo existencial de la angustia. La náusea. El caos. La desazón. De ahí que vomite vacío, lo exhausto de la existencia.

«Load Shine» Paulo Nozolino. Sala Picasso del CBA.

En la obra de Paulo Nozolino, la idea pasional de la presencia y su espectro son vistos siempre desde el plano vertical. Un espacio donde la línea frustra el horizonte. Lo adensa y lo pone ante nuestros ojos oscureciendo el detalle. Hay en sus imágenes un todo destruido que nos habla, que nos interroga. Como a fuego lento. La abstracción gana sustancia. Miramos penumbra. La descomposición de un paisaje oprimido. Reverberación de ausencia. El pasado lo habita. Soledad de vacío. Angustia, tragedia y dolor. Quizás Nozolino comenzó mirando el cielo. Un cielo siempre pesado. Sus imágenes parecen salir de sueños. Hoy, con este trabajo, Load Shine, sujeta su mirada a lo intemporal de lo que yace en apariencia muerto. Vemos un mundo que se destruye continuamente. Como en esa imagen que muestra una bombilla aislada en silencio, donde la luz es herida; o esa otra que muestra los pies de un burro muerto. Con flash y a mediodía. Una vaporosa y visible idea de muerte nos embarga. El corazón en la mano. Vivimos en decadencia eterna.

«Fui un hombre sin moralidad» Pierre Molinier. Sala Minerva.

Ahora pongamos sonidos negros. Sordina. El espíritu oculto. Disfraz. Voyeurismo. A Pierre Molinier y a su obra los alimenta Eros. Seducido constantemente por el doble o por sí mismo, se trasviste. Se hace el amor. Se posee. Parece una muñeca con la piel de otros cuerpos. Es Pierre. Medias oscuras. Papel pintado. Zapatos. Fetichismo. La profanación y su placer excelso. Estamos ante la obra de un gran fabulador. Un independiente. Un individualista con lo femenino como obsesión y pertenencia. Una mirada heterodoxa y radical que busca en la figuración del deseo su territorio más íntimo de creación. Lo nutre un modernismo gótico. Un darse sin pudor y el narcisismo como espejo multiplicador. No se pone prohibiciones ni censura. Solo es juego. Sexo andrógino. Sin vellosidad. Hermafroditismo simbólico. En sus imágenes le vemos sonreír, con dientes afilados. Hierático y rabioso como si fuera un caníbal, se oculta tras una máscara ornamentada de recortes. Cuerpos entrelazados. Un hombre que escribió y fotografió sobre la cruz ficticia de su tumba el epitafio “Ce fut un homme sans moralite” (“fui un hombre sin moralidad”). Con esta lucidez acepta su causa. No busca gloria ni honores. Se muestra obsceno. Perverso. Como un exhibicionista abriendo su gabardina. “Mise en scène” y luz fría. Un gabinete de curiosidades mórbidas. Misterio, sexualidad, fantasía. De ahí que lo surrealista en su obra sea evidente y lejano al mismo tiempo. Hasta para su muerte, preparada y ejecutada por su propia mano. “Je me tue” (“me mato”), dejó en la nota. Feroz hedonismo e independencia.

Hay que advertir que, sobre todo la exposición de D’Agata no está recomendada para menores de 18 años, y que sus imágenes e instalaciones audiovisuales pueden herir sensibilidades. Lo cierto es que estas fotografías, más allá de lo técnico, que son geniales, pueden revolver estómagos y conciencias con su temática. Para eso está la «carta blanca» de la opinión, para que cada uno saque las conclusiones que quiera. Incluso a aquellos que pataleen les preguntaría, ¿os habéis planteado por qué pataleáis? Es curioso contemplar que determinadas noticias que nos pasan a diario las televisiones o las redes sociales no provocan ni la mitad de reacciones que algunas obras de arte y fotografías.

Datos de interés:

  • PHE17 del 30 de mayo al 24 de septiembre en el Círculo de Bellas Artes.
  • Alberto García-Alix estará en la Cátedra ACCIONA de la Escuela SUR, que tiene lugar en el Círculo de Bellas Artes el 24 de mayo de 2017 a las 19h., en una conversación ABIERTA AL PÚBLICO.
  • Antoine D’Agata será uno de los profesores en el Curso de Fotografía de la Escuela de las Artes 2017 #edla17 que dirige Nicolás Combarro. Impartirá el tema Fotografía y autobiografía del día 27 de junio. ¿Te apuntas?

