tod browning en el cine estudio

Todo parecía estar marcado de antemano en la vida de Tod Browning. Nacido en 1880 en el seno de una familia de la alta burguesía de Louisville y sobrino de una estrella de la liga de béisbol, Browning acudió a un buen colegio privado esperando el momento de dar el salto a la Universidad y convertirse en un miembro respetable de la alta burguesía de Kentucky. Hasta que en plena adolescencia se enamora de una bailarina de una troupe circense de paso por su ciudad a la que el joven Browning decide seguir abandonando su vida acomodada. Así sería hasta que en 1916 conoció en un teatro de variedades a D.W. Griffith, que le ofrece un papel como actor en su monumental Intolerancia.

Filmstill aus Freaks von Tod BrowningTod Browning con el reparto de Freaks (1932)

Picado por el veneno del cine, la vida de Browning no tendrá ya vuelta atrás. Asentado en Los Ángeles, comienza a trabajar como actor, guionista y director, arrancando una carrera completamente excepcional en un Hollywood en el que llevó a la pantalla un cine que no tenía antecedentes ni encontraría ecos posteriores. Fascinado por lo grotesco y lo esperpéntico, pero sin dejar que estos elementos alteraran unas películas perfectamente construidas y con una puesta en escena tremendamente elaborada -que funciona en paralelo con el expresionismo que se desarrollaba al mismo tiempo en Europa-, Browning desarrolla una carrera inclasificable de la que el Cine Estudio rescata las que son posiblemente sus ocho películas fundamentales.

La mayor parte de cintas de Browning retratan el mundo circense que había conocido a lo largo de su periplo vital. Para estas películas, repletas de personajes excesivos pero sin alcanzar nunca los límites de la parodia, contará con Lon Chaney, estrella del Hollywood mudo que encontraría en Browning el realizador idóneo para dar salida a sus extravagantes personajes bigger than life. El trío fantástico (1925) será su primera película conjunta de éxito: la historia de un ventrílocuo, un enano y un forzudo que deciden abandonar el circo en el que se han conocido para organizar asaltos a mansiones supone un salto hacia lo macabro y los elementos perversos que colocarán a Browning en el escaparate de la primera fila del cine estadounidense, siempre en una posición incómoda dado que los grandes estudios americanos no dejan de ver con reticencia sus proyectos. Garras humanas (1927) es, amén de la primera obra maestra incontestable de Browning, un auténtico tour de force de Chaney, que interpreta en ella a Alonzo, un hombre sin brazos que, huyendo de la policía, se esconde en un circo donde consigue colocarse como lanzador de cuchillos. La historia, que alojaba también a una jovencísima Joan Crawford en uno de sus primeros papeles estelares, supuso un notable éxito de público, aunque ese guión en el que se fundía el asesinato con la automutilación ponía a Browning en un disparadero de difícil continuidad que terminaría abocándolo a su creación más extrema, Freaks, la parada de los monstruos (1932), una de las cintas más memorables del cine americano que Browning ambienta nuevamente en un circo pero dando ahora protagonismo no a actores profesionales sino a personajes reales que ha conocido en los sideshows, los llamados en España “circos de monstruos” que recorrían las zonas rurales del sur de Estados Unidos. La presencia de estos improvisados actores, todos ellos seres mutilados, deformes o con algún tipo de problema mental, cargan de tensión una historia excelente enriquecida por una ambientación puramente expresionista que la encamina hacia unas simas nunca conocidas del cine de terror y la convierten en una película completamente inolvidable para cualquier espectador que se haya acercado en un momento u otro a ella.

El terror como género terminará siendo la vía de escape “comercial” de la carrera de Browning. Dada la reticencia de los estudios a sufragar sus historias más personales, Browning dio continuidad a su carrera ahondando en este género en el que podía emplear los códigos y descubrimientos visuales que había utilizado en sus otras películas. El éxito en este terreno le llegó además de inmediato: cuando la Universal le encargue llevar por primera vez a la pantalla a la pantalla a Bram Stoker, su Drácula (1931) interpretado por Bela Lugosi se convertirá inmediatamente en cinta de referencia del género. El éxito popular de la cinta permitirá a Browning a lo largo del resto de su vida tener en el género una vía de escape laboral ante la incomprensión mostrada por los directivos de los estudios por sus historias más personales, cada vez más truculentas y macabras. A él volverá con La marca del vampiro (1935), nueva colaboración con Lugosi que retomaba el hilo argumental de Drácula; con Muñecos infernales (1936), reedición de algunos de los parámetros de El trío fantástico; o con la fabulosa Los pantanos de Zanzíbar (1928), en la que de nuevo con Chaney como colaborador se lanzaría a las cintas de terror exótico de ambiente selvático que tanto juego dieron al Hollywood de las primeras décadas del siglo XX.

Aunque posiblemente estas siete cintas sean las capitales y más conocidas de la carrera de Browning, hemos querido incluir en el ciclo una película que resumiera lo que fue su trabajo inicial en el cine. Entre 1915 y 1925 Browning forjó su carrera dirigiendo una cuarentena de melodramas con ribetes policiacos (muchos de ellos desaparecidos hoy en día), en la que su querencia por la sordidez y lo bizarro no eran más que apuntes vislumbrados a la espera de poder desarrollar una filmografía que se plegara con mayor holgura a sus intereses. De todas ellas, posiblemente la de mayor volumen cinematográfico y éxito popular fue The wicked darling (1919), que hemos querido incluir en el ciclo por su importancia cinematográfica, por ser la primera de las diez colaboraciones Browning / Chaney y por haber sido recientemente restaurada a partir de una copia encontrada en los almacenes de la Universal que permiten volver a ver una película dada por desaparecida durante décadas.

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BIBLIOGRAFÍA:

– Tod Browning. Festival Internacional de Cine de San Sebastián / Filmoteca Española, 1996.

– Serrano Cueto, José Manuel: Tod Browning. Cátedra, Madrid, 2011.