La filosofía fuera de sí misma y el feminismo ante la filosofía

           Patricia Irene Lara Folch

Es bien sabido que en el interior de los llamados estudios de género o teoría feminista hay desacuerdos importantes e incluso, me atrevería a decir, irreconciliables. Este hecho se manifiesta en el reciente libro Fuera de sí mismas. Motivos para dislocarse de Luciana Cadahia y Ana Carrasco (eds.) que fue presentado en el marco de “Los Lunes al Círculo” el pasado 8 de junio –junto a las editoras dialogaron también Macarena Marey, Rosaura Martínez y Valerio Rocco–. Y no son solo abstracciones metafísicas las que generan el disenso en el seno de la disciplina sino que, tal y como hemos podido observar estos últimos meses en el panorama del activismo español en relación a la Ley Trans, los enfrentamientos se dan también en el plano inmanente y radicalmente material de lo político. En todo caso, la correspondencia y reciprocidad, lo que casi ya podríamos llamar interdependencia entre la teoría y la práctica en las cuestiones de género, es una realidad a celebrar en un momento en el que muchas pensadoras y pensadores, de las más altas esferas académicas, han dado por perdida cualquier posibilidad de influencia de la filosofía política sobre las instituciones, la participación ciudadana en la democracia o los marcos simbólico-cultuales que dan sentido a nuestras vidas.

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Releer y reinterpretar la historia de la filosofía desde una perspectiva feminista es una de las motivaciones que acerca, que une, a esa grupalidad tan variopinta que desde el principio hemos denominado estudios de género. ¿Pero qué queremos decir con esto? Creo que resulta crucial hacer alusión a la clasificación que Rosi Braidotti expone ya en el 1990 en la Conferencia inaugural como profesora de Estudios de las Mujeres de la Universidad de Utrech[1]. La filósofa italiana distingue tres fases de la teoría feminista —que yo preferiría llamar tres formas, para evitar así la jerarquización o una posible interpretación lineal y temporal en la que cada una de las fases superara a la anterior eliminándola—. Primero, la crítica a la misoginia y al sexismo en todas sus manifestaciones. Segundo, la reconstrucción positiva de la subjetividad y la experiencia femenina. Y tercero, la formulación de nuevos valores, metodologías, epistemologías, lenguajes, ontologías políticas que, si bien obtienen sus cimientos del campo de estudio del género, pretenden una transformación general que se posicione más allá del feminismo y que incumba más allá de las mujeres.

            En lo que sigue a continuación ofreceré un ejemplo de cada uno de esos modos de proceder, sin dejar de alertar que la distinción drástica y autosuficiente entre ellos corresponde solo a un método analítico. Aquello en lo que nos concentraremos y que ya ha venido en parte anunciado es cómo ciertas pensadoras han leído y percibido la historia de la filosofía. Y con esto ya empezamos las distorsiones, las dislocaciones: en el seno del feminismo tienen lugar una serie de contradicciones que me gustaría caracterizar de sin complejos. Unas tensiones que se reconocen como punto de partida y cuyo reconocimiento, cuidado, no evita el dolor que las disputas a veces ocasionan. Dicho de forma sencilla, lo paradójico se expresa así: el feminismo y lo femenino pretenden hacerse un hueco transformando el estado de cosas, pero para hacerlo necesitan de dicho estado, que les precede y excede. Este enunciado abstractamente formulado se concretiza en tensiones particulares. La que se da entre las instituciones sexistas y la participación de las mujeres en ellas; la que tiene lugar entre la tradición masculinista de la filosofía y la herramienta que ésta constituye para los estudios de género; o aquella de querer dejar atrás el binarismo sexual y, a la vez, tener que hacer inteligible la experiencia de la subjetividad femenina[2].