Rita Laura Segato: La guerra contra las mujeres

Bajo el título Poner la violencia contra las mujeres en el centro para entender el presente, Rita Laura Segato,  antropóloga y activista feminista, pronunció una conferencia en el Círculo de Bellas Artes el pasado mes de marzo, coincidiendo con la publicación de su libro La guerra contra las mujeres, editado por Traficantes de sueños.

Unos días antes, la periodista Irene G. Rubio entrevistó a la pensadora argentina para la revista Minerva. En el siguiente vídeo, podéis ver un extracto de la charla, que se publicará íntegramente en la revista. La feminización de la guerra, la profesionalización del cuidado, la privatización del espacio doméstico o el arraigo como enemigo del capital son algunos de los temas que abordaron.

Rita Laura Segato nació en Argentina pero lleva más de tres décadas en Brasil. Es doctora en Antropología, profesora en la Universidad de Brasilia, y teórica y activista feminista. Sus principales campos de interés se centran en las nuevas formas de violencia contra las mujeres y en las consecuencias contemporáneas de la colonialidad del poder. Entre sus obras más importantes se deben citar: Las estructuras elementales de la violencia (Buenos Aires, 2013), La nación y sus otros (Buenos Aires, 2007) y La crítica de la colonilaidad en ocho ensayos y una antropología por demanda (2015).

El salto de Léucade

Se trata de una de las piezas más representativas del Círculo de Bellas Artes y, aunque son numerosos los visitantes que acuden expresamente en su búsqueda, para muchos otros constituye un inesperado (y agradable) descubrimiento. Hablamos de la escultura El salto de Léucade, del vallisoletano Moisés de Huerta. Una de las mejores muestras de la calidad artística que atesora el Círculo.

La amplitud del espacio que conforma La Pecera, donde se encuentra ubicada la obra, conduce nuestra mirada hacia los elevados techos cubiertos por los lienzos de José Ramón Zaragoza, las enormes lámparas que inundan de luz el salón, las imponentes columnas o los grandes ventanales desde los que se fisgonea la vida de Madrid. Una vez en este espacio, no es difícil tropezar con el mármol esculpido y hacerse algunas preguntas: ¿quién es?, ¿cuál es su historia?

Aún recuerdo mi descubrimiento de El Salto de Léucade. Al verla me sentí sorprendido a la vez que un poco avergonzado: mi primer acto reflejo fue desviar la mirada de ese cuerpo desnudo. Es en una segunda fase cuando comprendes que esa bella joven yace ahí por ti, que alguien ha elegido ese lugar para que tú la encuentres, para que te sientas como un explorador que encuentra un tesoro escondido. Y aunque habrán sido miles las personas que la han admirado a lo largo de décadas, en ese momento solo tú la conoces, solo tú la has visto, solo tú sabes dónde está y, por ello, tienes el deber de guardar el secreto, si no quieres que alguien te arrebate esa vivencia.

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XXI Lectura Continuada del Quijote. Sobran los motivos

Eduardo Mendoza, Premio Cervantes 2016, da comienzo a la XXI Lectura Continuada del Quijote el viernes 21 de abril a las 18h. El tradicional acto del CBA, en el que participan personalidades madrileñas de la cultura o la política, así como lectores anónimos, los principales protagonistas, se prolonga ininterrumpidamente hasta el domingo 23 de abril alrededor de las 14h., momento en el que se diga: «Vale».

La lectura del Quijote es una cita de lo más curiosa. Muchos ilustres se ve a la legua que vienen a regañadientes. No les culpo, cae en fin de semana, te hacen preguntas… pero al menos apoyan el acto. Después, conoces gente y entiendes por qué se trata de una cita especial en el calendario del Círculo. Encuentras personas que han venido todas las ediciones; otros vienen por primera vez porque «al menos hay que venir una vez en la vida»; algunos te cuentan que su padre o su madre lo introdujeron en su lectura; ves familias enteras que tienen marcada la fecha en el calendario y que vienen religiosamente como si fueran a ver el partido de su equipo; también actores de teatro o cine, cantantes y escritores que cogen su ticket con el turno para leer como todos, como cualquier anónimo, por el simple hecho de rendir homenaje a Cervantes y su Don Quijote de la Mancha.