FUERA DE SÍ MISMAS Y VULNERABLES

Procedemos primero con la tercera fórmula —pues así evitamos, al menos, a nivel formal la interpretación lineal a la que parecía recurrir Braidotti— que consistía en la elaboración de marcos de pensamiento que hablan desde un lugar de enunciación feminista, pero que no apuntan necesaria ni explícitamente a la misoginia o la experiencia de las mujeres. Diría que es desde este motivo principalmente que se configura el libro Fuera de sí mismas. Motivos para dislocarse de Luciana Cadahia y Ana Carrasco (eds.). En la presentación en “Los Lunes al Círculo” se habló de ciertos lugares comunes de la filosofía de los que cabía dislocarse y cómo la forma que las autoras feministas tienen de relacionarse con la tradición filosófica puede ayudar a esas torsiones del pensamiento. Sin duda, la obra consigue su objetivo y es tan rica en referencias, temas e ideas que no podemos aproximarnos a todas ellas aquí.

Sin embargo, sí me gustaría rescatar una noción que consigue popularidad en la mayor parte de los ensayos, esto es: la de una ontología política relacional que parta de la vulnerabilidad de lo humano. Es decir, que la relación prevalece a la sustancia en la configuración del sujeto y, como tal, la primacía del afecto sobre la independencia y la autosuficiencia, nos constituye a todos y todas como seres vulnerables. Este posicionamiento, que es clásico de la obra de Judith Butler[3] –véase su reciente artículo para “Minerva”, la revista del CBA– pero que no se entendería sin recordar a Hegel o Spinoza, es un gran ejemplo de la tercera forma de hacer teoría feminista que Braidotti nos invitaba a tener en cuenta. Butler comienza a pensar en la noción de vulnerabilidad por querer abrir un espacio a subjetividades que carecían de categorías de referencia en un régimen sexuado. No obstante, al reflexionar sobre el sujeto y su relación con la alteridad, bien podemos decir que la vulnerabilidad de lo humano deviene un marco más allá del feminismo y más allá de las mujeres para pensar otro potencial de lo político.

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Vulnerabilidad. Marina Abramovic, Autorretrato con esqueleto.

FEDERICI: ENTRE MARX Y LA CAZA DE BRUJAS

            Veamos la segunda forma, en la que la subjetividad femenina, aprehendida hasta el momento únicamente en relación al régimen masculino, viene articulada afirmativamente. Este es el caso del trabajo que Silvia Federici realiza sobre los textos de Karl Marx y que supondrá un instrumento para pensar el rol de la mujer en el capitalismo. Después de una crítica al filósofo alemán por haber modelado su análisis desde la perspectiva del hombre proletario que surge como trabajador independiente, señala Federici la importancia de las mujeres como agentes en la reproducción de la fuerza de trabajo. Su tesis dice así: “la persecución de brujas, tanto en Europa como en el Nuevo Mundo, fue tan importante para el desarrollo del capitalismo como la colonización y como la expropiación del campesinado europeo de sus tierras.”[4] Reconoce en la cacería de brujas de los siglos XVI y XVII el principal mecanismo de disciplinamiento social, simbólico y material, desde el que se construyó la feminidad doméstica.

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Grabado de la época (Ámsterdam, 1571) que aparece en el libro “Calibán y la Bruja”, de Federici.

Pensemos que el imaginario de la bruja —eran hechiceras, practicaban abortos, indisciplinadas, nocturnas, alborotadoras sexuales— suponía un claro antagonismo al aumento de nacimientos y la estabilización del régimen familiar que el sistema económico necesitaba para ejercer de mano de obra. Para Federici, con Marx y sin él, el trabajo de reproducción doméstico deja de ser una actividad precapitalista para entrar de lleno en la historia y, consecuentemente, deviene un espacio político construido en base a un nuevo contrato sexual, en el que la subjetividad-bruja –sobre la que habla en la entrevista para el Círculo de Bellas Artes– devino el principal chivo expiatorio. De nuevo, Federici consigue esa segunda forma: investiga y construye la experiencia y el rol de la mujer de una manera afirmativa y no ya en relación a lo masculino en el momento de la acumulación primitiva capitalista.