Es una pena leer noticias en las que corroboramos el ninguneo a la Literatura Universal o las Humanidades, por eso es importante hacer este homenaje año tras año. Hay cosas que no se pueden perder, hay que seguir luchando por la cultura, por estos referentes como el Quijote, traducido en 140 lenguas, que —para entendernos aunque se trate de una invención de lo más hortera— sí es “Marca España”.

Ernesto Sábato dijo que Cervantes era el Quijote y que el resto de sus libros eran pequeñas obras. «Un escritor no gana nada escribiendo más si no es capaz en uno, dos o tres libros escribir todo lo que se refiere al bien y al mal, a la esperanza y a la desesperación, al destino de la humanidad, a los grandes problemas éticos y espirituales». Lo cierto es que en el caso del Quijote podríamos decir que la mayoría de novelas posteriores de miles de escritores son pequeñas obras a la sombra del Ingenioso Hidalgo.

Algo que podemos traducir de las palabras del mismo Eduardo Mendoza en el discurso de entrega del Premio Cervantes 2016, quien recalcó que había leído hasta cuatro veces la novela aprendiendo siempre algo de ella. La primera, que citamos, puede servir para animar a los más jóvenes a la lectura y a valorar la importancia de la literatura:

«De Cervantes aprendí que se podía cualquier cosa: relatar una acción, plantear una situación, describir un paisaje, transcribir un diálogo, intercalar un discurso o hacer un comentario, sin forzar la prosa, con claridad, sencillez, musicalidad y elegancia».

De la segunda, en su etapa de adolescencia tardía se impregnó de ese anhelo propio de la edad por «correr mundo, tener amores imposibles y deshacer entuertos.»

En su tercera lectura del Quijote, Mendoza, ya casado, descubrió el humor de la novela, no solo en la trama en sí, sino en la forma de ver el mundo del propio Cervantes. Finalmente, la última, le hizo reflexionar sobre el oficio de escritor, sobre la ficción y la realidad, sobre su propia existencia. ¿No da juego Don Quijote?

Por motivos como estos, el CBA lleva 21 años celebrando esta lectura, 21 años con un sinfín de actividades relacionadas, de exposiciones como la de las ilustraciones del Quijote de Saura, con un catálogo editado con tal motivo en 2005 —descargable gratuitamente—, o como esa magnífica obra/ensayo Quijote y los invencibles de Erri de Luca, representada una única vez en la edición de 2009 en el Teatro Fernando de Rojas del CBA, que sirvió también para editar un estupendo libro + dvd, o como el congreso internacional de 2005 con El yo fracturado. Don Quijote y las figuras del Barroco, que dio pie a un nuevo libro de ensayos, etc. También representaciones musicales, veladas poéticas, lecturas, ciclos de cine… han apoyado esta celebración coincidente con el Día del Libro.

Este año, los eventos que refuerzan esta lectura ya ha comenzado con el ciclo de cine y, como otros años, habrá un espacio illy para degustar un buen café, pero también algunas novedades con entrada libre: el espacio solidario de ACNUR, un bookcrossing con libros publicados por el departamento de Ediciones del Círculo; un homenaje al poeta Jaspe Marián de la UC3M; teatro con obras de Tang Xianzu, coetáneo de Cervantes, organizadas por el Instituto Confucio; y para los niños, cuentos chinos y el taller de Peppa Pig.

Paralelamente, la exposición M. Moleiro: El arte de la perfección. 25 años de ediciones únicas e irrepetibles expone estos tres días un ejemplar original de la primera edición completa del Quijote en francés (1692), un ejemplar de la primera edición póstuma de la Araucana de Alonso de Ercilla (1597) y uno de la Biblia del oso (1569), primera traducción de la biblia al castellano.

La XXI Lectura Continuada del Quijote se celebra del viernes 21 de abril al domingo 23. Puedes seguirlo en streaming en directo AQUÍ.

Desgarrando a Francis Bacon

Fernando Castro, profesor de Estética de la Universidad Autónoma de Madrid, pronunció el 3 de abril, dentro de Los Lunes, Al Círculo, la conferencia En el fin del tiempo [Francis Bacon y la “desesperación jubilosa”] que sirvió para «desgarrar», como bien afirmó, a este pintor británico, esencial en la Historia del Arte Moderno.