IRIGARAY ANTE EL TIMEO DE PLATÓN

            Y por último la primera forma, aquella que denunciaba el sexismo, en este caso, contenido en la filosofía. Una de las constantes del diálogo platónico[5] es la aparición de obstáculos en la relación modelo-copia. ¿Por qué se da continuamente en el “Timeo” esta distancia que parece insalvable? Para dar respuesta aparece la caótica χώρα (chóra), ordenada en base a las formas inteligibles por el demiurgo que instaura, por lo tanto, un régimen de imitación, que como tal es siempre imperfecto: como un espejo, la chóra refleja las imágenes del Bien, recibe todo pero no participa de ello más que como soporte, es amorfa.

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   Luce Irigaray

La jerarquía ontológica y epistemológica que se da entre las formas inteligibles y la chóra y, sobre todo, las metáforas sexuales que Platón utiliza para designar cada uno de esos elementos es aquello que Irigaray rescata en “Speculum”[6]. El demiurgo y las formas inteligibles son identificadas con la figura paterna (37c, 50d). El receptáculo, en cambio, es denominado madre (50d, 51a) y nodriza (88d), un lugar de la pasividad en el que se generan los objetos. El poder de la reproducción femenina se toma entonces como instrumento de reproducción del Padre: la materia es estéril, es femenina “sólo en cuanto a la receptividad, no en la preñez (…) castrada de ese poder fecundante que corresponde sólo a lo inmutable masculino.”[7] Irigaray busca entonces lo femenino en lo silenciado, en aquello que el texto se niega a incluir pero que sin embargo constituye la posibilidad de su existencia. La feminidad, sostiene, es el afuera constitutivo y, por lo tanto, la otredad interna de la filosofía, aquello que asegura el estatuto de lo Mismo a lo masculino, porque no es lo Otro. La autoridad paterna, que domina la verdad en base al imperativo de la semejanza, crea a la vez que expulsa lo femenino: su utilidad espistemológica es medida únicamente en tanto que sirve para explicar las formas inteligibles a través de las huellas sensibles a las que hace de soporte-espejo. La Irigaray de “Speculum” es un ejemplo de la primera forma en la que se manifiesta la teoría feminista: mediante el psicoanálisis rastrea las huellas sexistas en el texto platónico.

            En conclusión, hemos sometido a la filosofía a revisión y las pensadoras, desde el feminismo, han dialogado con la filosofía, como no podría ser de otra manera. Hemos presenciado en estas líneas el intercambio e interdependencia de dos disciplinas que no siempre han mantenido una relación de cordialidad entre ellas, pero que deseamos que sus caminos confluyan en direcciones cada vez más próximas, encontrando motivos comunes y recíprocos por los que dislocarse.


[1] BRAIDOTTI, ROSI. (2004), Feminismo, diferencia sexual y subjetividad nómade. Barcelona: Editorial Gedisa, 2015. P.11

[2] La polémica a la que me he referido en un principio entre la Ley Trans y algunos sectores del feminismo creo que tiene su razón de ser en la tensión constituyente del feminismo a la que hemos estado haciendo alusión. Y obviamente, con dichas tensiones y contradicciones se debe tratar de lidiar; objetivo que una parte del feminismo no ha conseguido en este caso. Es la tensión entre la superación del binarismo sexual y la inteligibilidad positiva de las mujeres la que constituye la problematización del movimiento trans, supuestamente chocante con algunas demandas feministas. Movimiento al que se le solicita que abandonen rápida e inmediatamente el deseo de obtener coherencia en el dispositivo de regulación deseo-sexo-género cuando este configura aun la hegemonía estructural y discursiva de occidente y de muchas mujeres que protagonizan los sujetos políticos del feminismo.

[3] Por ejemplo en BUTLER, JUDITH. (2004), Vida precaria: el poder del duelo y la violencia. Buenos Aires: Paidós, 2006.

[4] FEDERICI, SILVIA. (2004), Calibán y la bruja. Mujeres, cuerpo y acumulación originaria. Madrid: Traficantes de Sueños, 2010. P.23

[5] PLATÓN, Timeo. Edición bilingüe de José María Zamora Calvo (2010). Madrid: Abada Editores S.L, 2010.

[6] “La hystera de Platón” y “Una madre de cristal” son los textos principales con los que Luce Irigaray lee y analiza el “Timeo” de Platón, ambos recogidos en IRIGARAY, LUCE. (1974), Speculum. Espéculo de la otra mujer. Madrid: Editorial Saltés, S.A, 1978.