Francis Bacon no dejaba indiferente a nadie, ni como artista ni como persona. En el aspecto artístico, Castro, nos adentra en el porqué de las inquietudes que provocaba, partiendo de algunas citas célebres de la mismísima Margaret Thatcher, que llegó a decir aquello de «¿No será ese hombre horrible que pinta esos cuadros tan espantosos?»; o de críticos de arte de renombre, como John Berger, que le comparaba con Walt Disney y decía que, como aquel, era un pintor de status quo y un reaccionario. «Bacon —apunta Castro— no era valorado porque no se inscribía en la corriente principal del arte moderno que, orientado a la abstracción, convertía a la figuración en algo periférico o reaccionario».

Esta introducción vale al comisario de la exposición del CBA Francis Bacon. La cuestión del dibujo para establecer un pequeño debate acerca de la reinterpretación de conceptos en torno al realismo y la figuración. Alejado del encaje crítico de Walter Benjamin, Francis Bacon, se consideraba cercano al «realismo, siempre subjetivo». Lo cierto es que, como añade Fernando Castro, hay una gran diferencia entre «sus intenciones y lo que realmente hace como artista». Y continúa: «Bacon entiende que el realismo no es lo mismo que el naturalismo y que la pintura es un ejercicio interpretativo, de hecho, se vale de una cita de Nietzche inexistente que él adaptó a su manera: no existen hechos sino interpretaciones. Lo que quiere Bacon es representar una realidad insoportable en la que el instinto surge de un mar inconsciente de nuestro interior».

Ahondando en este sentido, el también profesor de la Escuela SUR, remite a un apartado de una entrevista de 1985 realizada por The South Bank Show, en la que el pintor irlandés dice: «No se trata de ilustrar la realidad sino de crear imágenes que sean una concentración de la realidad; una taquigrafía de las sensaciones». Algo que refuerza con una cita de Van Gogh que le gustaba mucho a Bacon: «construir una mentira que sea más cierta que la verdad literal». Para llegar a decir en otra ocasión, a raíz de su obsesión por el Papa Inocencio X de Velázquez: «Quiero pintar un Velázquez con piel de hipopótamo».

Francis Bacon era un tipo diferente, contracorriente de alguna manera. A pintores venerados en gran parte del mundo como Rothko y Pollock, recuerda Fernando Castro, les dedicó adjetivos como: sórdidos, torpes, anodinos… «Si me imagino una pesadilla insoportable esta sería estar en el MOMA en la sala de Rothko y, de cuando en cuando, me torturan en la de Pollock», dijo Bacon en alguna ocasión. Sin embargo, sí le interesaba Warhol, no desde su faceta artística, ya que lo consideraba bastante malo, pero sí en cuanto a dandi que había sido capaz de «engañar a todo el mundo».

Fotograma de El acorazado Potemkin de Eisenstein.

Fernando Castro también habla de algunos aspectos fundamentales para entender la obra de Bacon, como esa obsesión por la boca, que arranca de esa escena de Eisenstein de la niñera en El acorazado Potemkin o del cuadro de La matanza de los inocentes de Poussin. Por los mataderos, esos cuyo «olor a sangre humana alegran mi corazón», y para lo que se vale de las fotografías de John Deakin. También por la dimensión de la violencia con respecto a la historia, que le lleva a obsesionarse también con el cuadro Muerte de Acteón de Tiziano, en la que se identifica con él por la persecución a su arte. Y cómo no, por las crucifixiones, que parten de su fascinación por Picasso.

Por último, Fernando Castro termina el «desgarro» a Francis Bacon refiriéndose a aspectos más personales, algunos en relación a su estancia en Madrid los últimos años de su vida, entre los que destaca uno de sus famosos brindis, que viene a complementar de forma maravillosa esa parte del título de la conferencia referido a la “desesperación jubilosa”:

Una extraordinaria conferencia que te recomendamos ver al completo. Dos horas de aprendizaje, reflexión, anécdotas y algunas risas, que bien puedes acompañar con un buen whisky irlandés en honor a Francis Bacon.

Francis Bacon. La cuestión del dibujo Exposición comisariada por Fernando Castro, hasta el 21 de mayo de 2017 en la Sala Goya del CBA. Otros materiales disponibles:

Catálogo de la exposición descargable. 

Rueda de prensa de la exposición.