[7] IRIGARAY, LUCE. (1974), Speculum. Espéculo de la otra mujer. Madrid: Editorial Saltés, S.A, 1978. P.188.

La fiesta y la revolución: el 8M

La relación histórica y simbólica entre fiesta y revolución es compleja y contradictoria. La revolución en tanto fiesta siempre alienta en la mente y en el cuerpo como momento(s) de lo subjetivo –subjetividad, en todo caso, colectiva e individual–. Por lo demás, también en ese ámbito, su ambición consiste en apertura, intentando fundar un nuevo tiempo. Y al contrario, la fiesta como memoria institucionalizada sirve al tiempo de cierre (¿definitivo?) de dicha apertura. La fiesta está en la película de «El gran río. Resistencia, rebeldía, rebelión, revolución» #4R en un episodio que trata de esa contradicción y esa deriva, pero también, sin duda, ese momento. Como escribió el poeta Charles Peguy, «la fiesta es un levantamiento en masa, y el levantarse en masa es una fiesta». El rumor de la calle, de la fiesta, siempre está ahí para hacer tambalear el orden social¹.

La fiesta también puede constituir ese momento que queda ya fijado en un calendario y que rememora ese acto que marcó un hito. En nuestro tiempo cada día es el día de algo, y quizás en ocasiones las reivindicaciones se diluyen tras las celebraciones. Es difícil abstraerse una vez que esos días especiales forman parte de esa realidad paralela que conforman nuestras redes sociales. Ahora reivindicamos, nos manifestamos, de forma virtual. Me adhiero con un like, un fav, un retuit, pero salir a la calle ya es otro tema. Vivimos en plena urgencia, sin tiempo para nada; en la boca el «no puedo». Las redes de alguna manera nos hacen protagonistas virtuales en un espacio que realmente poco puede cambiar si no lo cambiamos allí donde se puede: la calle, ese espacio simbólico donde la adhesión sí se tiene en cuenta, donde se forman los ríos y las riadas, donde el orden se tambalea.

Las grandes fiestas revolucionarias son aquellas en las que todos de alguna manera se ven a sí mismos como actores. La masa al completo pasa a ser protagonista, libre de ataduras, l@s que la integran están entre pares a los que reconocen con un pensamiento común que se considera justo. Ese que siempre ha estado ahí y que a veces por circunstancias externas o incluso por autocensura nunca sale. Y cuando lo hace, cuando podemos expresarlo, nos desborda a nosotros mismos con resultados inesperados.

El ejemplo de la manifestación feminista del 8M puede bien valer para corroborar la cantidad de gente que compartía sin saberlo, no solo un mismo pensamiento, no solo una misma reivindicación, sino un mismo sentimiento colectivo, un hartazgo que echó por tierra todas las previsiones. Había un renacer general de una esperanza nueva, una promesa

Hasta 1975 en el que la ONU fijó el Día Internacional de la Mujer, las reivindicaciones feministas se habían celebrado desde el XIX en diversas fechas. Muchas mujeres han trabajado duro para conquistar derechos desde tiempo inmemorial, pero por lo menos en España, no se había producido un desborde como el del 8M de 2018 en el que además, se celebró la primera huelga feminista, en la que pararon muchos colectivos, entre los que, por ejemplo, destacamos el de las periodistas por su papel amplificador.

Hoy la tecnología y los estudios permiten hacer pronósticos de casi todo, pero hay sentimientos que afloran en un momento concreto, todos a la vez, que generan un vínculo cuyo resultado no puede ser cuantificado y que está fuera de la lógica materialista³. La manifestación se convirtió en una revolución inesperada y ni mucho menos violenta viniendo del sexo que da la vida (4). Sus efectos se hicieron sentir casi de inmediato, en cuanto que distintos agentes sociales que se habían mostrado distantes y reticentes, quisieron apuntarse al carro sobre la marcha, unos por interés, otros quizás porque se convencieron con las razones. Y hoy estamos asistiendo al gobierno con mayor número de ministras de la historia, así como a un debate sobre políticas familiares, de violencia de género, educativas, de conciliación e igualitarias…, que hace tiempo que no estaban tan de actualidad.

Parece incuestionable que la fiesta revolucionaria parte de una adhesión completamente libre. Y de esa libertad común y compartida surge la felicidad de no encontrarse sol@. En ese 8M hubo sonrisas, lágrimas, cánticos, abrazos, mensajes, pintadas… jóvenes repartiendo flores y lazos… Y un color, el morado —que para el que no lo sepa, es histórico en la lucha feminista desde principios del XX—. La noche fue larga. Un día así lo merecía. La fiesta reivindicativa se convirtió en felicidad.

La parafernalia de la fiesta revolucionaria, también interesante, jugó su papel. Las pintadas en las paredes fomentaron el entusiasmo, arroparon a las protagonistas, revitalizaron el mensaje y lo propagaron invitando a pensar y reflexionar en espacios en los que uno no está habituado, en una calle, una esquina, una estatua que nunca te llamó la atención, pero ahora sí.

El feminismo espera ahora a que esa fiesta se constituya en una revolución real y lleve consigo esos cambios sociales que se buscan. Si no, podría quedar ese regusto de Mayo del 68, bonito, pero poco útil (5). Los políticos parece que han captado algún mensaje, pero no deben dormirse porque queda mucho por hacer y los ríos pueden desbordarse de nuevo.

La fiesta y el feminismo desde el punto de vista del conflicto en la historia, son dos de los aspectos que se tratan en la exposición «El gran río. Resistencia, rebeldía, rebelión, revolución» #4R, que puedes ver en la sala Minerva (planta baja) del Círculo de Bellas Artes hasta el 26 de agosto de 2018 en horario de martes a domingos de 11h a 14h y de 17h a 21h.

 

FOTO PRINCIPAL: Autor Martín Pintado: intagram @creativepintado (www.creativepintado.com)

NOTAS

¹ El rumor de la calle. Entrevista con Manuel Delgado en Minerva 6.

² Mona Ozouf, La Fête révolutionnaire. «Para que una revolución pueda ser tal, ¿qué es lo que resulta imprescindible? Un pueblo que arranca con buen paso, una puesta en camino irreflexiva y que no había sido preparada, una esperanza nueva, un movimiento que va en dirección a una promesa: es la primera imagen de la fiesta». Incluida en el catálogo de la exposición El gran río. Resistencia, rebeldía, rebelión, revolución #4R, así como en el Atlas de la muestra (hasta el 26 agosto) y abierto a consulta en la web del CBA.

³ «El proyecto histórico de la vida, del vínculo, de la fiesta, del placer, y el proyecto histórico de las cosas. El proyecto histórico de las cosas produce individuos. El proyecto histórico de los vínculos produce comunidad, colectividad».
Entrevista con Rita Laura Segato en Minerva 28.

4 Simone de Beauvoir El segundo sexo. Laura Freixas también la cita en esta entrevista del CBA.

5 Jean Baubérot en Laicidad y dialéctica de la Minerva 12 cuenta que Mayo del 68 lo vivió más «como unos fuegos artificiales, que como el comienzo de algo… fue una gran fiesta».

 

Textos del vídeo:

“A vous qui ignorez la fête de Capet mort sur l’échafaud, Rois craignez qu’un jour votre tête ne fasse aussi le même saut”. [«Vosotros que ignoráis la ?esta / del Capeto muerto en el cadalso, / reyes, cuidad que vuestras cabezas / no vayan a dar el mismo salto»].
[Copla cantada en 1793 en una ?esta en Conches, en un simulacro de ejecución]

«Una feliz edad en la que nada marcaba las horas, tiempo sin empleo de tiempo, ?esta sin divinidad».
[Ozouf, La fête révolutionnaire –cita interna de Jean Jacques Rousseau, Ensayo sobre el origen de las lenguas]

«Libertad compartida, sentirnos cada uno igual que el otro. Imagen en sí misma indivisible? de un encuentro humano multiplicado de forma inde?nida. Un pensar en común».
[Starobinski, La invención de la libertad]

«La ?esta como la revolución, vive a partir del poder que une».
[Michelet, Histoire de la Révolution française]

«Cuando la alegría de uno es la de millones, emancipados a la vista del cielo».
[Wordsworth, The Prelude]

Entrevista a Nares Montero

Habitaciones con paredes que son puertas, por donde se desliza un hilo común, del color de las violetas. Un hilo que es voz de las que estuvieron, a través de las que están. La habitación de las mujeres comenzó siendo un conjunto de poemas que pretendía reflexionar sobre la relación entre el espacio y las mujeres. Sobre ese espacio del que ya hablaba Virginia Woolf a comienzos del pasado siglo (“Una mujer debe tener dinero y una habitación propia para poder escribir”).

En la siguiente pieza, Nares Montero, poeta, editora, agitadora cultural y creadora de La habitación de las mujeres, nos habla del origen y la evolución del proyecto; de editoriales artesanas y ejemplares únicos; de voces invisibles y espacios internos; de precariedad, cultura y mujeres creadoras; de Abejas en las lindes (su último poemario) y Ediciones Deliciosas; de la mujer en la literatura de Cervantes, un autor “aliado”.

Además de la entrevista, este vídeo contiene algunos extractos de la actividad que Nares dirigió en el marco de la Lectura Continuada del Quijote, en la que también participaron Shelia Blanco (música), Eva Hiernaux (artista multimedia), Débora Antón (poeta) y Andrea Lebaña (bailarina). Todas ellas recrearon, desde su propia genealogía, a las mujeres del Quijote: destejieron su cuerpo y urdieron su voz.

Rita Laura Segato: La guerra contra las mujeres

Bajo el título Poner la violencia contra las mujeres en el centro para entender el presente, Rita Laura Segato,  antropóloga y activista feminista, pronunció una conferencia en el Círculo de Bellas Artes el pasado mes de marzo, coincidiendo con la publicación de su libro La guerra contra las mujeres, editado por Traficantes de sueños.

Unos días antes, la periodista Irene G. Rubio entrevistó a la pensadora argentina para la revista Minerva. En el siguiente vídeo, podéis ver un extracto de la charla, que se publicará íntegramente en la revista. La feminización de la guerra, la profesionalización del cuidado, la privatización del espacio doméstico o el arraigo como enemigo del capital son algunos de los temas que abordaron.

Rita Laura Segato nació en Argentina pero lleva más de tres décadas en Brasil. Es doctora en Antropología, profesora en la Universidad de Brasilia, y teórica y activista feminista. Sus principales campos de interés se centran en las nuevas formas de violencia contra las mujeres y en las consecuencias contemporáneas de la colonialidad del poder. Entre sus obras más importantes se deben citar: Las estructuras elementales de la violencia (Buenos Aires, 2013), La nación y sus otros (Buenos Aires, 2007) y La crítica de la colonilaidad en ocho ensayos y una antropología por demanda (2015).

Laura Freixas: literatura que se siente con el cuerpo

Laura Freixas

Laura Freixas es escritora, editora, crítica y traductora. Su literatura transita los géneros del relato, la novela, el ensayo y la autobiografía. Y su último título hasta la fecha es El silencio de las madres (2014). Paralelamente, desarrolla una importante labor como estudiosa y promotora de la literatura escrita por mujeres, una actividad absolutamente necesaria en una sociedad en la que la producción cultural está colonizada por los valores de lo masculino, entendido como lo universal, lo dominante.

Decía Simone de Beauvoir que la sociedad ha decidido dar prioridad al sexo que mata sobre el sexo que da vida. Y con esta afirmación da comienzo la entrevista que realizamos a Laura Freixas aprovechando su próxima participación en el Festival EÑE (4 y 5 de noviembre), donde pronunciará la conferencia Madres nuestras, que estáis en los libros. En el siguiente vídeo, podéis ver la conversación íntegra, en la que la escritora habla, entre otros temas, de vida y literatura, maternidad y creación, valores patriarcales y poder simbólico… De libros valiosos que hacen sentir con el cuerpo.